Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    Política y empresarios en 2013

    El país cambió y los empresarios apenas están adaptándose a las consecuencias. Sus responsabilidades serán mayores y radicalmente diferentes a las del pasado.

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El modelo económico cambió. El modelo político se ha ido adaptando a las nuevas realidades. Sin embargo, el empresariado colombiano apenas está empezando a ubicarse en ese nuevo contexto. El gradualismo que ha caracterizado la historia de Colombia explica esta actitud. Aquí nadie da saltos. Hay un proceso lento y, a veces, imperceptible de acomodación y transformación. Eso es cierto hasta en el caso de las guerrillas. Pero incluso dentro de nuestro estilo gradual, para el año 2013 serán visibles los efectos de poderosas tendencias que hoy ya están presentes y cambiarán radicalmente nuestra forma de hacer empresa y país.



Los empresarios

Una nueva y permanente formación académica. Una manera fácil de mirar lo que va a ocurrir es examinar los contenidos académicos de la facultad de Administración más reconocida, la de la Universidad de los Andes, y que ahora cuenta con la acreditación EQUIS, que en América Latina solo tienen Egade en México y Getulio Vargas en Brasil.

Lo primero que se observa es una actividad descomunal que ofrece todo tipo de opciones de formación académica a presidentes de empresa, gerentes, subgerentes y profesionales en trance de ascenso. Es un fenómeno nuevo. El modelo económico anterior, el del Proteccionismo -dicen en algún estudio Manuel Rodríguez, ex decano de la Facultad, y Carlos Dávila, consagrado profesor de la misma-, hacía prácticamente innecesaria la enseñanza que hoy se está impartiendo. Los mejores ejecutivos eran aquellos que tenían acceso al gobierno y lograban concesiones en materia de licencias de importación, aranceles, subsidios, divisas privilegiadas, etc. El trabajo era otro.

Ahora hay que saber administrar, hay que tener buenas relaciones laborales, hay que tomar en cuenta al cliente, hay que tener la cabeza puesta en el contexto internacional y, aunque no lo crean, hay que preocuparse por la gobernabilidad en Colombia y en los países vecinos. El empresario tiene que entender e influir la política exterior, pues esta ya no se trata de condecoraciones y declaraciones antisonantes, sino de la promoción y defensa de una marca-país, de los mercados, de atracción de inversiones y de protección de las nuestras en el exterior.

Las ventajas del exilio. Paradójicamente, "el exilio forzado y no siempre dorado" que han tenido que sufrir muchos empresarios y sus familias ha dado una oportunidad de inmersión en la globalización a personas que habían sido más o menos recalcitrantes a este fenómeno inescapable. Así ocurrió en Chile. No se valora suficientemente la dimensión positiva que tuvo la diáspora chilena. Al final, los pinochetistas y los exiliados coincidieron en un nuevo modelo económico y político y en la modernización e internacionalización de Chile. Increíble, pero cierto. Los empresarios colombianos se están mirando en ese espejo.

Ciudadanía empresarial. Los empresarios tienen que ser ciudadanos ejemplares en todos estos contextos. Un ejemplo viene como anillo al dedo. Recientemente, un alto ejecutivo de Carrefour vino a explorar la posibilidad de comprar flores colombianas para vender en los supermercados de esa cadena. Un negocio de más de US$100 millones para comenzar. ¿Qué vino a verificar este ejecutivo? El comportamiento de los empresarios de las flores como ejemplares ciudadanos, por lo menos en dos aspectos: el buen trato a sus empleados y el buen trato al ambiente.

Dentro de diez años, como resultado de una evolución gradual, la mayoría de nuestros empresarios se habrá internacionalizado y será sensible a las mejores prácticas administrativas y de mercadeo en un ambiente muy exigente en materia ética, de respeto al ambiente y de alta responsabilidad social. Nuestros empresarios habrán entendido que ellos también tienen que rendir cuentas ante sus accionistas, ante la comunidad que los acoge, ante sus proveedores y compradores y ante la comunidad en general.

Una organización empresarial diferente. Como corolario inevitable, las asociaciones gremiales habrán sufrido una transformación radical para responder a este nuevo paradigma del empresario colombiano. El empresariado será un actor constructivo y generoso en los asuntos que se relacionan con el buen estado de la economía, de la política y de la sociedad. El ejemplo tiene que comenzar por la propia casa y la comunidad inmediata.



