Opinión

  • | 2004/09/17 00:00

    ¿Por qué somos pobres?

    En Colombia, faltan empresarios. Personas que sueñen con tener un negocio propio en vez de vender su tiempo y ser empleados.

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A través de toda mi vida, no he hecho otra cosa distinta que comparar el desarrollo de Colombia con el de países más avanzados, como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Japón.

Siempre me he preguntado por qué esas grandes diferencias y encuentro que se deben en parte a nuestra juventud como país, pues solamente logramos nuestra independencia en 1819, es decir, tenemos menos de 200 años como organización social, cuando los países antes mencionados fueron organizados hace muchos años.

Pero al mismo tiempo debemos reconocer que tenemos un gran atraso tecnológico, porque no hacemos investigaciones científicas, lo cual se demuestra al comparar el número de patentes de invención que aquí se registran contra las que se registran en el resto del mundo.

La pobreza o riqueza de un país se mide al dividir el producto interno bruto (PIB) por el número de habitantes. En nuestro caso, esta cifra es menos de US$2.000 por habitante al año, cuando los países semidesarrollados tienen ingresos cuatro o cinco veces superiores, para no hablar de los desarrollados como Suiza, donde el ingreso anual por habitante es superior a US$40.000.

Es decir, aquí está todo por hacer.

Una salida al exterior nos muestra en forma inmediata y dramática lo que nos falta por hacer para poder compararnos con esos países.

Las empresas que yo he fundado corresponden a experiencias adquiridas por lecturas y a observaciones logradas en mis constantes y repetidos viajes al exterior.

Cuando durante una visita a las fábricas de Container Corporation en Chicago, conocí las cajas de cartón corrugadas, que en Estados Unidos se usan para empacar cigarrillos, chocolates, galletas, etc., y las comparé con los guacales y cajas de madera que aquí se utilizaban, propuse y fundé Cartón de Colombia.

Cuando conocí los supermercados estadounidenses y los comparé con las tiendas colombianas, me di cuenta de que en Colombia nos faltaba ese negocio y fundé Mercados la Candelaria, que fue innovador en su época.

Cuando conocí los avisos plásticos que se utilizaban en los países desarrollados y los comparé con los costosos y complicados avisos de neón, que aquí se vendían, fundé Manufacturas Plásticas y poco a poco los avisos de neón desaparecieron.

Cuando supe que las velaciones, en esos países, se efectuaban en salas de velación y no en la casa del muerto, fundé Velaciones La Piedad, que acabó con las velaciones en casas privadas.

Pero este proceso no ha terminado. En Colombia hay mil cosas por hacer. Lo importante es que cada nueva iniciativa constituya un progreso y en cualquier sentido mejore lo existente.

Para marearse con las posibilidades, solo se necesita mirar la lista de los productos importados y preguntarse si alguno de ellos podría producirse aquí más económicamente.

Otras ideas podrían salir de la comparación de nuestra economía contra la de países más adelantados y tratar de establecer aquí los negocios exitosos que ellos tienen.

Por ejemplo, los hindúes compran en Europa las piezas para relojes y los arman en ese país, porque el ensamblaje se realiza a mano y es el factor más costoso en la producción de relojes. ¿No podríamos hacer nosotros lo mismo?

En Colombia lo único que falta son empresarios. Personas que sueñen con tener un negocio propio en lugar de vender su tiempo y convertirse en empleados.

Para iniciar un negocio no se necesita mucho dinero. Ya hay muchas entidades privadas y públicas que hacen préstamos en condiciones favorables, para iniciar negocios.

Dependemos por tanto de la ambición y audacia de los miles de jóvenes que cada año terminan estudios.

El futuro de Colombia y de ellos mismos está en sus manos.



* Fundador de más de 35 empresas.
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