Juan Manuel López Caballero

| 5/16/2003 12:00:00 AM

¡Pobre Colombia!

¿Por qué no reconocer que existiendo conflicto armado se deben aplicar los mecanismos humanitarios creados para disminuir sus efectos?

por Juan Manuel López Caballero

Hasta qué punto hemos avanzado en la barbarie lo ilustran las violaciones a todo principio humanitario en el caso del Gobernador de Antioquia y de su Comisionado de Paz. La muerte de los 8 militares no es menos importante, pero la gravedad del caso de los funcionarios de la Gobernación de Antioquia amerita comentarios aparte.

Haberlos invitado en medio de una marcha por la paz a dialogar para retenerlos como rehenes es un acto que ni en las guerras más primitivas o salvajes se ha dado. El ex presidente Turbay mencionó que, a su juicio, basta la palabra de honor de las partes para que se pueda dar una reunión en la cual se inicie un diálogo por el acuerdo humanitario? y así debería ser porque así ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad. Pero las FARC establecieron un nuevo récord de vergüenza y de perfidia cuando en contra de las leyes de la guerra, de las leyes del derecho humanitario, del honor de aquellos combatientes que luchan por convicción y, en últimas, del honor de todos los colombianos, llamaron a estas personas a hablar de paz para tenderles una celada.

Violación igual de miserable es el asesinato de prisioneros y la misma calificación merece tal acto, en el cual también fueron involucrados los militares retenidos.

Pero tampoco es admisible la actuación del gobierno. No es cierto que hubo una operación de rescate pues no se trató de una acción relámpago en que la liberación de los retenidos por la guerrilla dependiera de la capacidad de la Fuerza Pública. Lo que hubo fue una apuesta en la que lo que estaba en juego era la vida de ellos: las posibilidades eran la rendición o por lo menos la renuncia de la guerrilla a la retención de sus prisioneros o el asesinato de los funcionarios, y estas estaban exclusivamente en manos de los insurrectos. Al respecto no puede hablarse de error o llamarse a engaño.

Infortunadamente, parece que el propósito del gobierno no era cumplir el deber humanitario (y constitucional) de privilegiar la vida de seres humanos sobre las opciones de la política, sino por el contrario demostrar en forma categórica que no tiene disposición alguna de renunciar a una política de guerra total a cualquier costo, y reafirmar su actitud de oídos sordos a todo posible acuerdo humanitario. Se puede decir que el objetivo fue que tanto los subversivos como quienes estamos del lado de las instituciones nos diéramos por notificados de que el gobierno acepta acuerdos políticos que correspondan a sus esquemas de 'seguridad democrática' (negociación fuera del país, exilio de los subversivos liberados, etc.) pero no aquellos que tengan solo la finalidad humanitaria de aliviar los males de la guerra.

Se desatendió la prioridad de preservar la vida de las víctimas y la obligación de intentar acuerdos que permitieran su liberación para probar que se tiene tanta decisión como la guerrilla de ser intransigente y que se es capaz no solo de enfrentar su fuerza y su violencia con una mayor, sino de desconocer como ella los preceptos humanitarios? que pasamos de la mano firme y el corazón grande al puño cerrado y el corazón duro.

Y que ya bajo condiciones de 'guerra total', la cabeza y la razón no tienen ninguna función. No vamos a estudiar por qué todos los indicadores se han disparado a medida que se implementan determinadas políticas; no vamos a analizar las causas por las cuales pareciera que la maldad se ha convertido en epidemia en Colombia, aumentando de 12.000 guerrilleros en 1996 a 40.000 en 2002, o los paramilitares de 2.500 a 16.000 o la delincuencia común y las siembras ilegales hayan tenido crecimiento parecido, sino nos limitaremos a atacar sus manifestaciones, a aumentar el pie de fuerza militar de 120.000 a 257.000, a contratar soldados profesionales que se lancen al campo de batalla a matar o morir, a aumentar las fumigaciones y la toxicidad de los venenos? Todo menos reconsiderar el continuismo de las políticas, de los modelos, de los dirigentes y de los gobernantes.

Repetir que el anterior gobierno ha sido el más catastrófico de la historia sería llover sobre mojado, aunque es difícil no constatar que el deterioro de los indicadores sociales (aumento de la desigualdad, de la pobreza, del desempleo) fue paralelo y comparable al incremento de los índices de violencia, delincuencia y deterioro del orden público. Pero aún más grave fue haber acabado -desprestigiado- la opción de salida pacífica del conflicto. Bajo el eslogan de 'paz', se movilizó la nación como hoy se moviliza bajo el de 'guerra'. Pero la falta de reflexión y análisis al ser reemplazados por la motivación alrededor de emociones lleva a movimientos de opinión que no presentan racionalmente posibilidad de solución a los problemas.

No se trata de calificar a los mandatarios, sino de evaluar sus políticas. La incapacidad de corregir un error puede ser más dañina que una mala intención. ¿Por qué no reconocer que existiendo conflicto armado se deben aplicar los mecanismos humanitarios creados para disminuir sus efectos? ¿Por qué obsesionarnos con acabar las manifestaciones de barbarie solo por la vía de la fuerza y no intentar soluciones al problema buscando las causas de la guerra?
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