Opinión

  • | 2007/04/27 00:00

    Planificación patrimonial y relaciones familiares

    El patriarca deseaba que todos sus hijos se beneficiaran de su éxito económico, sin el conflicto actual. Pero, ¿podría en verdad haberse evitado? ¿Y cómo?. Parte II

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En el artículo anterior (edición 267) decíamos que la familia Pérez nunca habló de la planificación patrimonial, ni sobre cómo pasó el negocio a la esposa y a los cuatro hijos, todos los cuales terminaron en una batalla legal. A los cuatro años del deceso del patriarca, las dos hermanas y la madre, que nunca habían trabajado en el negocio, insistían en hacer ciertos cambios en la empresa, lo cual exasperó a los dos hermanos, que habían dirigido el negocio durante años.

El patriarca deseaba que todos sus hijos se beneficiaran de su éxito económico, pero sin el conflicto actual. Me pregunto, ¿Podría en verdad haberse evitado? ¿Y, de ser así, cómo?

Ya lo hemos visto antes: pocos gustan de hablar de su inminente deceso y muchos, independientemente del tamaño de sus activos, rehúsan hacer planes. Hay muchas razones para ello: la difícil tarea de enfrentar la propia muerte, saber cuáles son los verdaderos deseos, crear los mecanismos para realizarlos, determinar el mejor momento para pasar un gran patrimonio a la siguiente generación e, incluso, cómo abordar el tema con los seres amados. Al igual que en la familia Pérez, lo más común es que jamás se toque el tema.

El planificador patrimonial es experto en los terrenos legal y financiero. Su principal área puede ser la de pagar los menores impuestos posibles, tratando de preservar y (ojalá) incrementar la riqueza familiar. Empero, no está entrenado en la personalidad humana ni en la dinámica familiar. Muchos rehuyen el tema de las consecuencias de sus decisiones en los miembros de la familia, o en la familia en general. Y con razón, pues estas discusiones pueden convertirse en graves refriegas familiares. A menudo el patriarca no menciona sus planes ni siquiera a su esposa.

La verdad es que se puede escoger entre tres formas de diálogo: la primera y más común, es no decir nada. Al morir el patriarca, la familia se reúne a leer el testamento. La segunda es informar a la familia antes del deceso. En este caso, se puede hablar en privado o en una reunión familiar con todos sus miembros, para hacer claridad sobre los planes. La tercera es convocar una reunión familiar en la que se hable abiertamente sobre la sucesión, y donde todos puedan expresar sus esperanzas, sentimientos y deseos. El patriarca, lógicamente, es quien toma la decisión, pero escucha los deseos de su esposa e hijos.

Un ejercicio interesante consiste en imaginar cada caso con una familia en particular, pensando cómo serán las cosas tres años después del deceso del patriarca. Si imaginamos que no hay diálogo ¿qué puede predecirse del comportamiento, la autoestima y las actitudes de cada persona? ¿Cómo se prevén las relaciones de la familia? Si hay un negocio, ¿cómo se verá afectado con cada opción? Con respecto a la falta de discusión abierta, algunos expertos en el diálogo con el patriarca, lo ponen de esta manera: "La familia va a hablar sobre su testamento y la herencia de cada uno. La pregunta es: '¿desea usted estar presente".

¿Qué deben hacer los planificadores patrimoniales? Ayudar al patriarca y a la familia a ver las consecuencias de las diferentes alternativas, tanto en cada persona, como en la familia. En particular, deben ayudar al patriarca a examinar cada alternativa y su repercusión en la familia, así como aclarar la diferencia entre un consejo tributario, y otro que va en pro de una mejor familia. Deben educar a sus clientes sobre cómo hablar con la familia sobre los valores, y en qué medida está el plan patrimonial en consonancia con ellos, y alentar y facilitar el diálogo familiar.

Muchos planificadores patrimoniales, justificadamente, ven con recelo las reuniones familiares. Si la dinámica familiar es truculenta o explosiva, aliente a su cliente a buscar a alguien experto en facilitar reuniones familiares, en las que debe esperarse hablar no sólo de planificación patrimonial, sino también (y aún más importante) sobre los valores del patriarca, los objetivos y aspiraciones de cada miembro de la familia, y sobre cómo la riqueza financiera y otras formas de riqueza pueden prestar el mejor servicio posible a los valores familiares.

Marc@sii-inc.net
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