Opinión

  • | 2006/11/24 00:00

    Planificación patrimonial y las relaciones familiares

    El valor de las reuniones familiares al pensar en la forma de entregar un negocio a las generaciones siguientes.

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En una reciente reunión de la franquicia Juan Pérez Mall Pizza, sucedió algo asombroso: los dos hijos que habían manejado con éxito el negocio durante años, de repente se encontraron buscando trabajo. La madre y dos hermanas habían votado por cortar abruptamente sus actividades, y estaban contratando un nuevo equipo gerencial. La familia, que nunca había sido precisamente unida, estaba ahora al borde del desastre, a pocos años del deceso del patriarca. Al salir de la reunión, uno de los hermanos le murmuró al otro: "creo que es hora de llamar a nuestro abogado".

El dinero y la herencia son algunos de los temas más difíciles para las familias. En la literatura sobre adicciones y otras disfunciones familiares, los terapeutas de familia a menudo llaman a este fenómeno "el elefante en la sala", expresión metafórica que se usa para describir la situación en la que una familia se sienta alrededor de la sala, mientras en el centro hay un enorme elefante del que nadie hace mención. Lo mismo ocurre con el dinero y la herencia.

Este caso es el de la familia Pérez: el padre era un buen hombre que trabajó muy duro toda su vida para levantar su restaurante, y llegó a tener 10 restaurantes en Colombia. Él y su esposa tuvieron cuatro hijos: dos varones que han trabajado en el negocio durante más de 20 años; la tercera, María, una arquitecta casada con un cirujano estadounidense, vive en Baltimore. Y por último, Sandra, quien nunca se casó, le es difícil conservar su puesto, y vive sola en un pequeño apartamento en Bucaramanga. María, Sandra y su mamá han sido muy íntimas. De igual manera, los dos varones forman un buen equipo.

Poca atención se ha prestado a la planificación patrimonial. Hace unos 20 años, ante la insistencia de su esposa, el padre consultó a un planificador patrimonial que le ayudó a redactar documentos para que todo estuviera en regla, recortando lícitamente la mayor cantidad posible de impuestos. Para el padre, la experiencia fue desagradable, y más bien se concentró en no pagar muchos honorarios legales.

Nunca habló de asuntos patrimoniales con su familia, en la creencia de que los celos y rivalidades de sus hijos tornarían improductiva toda conversación. Su planificador patrimonial tenía una creencia similar y, aunque no dijo nada abiertamente a su cliente, sugirió al patriarca que sencillamente firmara su testamento y documentos patrimoniales y que, a su muerte, el patrimonio se distribuyera entre los miembros de la familia. En realidad, eso fue lo que sucedió. ¡Y qué desastre fue!

El padre había sido el elemento de cohesión familiar: era él quien resolvía los problemas generados por la rivalidad entre hermanos, y quien enviaba dinero a las hijas para ayudarlas con la manutención de sus propios hijos. No tuvo ninguna charla significativa con su esposa o hijos sobre sus deseos de conservar el negocio para la tercera generación, ni sobre forma alguna en que a los accionistas que fueran propietarios pasivos se les comprara la totalidad de su parte, si ese fuera el deseo de ellos. No se le ocurrió que estuviera dejando a sus hijos varones la enorme carga de tener que entenderse con sus hermanas y madre como dueñas de un negocio por el que nunca se interesaron.

La verdadera tragedia de este caso es que todo este problema podría haberse evitado. Esta familia se rehusó a hablar del elefante porque temía la aparición de más elefantes. Por tanto, los celos, el dolor y los resentimientos crecieron hasta ocasionar la destrucción total de la familia y del negocio. Si el planificador patrimonial hubiera insistido en efectuar reuniones familiares con presencia del patriarca, su esposa y sus hijos (y un competente consultor de empresas familiares), fácilmente se habrían encontrado soluciones racionales para preservar el negocio, la familia y la riqueza.

Obviamente, los planificadores patrimoniales ejercen un enorme influjo en la familia. Cuando un negocio está involucrado, las relaciones y los problemas financieros son aún más complejos. La clave es examinar las necesidades no solo del patriarca, sino también de su esposa, de cada hijo y del negocio. El planificador debe ser muy cuidadoso de iniciar estas conversaciones cuando el patriarca está aún vivo pues, aunque son sumamente delicadas, son parte de lo que puede preservar la familia y el negocio.



Marc@strategicinitiatives.net
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