La gobernabilidad

Amenazas. Entre las amenazas están en primer lugar el terrorismo, que se expresa por medio del crimen internacional organizado, el negocio de las drogas ilícitas, las violaciones de los derechos humanos, las guerrillas, el paramilitarismo y su corolario inescapable, la crisis humanitaria. A esto se añaden la inseguridad urbana, las diferentes formas de violencia y el cáncer creciente de la corrupción que es, cada día más, otra expresión del crimen organizado. Todo esto sin olvidar que tenemos una formidable deuda social que hay que pagar y bien pronto.

Las respuestas. La tarea es descomunal. Requiere una visión compartida, un esfuerzo sistemático y una acción que no sufra desmayo. ¡Mucho más que el ritmo paisa! Las respuestas están en proceso. Algunas ya llevan más de dos décadas y los problemas que buscan superar no se alivian sino que se empeoran. Hay que hacer una reflexión seria, crítica y sin complacencias.

Entre las respuestas hasta ahora cuasifrustradas está el Proceso de Paz, exitoso en cinco casos durante las administraciones Barco y Gaviria, pero que tiene todavía pendiente la superación del conflicto armado con grupos (FARC, ELN, AUC) que hoy son varias veces más grandes y fuertes que cuando se realizaron los acuerdos de paz con el M19, el PRT, el EPL, la CRS y el Quintín Lame, y algunas milicias. ¡Cuánto daríamos por tener hoy las guerrillas de la época de Belisario Betancur, cuando no tenían los recursos que hoy exhiben y el Secretariado condenaba el secuestro y el negocio de las drogas...!

El marco para la prosperidad. No hay paz sostenible, si no se fortalece de verdad el aparato institucional que tiene que ver con asegurar el fin primordial del Estado, la protección de todos los ciudadanos. Me refiero a la administración de justicia, a la Policía Nacional y, claro está, a las Fuerzas Militares. Estoy hablando de la sostenibilidad de la paz y no de cómo llegar a ella. El tema de la negociación (que debe preocupar a los empresarios y en el cual deberían comprometer recursos significativos intelectuales y financieros) va a tomar más tiempo del que anhelaríamos. Pero no sería descabellado esperar que la paz se recobre en un período comprendido en los próximos diez años.

La droga. La erradicación de los cultivos ilícitos, la eliminación del tráfico y de los carteles, la plena vigencia de los derechos humanos, la seguridad ciudadana tanto en el sector urbano como en el rural, una justicia oportuna y eficaz y una vida gubernamental y empresarial transparentes, que no estén cargadas de corrupción, son condiciones sine qua non para la gobernabilidad democrática.

Y esta es el marco indispensable para que la economía colombiana prospere y para que el empresariado realice sus objetivos, para que el bienestar llegue a todos los sectores y la deuda social se pague.

Responsabilidad corporativa e individual del empresariado. El empresariado no se puede dar el lujo de limitar su acción al oficio de producir, vender y obtener utilidades. Tiene una responsabilidad corporativa e individual que desborda lo que ha sido su comportamiento tradicional. Dejarle esa tarea exclusivamente al gobierno equivale a asegurar que los objetivos no se van a lograr. La recuperación de Colombia es una tarea de todos, pero hay sectores que tienen más posibilidades y responsabilidades que otros. En mi opinión, el empresariado tiene la mayor responsabilidad. No es la primera vez que lo digo así. No será la última. Y tengo claridad de que no se acepta. Por ello hay que insistir hasta el cansancio en esta tesis.

Inclusión, exclusión, reelección. Fortalecer la gobernabilidad democrática es prerrequisito de cualquier desarrollo económico y social. Ambos deben girar en torno del problema Inclusión-Exclusión para asegurar que todos estamos incluidos en la vida política económica y social y que los patrones de exclusión han sido superados.

Creo que la reelección (inmediata o no inmediata) ayuda en este dificilísimo proceso. ¿Uribe-Uribe? ¿Peñalosa-Peñalosa? O ¿Uribe-Peñalosa? This is the question. Casi equivalente al interrogante shakespeariano. Y ojalá, pronto, una alternativa como la que representan Garzón o Navarro o Angelino encuentre su camino en una democracia fortalecida. Los gobiernos municipales y departamentales son el camino.

Reconozco que en esta anticipación del futuro estoy, al mismo tiempo, expresando mis deseos de lo que creo debe ocurrir. Ojalá así sea.
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