Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    Perspectivas industriales en los próximos 10 años

    Con la firma de un tratado bilateral con Estados Unidos, estamos renunciando, entre otras cosas, al proceso de industrialización del país.

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La decisión del gobierno nacional de firmar un acuerdo bilateral con Estados Unidos, que fue respaldada en su momento por el pleno del Consejo Intergremial, es trascendental. Luego de que Colombia impulsó un proceso de industrialización por varias décadas hasta llegar a la del 90, cuando los vientos de apertura económica empezaban a soplar, el país pareció entrar en una etapa distinta para definir otro modelo de desarrollo.

Este nuevo modelo, soportado en la teoría del libre comercio, no es otro que el que muchos países del mundo y de la región desean adoptar. Muchas son, no obstante, las consecuencias de este giro, que de seguro trascenderán los próximos diez años. Para mencionar solo algunas de ellas, estamos renunciando, de hecho, a un proceso de industrialización, por cuanto la industria de bienes de capital y productos intermedios nacionales, difícilmente sobrevivirá a la competencia de una industria que cuenta con indudables ventajas en una economía de escala; en segundo lugar, renunciamos también a un proyecto de integración subregional, como el Pacto Andino, ante la evidente perforación de los aranceles externos; de otro lado, estamos profundizando nuestra dependencia de la economía estadounidense y por último, optamos por un modelo económico no muy sensible a la problemática social del país.

En los próximos diez años, tanto el sector privado como el gobierno deberán prepararse para afrontar el mayor reto que alguna vez tuviese el país: la industria deberá reconvertirse, dejando de lado aquellas actividades en las que no cuente con ventajas competitivas y habrá que favorecer aquellas que tengan un alto componente de mano de obra; las empresas deberán propender por estructuras livianas y eficientes, efectuar inversiones que privilegien la productividad y comportarse como si estuviesen en la más profunda de las crisis; no siendo claro el efecto de esta decisión para muchos pequeños y medianos empresarios, el gobierno debería acompañarlos en sus reconversiones.

Pero si para el sector privado este proceso es exigente, para el gobierno será un esfuerzo titánico, pues si hay un cuerpo que muestre el mayor de los atrasos, ese es precisamente el del Estado (ver tabla). A este le corresponderá garantizar el nivel de educación que aún nos falta. Deberá liderar la ampliación y modernización de nuestro sistema financiero. Deberá proveer reglas estables, asegurar el orden público y dar garantías a los inversionistas nacionales y extranjeros. También tendrá que simplificar los procesos burocráticos, y será el último responsable de una buena o mala negociación frente a Estados Unidos.

Los empresarios podremos modernizar nuestras empresas hasta la puerta de nuestras fábricas; pero de ahí en adelante, al gobierno le tocará propender por el éxito del modelo adoptado.

Solucionados nuestros problemas de seguridad interna, saldrán a flote los temas que en este momento están en un segundo nivel de importancia y que muy seguramente serán los relacionados con la situación social y el empleo; será entonces el momento de corregir el modelo y de volver a soportar nuestro desarrollo con prioridad en el mercado interno, pues no es fácil encontrar empresas exitosas en los mercados externos que no se apoyen en su mercado doméstico; ojalá que para ese entonces todavía nos quede una buena base industrial.



* El autor de esta columna es el presidente del Grupo Empresarial Bavaria. Pero las opiniones aquí expresadas son de carácter personal.
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