Opinión

  • | 1998/08/31 00:00

    Pensándolo mejor...

    En la actual coyuntura mundial la banda cambiaria se ha convertido en una amenaza para la economía, pero a cambio de nada. A considerar alternativas.

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Hace 15 días propuse desde aquí mismo que el Banco de la República aprovechara el remanso de tranquilidad cambiaria que se vivía en ese momento para elevar la banda del dólar antes de que cualquier perturbación internacional volviera a hacer trepar la cotización. Le tenía mucho temor a que, ante un nuevo salto del dólar, otra vez tuviéramos que escoger entre perder reservas internacionales, vendiéndolas demasiado baratas, o asfixiar la economía y tentar una crisis financiera con tasas de interés impagables para defender por otra vía la famosa banda.



Debemos acabar la banda y contentarnos con declaraciones que muestren que el Banco de la República está comprometido con un tipo de cambio real estable.





Mucho antes de lo que esperaba, las cosas dieron otra vuelta de 180 grados. Cuando envío este artículo a Dinero el dólar está de nuevo cerca del techo de la banda, porque los fondos extranjeros, nerviosos por la posibilidad de devaluaciones tras el cimbronazo de Rusia, decidieron liquidar sus inversiones en América Latina para pasarse a dólares. Subrayo, en América Latina. No es cosa de echarle la culpa a la Junta y ni siquiera a Samper.



Hasta el cierre de este artículo la Junta había actuado con admirable prudencia, tratando de evitar un nuevo disparo de las tasas de interés y sin precipitarse a "secar" el mercado monetario, como en junio. Pero todo tiene sus límites. En el mejor de los casos el último susto cambiario frenará la baja de la DTF, que iba muy bien y era indispensable para evitar una recesión severa.



No es imposible que cuando usted lea esto la temida crisis cambiaria mundial haya estallado, por fin. Para resumir, que tras una devaluación china o una macroquiebra japonesa, lo bastante grande para inducir una estampida de capitales, Brasil haya tirado la toalla, aceptando devaluar el real y llevándose por delante al peso argentino, al nuestro y a otro montón de monedas. En ese caso ya la banda cambiaria local será historia y no vale la pena que siga leyendo este artículo.



Pero no creo que eso pase. Lo más probable es que, una vez más, ocurra lo que viene pasando desde hace un año: el mercado internacional se calma un poco y, gracias a los elevados intereses, los capitales retornan a la región para financiar durante otros meses más sus grandes déficit corrientes. Hasta el nuevo susto.



Consecuencias



Lo malo de cada infarto cambiario no es que el dólar suba. Faltaba más, cuando en todos los foros industriales se repite que uno de los problemas más gordos que tenemos es la revaluación. Lo malo, lo terrible, es que para defender la banda las tasas de interés también tienden a subir, precisamente hoy cuando la producción va en picada y la mayoría de los deudores ya tienen las tasas al cuello.



Pero note: el mecanismo de subida de las tasas de interés está ligado a la defensa de la banda. Por ejemplo, si el Banco de la República vende a los inversionistas nerviosos US$200 millones, drenando casi $300.000 millones de la economía, y se sienta en esos pesos en lugar de devolverlos a la corriente monetaria, porque teme que si los devuelve los usen para comprar más dólares. O en forma preventiva, cuando opta por disparar la tasa de interés para hacer muy costoso que la gente se endeude en pesos para comprar dólares.



La inestabilidad ha sido la norma. Incluso limitándonos a mirar las cosas desde junio de 1998 tenemos que en una ocasión el dólar saltó más de 10% mensual. Hoy mismo lo que podríamos decir es que "la banda asegura que ese año el dólar no será inferior a $1.305, ni superior a $1.503... a menos que se cambie".



La pretensión es que da una mayor tranquilidad al mercado, si se cree en ella. Incluso si fuera rígida, su amplitud no da un mensaje de tranquilidad a ningún exportador. Los exportadores que se hubieran comprometido en junio de 1996 pensando en una devaluación se habrían quebrado sufriendo una pérdida monstruosa. Y lo mismo les habría ocurrido a los importadores que hubieran pensado en su pendiente.



Se acaba la estabilidad



Pero sería engañarnos a nosotros mismos pretender que se cree en la banda. No se trata de que yo no crea. Ciertamente, no doy un peso por la estabilidad de la banda en los próximos 6 meses. Pero lo importante es que el mercado no cree. Si creyera, hoy se estaría endeudando como loco pues el costo del crédito externo más la devaluación máxima dentro de la banda lo haría un regalo.



El costo es tener que subir las tasas tremendamente, si se nos pega al techo. Todo el mundo está contando los puntos y las décimas de punto del techo. Un mensaje que no aporta nada sano a la economía.



Debe eliminarse la banda. Los argumentos contra la eliminación de la banda son que crea inestabilidad y que disminuye la confianza.



El primer argumento es totalmente falso. La carencia de una banda no disminuye un ápice la capacidad del Banco de la República para orientar el mercado. Si cree que debe intervenir ­y creo que debería hacerlo mucho más intensamente­, puede hacerlo con banda o sin banda. Lo que disminuye la estabilidad es ese conteo regresivo y esa especulación sobre si se va a modificar la banda. Un tipo de cambio real estable, sin compromisos ni limitaciones inconvenientes.



Lo de la confianza tiene tanto de largo como de ancho. Ninguna decisión de capital de largo plazo se hará con base en la banda sino en los elementos fundamentales del mercado, considerando importantes descuentos de devaluaciones. Para lo que sé que sirve una banda, cuando estamos cerca del techo y se cree en ella, es para atraer capitales de corto plazo pues obviamente reduce la probabilidad de un aumento. La banda es el instrumento ideal para atraer capitales costosos y es usada, como el tipo de cambio fijo, por los países que han adquirido una tremenda dependencia de tales capitales.



Así pues, mi propuesta no es modificar la banda. Creo que una evaluación serena muestra que no ha estabilizado el dólar, que no influye de manera conveniente en las expectativas y que su defensa se ha vuelto terriblemente costosa. Creo que debemos acabar la banda y contentarnos con declaraciones ­y hechos­ que muestren que el Banco de la República está comprometido con un tipo de cambio real estable.
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