Opinión

  • | 1999/11/19 00:00

    Por unos dólares menos

    Es absurdo que el país siga posponiendo inversiones indispensables para la paz a menos que los pesos requeridos se emitan vía la compra de dólares por el Banrepública.

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Ya lo han dicho Cecilia López y Rudolf Hommes, y lo mencioné aquí mismo hace unos meses. ¿De verdad es necesario esperar a que Tirofijo las exija para comenzar a hacer las reformas y las inversiones necesarias para la paz?

Cecilia pide que se haga algo, desde ahora, para contener la explosión del desempleo y la miseria, sin esperar a la firma de un acuerdo de paz. Rudy ha sugerido efectuar una reforma agraria que nos saque del feudalismo, sin dejada para las negociaciones. Con ambos estoy de acuerdo, y hay muchas otras cosas que deberían hacerse. El Plan Colombia incluye cosas como el fomento de cultivos alternativos a la coca, la atención humanitaria a las víctimas del conflicto, la capacitación, etc.

¿Por qué, entonces, no se hace nada? Hay dos posibilidades. Una es que el gobierno no quiera tomar la iniciativa para no reducir la materia negociable. Aunque la menciono no creo que esa sea la explicación porque semejante actitud de abogado patronal sería demasiado torpe. Como estamos hablando de cosas que deben hacerse lo indicado es hacerlas cuanto antes, lo que le quitaría munición a la guerrilla.

Además, va a haber muchas cosas qué negociar, y donde las diferencias con la guerrilla pueden resultar irreconciliables: en materia penal, militar, política, de inversiones extranjeras, etc.

La otra posibilidad es el problema de financiamiento. El reciente fracaso de la pasada del sombrero por Estados Unidos fue patético. Como a cualquier aspirante fastidioso nos dijeron que lo sentían mucho pero que por ahora no podían hacer

nada. Que van a ver, dentro de unos meses. Y que, por favor, no llamen, nosotros llamaremos.

Lo curioso, y lo que me mueve a escribir esta nota, es que las inversiones de que hablamos tienen poco componente importado. No se requieren muchos dólares para la siembra de plátano o cacao o para la sustentación de sus precios, ni para financiales un rancho a los desplazados. En realidad, bien orientadas algunas de las inversiones apoyarían las exportaciones y podrían generar dólares.

Como el Plan Colombia está estancado y es casi clandestino, para ilustrar el error en que se está incurriendo voy a usar como ejemplo el programa de empleo, ese sí próximo a operar porque su financiamiento, también en dólares, vendrá de entidades multilaterales, dispuestas a soltar la plata tras muchos meses de negociaciones.

Más que un programa de empleo es uno de contención del desempleo, pues se trata de financiar obritas en setenta municipios, pagándoles a los jornaleros una fracción del salado mínimo por seis horas diarias de trabajo. Muy bien podría hacer parte del Plan Colombia porque, como diría el ex presidente Turbay, se propone reducir el hambre a sus justas proporciones y evitar que demasiados colombianos se enrolen en la guerrilla.

Con independencia de los méritos de las obras yo creo que un programa de ese tipo, que eleva el déficit fiscal, se justifica en la actualidad. Y prefiero decirlo con franqueza para no imitar la masturbación conceptual en que incurren el Gobierno y el FMI al establecer que ese gasto no se incluirá en los cálculos del déficit fiscal para el cual acordaron metas.

Lo interesante es que el programa carece de componente importado. Los costos directos son mano de obra no calificada. Los indirectos son las cosas en que los jornaleros gastarán su pitanza: un poco más de papa, yuca y etcéteras. Nada fantasioso. Nada importado.

Pero resulta que casi todo el programa se financiará con créditos del BID y del Banco Mundial. Y esos créditos sufrirán toda la "condicionalidad" que tendría un préstamo externo para una hidroeléctrica: los burócratas de las entidades multilaterales condicionarán hasta la marca de los calzoncillos de los alcaldes que participen en el plan.

¿Cuál es la razón para financiar con un crédito externo un programa que carece de componente importado, y tener que someterlo a exigencias innecesarias, demorando su iniciación o poniéndola en peligro, como en el Plan Colombia?

La respuesta usual es que los recaudos tributarios no alcanzan, que la colocación de bonos en el mercado interno presionaría las tasas de interés y que la emisión monetaria para gasto público debe descartarse.

Coincido en descartar las dos primeras vías porque el palo no está para cucharas y el gobierno ya está usando al máximo las posibilidades de los bonos internos. Pero no puedo aceptar que sea mejor para el país emitir pesos mediante la compra de dólares por el Banco de la República que emitir directamente

los pesos en un crédito al Gobierno Nacional.

La idea de que la compra de dólares no será inflacionaria por tratarse de una emisión "con respaldo" parte de una concepción errónea de las causas de la Inflación (el origen de la emisión, no su monto) y es francamente bobalicona en este caso porque el presunto "respaldo" de la emisión, los dólares

en la caja del BR, estará más que compensado por los mayores pasivos del país con el exterior.

Por supuesto, otra alternativa es que el gobierno se limite a vender

los dólares en el mesado, para hacerse a los pesos. En ese caso, el efecto sobre la liquidez y las tasas de interés no sería diferente a la venta de bonos de deuda pública, pero con el agravante de una presión bajista, artificial e inconveniente, sobre el precio del dólar.

Casi medio siglo después de escrita sigue siendo más válida que nunca la famosa proposición de Milton Friedman: es conveniente aspirar a un presupuesto balanceado en pleno empleo, pero esa meta no seda práctica en una guerra.

Y si en medio de una guerra hay que financiar un déficit fiscal la mejor forma de hacerlo es mediante un crédito directo del banco central al Gobierno.

Ahora ¿alguien duda de que Colombia está en guerra?
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