¿Por qué Bolivia no crece más?

| 8/4/2000 12:00:00 AM

¿Por qué Bolivia no crece más?

La ortodoxia macroeconómica no asegura un buen crecimiento, pero es indispensable para atender otros problemas más profundos.

por Eduardo Lora

Bolivia ha aplicado al pie de la letra todas las recomendaciones del Consenso de Washington: ha reducido la inflación al 3% anual, mantiene un déficit fiscal modesto y ha logrado conformar un sector financiero profundo que, en relación con el tamaño de su economía, es más del doble del mexicano, el argentino o el colombiano. También ha sido un caso de cartilla en materia de reformas estructurales: la economía está totalmente abierta, la estructura tributaria es plana y con pocas exenciones, y el monto de privatizaciones en relación con el PIB es uno de los mayores de América Latina. Como si todo esto fuera poco, adoptó de un solo golpe un sistema de pensiones de capitalización individual y está pagando con ingresos fiscales las deudas del sistema pensional viejo.

Pero su crecimiento promedio solo llega al 4%, con lo cual le tomaría medio siglo duplicar su precario ingreso per cápita, que hoy no alcanza siquiera los US$1.000. Unas pocas voces nostálgicas creen que esto es prueba del fracaso del modelo que ha imperado en los últimos 15 años. No los líderes empresariales. Tampoco el gobierno del presidente Hugo Banzer o los jefes de su equipo económico, algunos de los cuales iniciaron con él este proceso en una administración anterior. Sin embargo, todos reconocen que hay demasiada insatisfacción y que la ortodoxia macro no ha bastado.



Las claves del bajo crecimiento boliviano se encuentran en tres circunstancias propias que han sido en gran medida ignoradas. La primera es su demografía: es un país mayoritariamente joven, que por consiguiente tiene altas tasas de dependencia, baja participación femenina y poca capacidad de ahorro. La segunda es su geografía: carece de acceso al mar y está segmentada en tres regiones claramente distintas, con necesidades diversas que un gobierno centralizado no está en capacidad de atender. La tercera son sus instituciones: el imperio de la ley es deficiente y los empresarios están hastiados de la corrupción.



Bolivia no está condenada al bajo crecimiento, pero sus buenas políticas macro no son suficientes. Para aprovechar sus condiciones demográficas debe crear canales de incorporación de la mujer al mercado laboral y prepararse para asimilar productivamente grandes cohortes de jóvenes durante varias décadas. Para vencer su geografía debe concentrar sus inversiones viales en conectarse con el exterior, y debe establecer un sistema eficiente y efectivo de descentralización. Para resolver sus problemas institucionales requiere un sistema político más participativo, partidos políticos más arraigados y transparentes y un sistema legislativo más fluido y más estable que reduzca las oportunidades de bloqueo político de los partidos opositores.



Esta lista aplicaría igualmente bien a Colombia. Pero mientras que en Bolivia se está buscando construir con mentalidad de largo plazo sobre las bases de un sólido modelo económico, en Colombia la insatisfacción está llevando a cuestionar la confianza sobre los fundamentos económicos y está impidiendo adoptar políticas estables, no solo en lo económico, sino también en materia social e institucional.



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