Opinión

  • | 2010/06/11 12:00

    ¿Por qué reconstruir El Salado?

    Todos los sectores de la sociedad se unen alrededor de un proyecto piloto de reconstrucción y reparación.

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Este año 2010 se cumplieron diez años de la masacre de El Salado, uno de los varios episodios oscuros de la historia de Colombia. El Salado es un pequeño corregimiento del municipio de El Carmen de Bolívar, en pleno centro de los Montes de María, en donde entre el 16 y 21 de febrero del año 2000, grupos de paramilitares asesinaron salvajemente a 60 personas, entre los cuales hubo menores de edad, mujeres y ancianos.

Los medios de comunicación registraron a fines del año pasado una gran campaña en la cual miles, cientos de miles de personas expresamos nuestro compromiso o al menos nuestra simpatía con la causa de reconstruir el pueblito de El Salado. Este es un proyecto que se ha puesto en marcha y, si las cosas salen bien, debe arrojar resultados tangibles antes de finalizar este año.

Sin embargo, este proyecto es mucho más que un proceso de reconstrucción de un pueblo. Es, en primera instancia, un proceso de reconocimiento, un proceso de aceptación del tipo de situaciones que ha vivido nuestro país, de los riesgos a los que está expuesta la población, de los resultados de una guerra donde prácticamente todas las facciones de la sociedad tomaron parte, activa o pasivamente.

También es un proceso de reparación, hacia una población altamente vulnerable hace diez años, y vulnerable ahora. Es tratar de reconstruir una comunidad que sufrió un devastador golpe físico y espiritual, que la desintegró y que debería tratar de reconstruirse, de rearmarse y de reencontrarse.

Pero, sobre todo, este proyecto es un gran símbolo. Es la unión de los diferentes sectores de la sociedad para tratar de reparar un daño inmenso, para tratar de decirnos a nosotros mismos, "esto no puede volver a pasar", para decirnos además que todos somos un poco culpables de lo sucedido y debería ser responsabilidad de todos repararlo y salir adelante.

Un elemento novedoso de este proyecto es la participación de la ciudadanía. La campaña de las manillas es una campaña distinta. No se invitó a la ciudadanía a comprar las manillas y aportar directamente al proyecto. Se la invitó a entender todo lo que El Salado significa y a hacer una declaración al respecto. Una declaración de rechazo, de solidaridad, de responsabilidad, de compromiso.

Es un símbolo también de reconciliación. De la reconciliación que todavía no se ha dado en Colombia, del proceso por el que inexorablemente deberemos transitar el día que nuestra sociedad decida dar las luchas que dan todos los pueblos a través de procesos democráticos, de la construcción de instituciones que permitan debatir, disentir, discutir, a través de procesos de oposición o reclamos a los otros con mecanismos civilizados, y que estos reclamos sean respetuosamente entendidos, en lugar de exigir con las armas y la violencia que nuestros intereses sean atendidos.

En este proyecto se encuentran involucrados y comprometidos con decisión y esperanza, la comunidad de El Salado, las entidades del sector social que la han acompañado históricamente, otras entidades sociales como Fundación Semana, o la Organización Internacional para las Migraciones, entidades del sector privado y entidades del sector público.

La participación del sector privado, junto con el Estado y las entidades sociales, es uno de los primeros procesos de colaboración transversal de todos los sectores en labores de reconciliación y reparación. Así, entonces, sociedad civil, Estado, organizaciones sociales, comunidad, sector privado, todos estamos terminando de entender lo que allí sucedió, todos tratando de reparar lo irreparable, todos con la esperanza de estar imponiendo un "nunca más sucederá".

Este proyecto también es el piloto para un proceso general, en el cual la sociedad, como un todo, pueda enfrentar el pasado y asumir la construcción de un nuevo futuro.

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