Opinión

  • | 2009/12/11 12:00

    Pensando con la cabeza o con las entrañas

    Somos nosotros quienes estamos aislados y vamos en contravía de la opinión internacional -y por eso no podemos ir a Manaos, ni a Unasur, ni a ningún encuentro regional-.

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Para las mayorías, lo que dicen los medios o lo que dicen las autoridades goza de una presunción de veracidad, porque lo reciben desprevenidamente, sin disponer de tiempo o interés para sopesar la información que se les trasmite; lo que por estas vías se divulga se da por cierto, ya que pocos se molestan en ponerlo en entredicho.

El aporte hecho por el Dr. Uribe al modelo que él y muchos colombianos han respaldado -antiético sobre todo, pero además antidemocrático en lo político, en lo social, y en lo económico- ha sido el de su habilidad para movilizar la opinión, entendiendo que hacer política en tiempos de los medios masivos de comunicación significa 1) apelar a las emociones, a las entrañas de los ciudadanos comunes, y 2) tratar de neutralizar -así sea transitoriamente- los análisis que al apelar a la cabeza y a la verdadera información podrían llevar a modificar las políticas que se adelantan.

Así, con el cargo contra Chávez de que es un peligro porque llama 'desagraciados' al presidente Uribe y a su Ministro (lo que no es de recibo en términos internacionales) y que habla de guerra cuando dice que para evitarla hay que prepararse para ella (refiriéndose siempre a los Estados Unidos), ha logrado vender la idea de que es un paranoico porque cree que Estados Unidos lo quiere derrocar sirviéndose del gobierno colombiano para ese propósito; que además está buscando una guerra con nosotros para distraer la atención sobre los problemas internos que él tiene; y que los países del subcontinente se portan mal al no unirse al gobierno colombiano en una sanción contra Venezuela.

Esta, sin embargo, es una retórica dirigida y orientada a despertar el patrioterismo en quienes al interior están sometidos a la manipulación de la información, pero contraria a la realidad y a la percepción exterior, la cual no está tan pendiente de las palabras de un mandatario sino de las acciones de un país. El historial nuestro es que nos aliamos y le seguimos los pasos en forma incondicional y además entusiasta a Bush, el dirigente más detestado del mundo (incluidos los Estados Unidos), que llegamos al absurdo de ser el único país de Suramérica que declaró la guerra a Irak, el que bombardeó a su vecino Ecuador, que montó la operación de secuestro en el otro país vecino con el caso Granda, y que ha reivindicado como correctas este tipo de actuaciones (además el único de la región que recibió a los golpistas de Honduras y hoy el único que da respaldo entusiasta a las elecciones que bajo ese gobierno de facto se dieron).

En cuanto a la relación con el presidente de Venezuela, solo Estados Unidos, España, El Salvador y Colombia (los mismos que declararon la guerra a Hussein) intentaron legitimar el golpe de estado contra Chávez, llegando el agregado militar americano a sentarse en el centro donde se dirigían las operaciones militares. Colombia, no contenta con reconocer la proclamación del Presidente golpista, le dio asilo político. Y, como si fuera poco, después de acudir a Chávez para luego ofenderlo y tratarlo como lo hace un capataz con un subalterno (en el caso de la liberación de retenidos por la guerrilla), intentar que declarara su gobierno como terrorista y en consecuencia como enemigo de la humanidad.

Ahora, en cuanto a las bases militares, se ha vendido la idea de que el 'acuerdo' sobre su 'uso' por los americanos es una iniciativa de nuestro mandatario para luchar mejor contra el terrorismo y el narcotráfico y así terminar la 'gran labor de la Seguridad Democrática'.

Lo primero es que la iniciativa no fue de Colombia ni fue para combatir nada interno; nació de la estrategia de la Fuerza Aérea Americana en documento que meses antes respecto a la base de Palanquero decía:

"El desarrollo de este CSL nos da una oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una sub-región crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y estabilidad están bajo amenaza constante de las insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, los gobiernos anti-estadounidenses, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales…"

"… ofrece una oportunidad para conducir operaciones de espectro completo por toda Suramérica, incluyendo el apoyo para las capacidades de combatir el narcotráfico".

"...mejorar la capacidad de Estados Unidos para responder rápidamente a una crisis y asegurar el acceso regional y la presencia estadounidense… Palanquero ayuda con la misión de movilidad porque garantiza el acceso a todo el continente de Suramérica con la excepción de Cabo de Hornos…".

"… presencia que también incrementará nuestra capacidad para conducir operaciones de Inteligencia, Espionaje y Reconocimiento (ISR), mejorará el alcance global, (…) y aumentará nuestras capacidades de realizar una guerra expedita".

Entre los citados antecedentes y la mención a 'gobiernos anti-estadounidenses' con la eventualidad de 'una guerra expedita', es probable que los países de Suramérica vean más esas bases y la posición de Colombia como las ve Chávez que como nos lo pintan aquí.

El gobierno Uribe se la jugó a que, una vez firmado el 'acuerdo', Chávez no podría sino patalear y que cada protesta que hiciera se podría asimilar a un acto de agresión.

Entre el cuento que sus voceros mismos se comieron de que cualquier diferencia con Venezuela la afecta más a ella que a Colombia, y la idea de que ante el hecho cumplido Chávez solo podría dejar constancias de su inconformidad, lo que se hizo fue invitar a lo que estamos viviendo; o sea, a que se rompan al máximo las relaciones entre los dos países.

Los puentes dinamitados, la suspensión del comercio, el cese del suministro de gasolina en la frontera, la expulsión de los ilegales que eran tolerados en el vecino país, etc. no son debidas a la mala naturaleza de Chávez sino a la política del gobierno colombiano y, concretamente, a la decisión de entregar nuestro territorio a las estrategias geopolíticas americanas al aceptar sus bases aquí (aun bajo el cuento de que son colombianas).

Somos nosotros quienes estamos aislados y vamos en contravía de la opinión internacional -y por eso no podemos ir a Manaos, ni a Unasur, ni a ningún encuentro regional-. Y tampoco es por 'consideración' a que Chávez estaba ausente en Estoril que Uribe no planteó el tema ante la comunidad ampliada iberoamericana.

Porque también el decir que se acude a denuncias ante las Cortes internacionales de Derechos Humanos solo busca efectos en la opinión nacional. Lo que es más claro es que nuestro Gobierno sabe que ningún caso se falla antes de varios años. Pero además sería poco probable que se resolviera, que toca acudir en nuestra defensa cuando somos el país que de lejísimos más denuncias tiene ante esos organismos, habiendo sido todas -absolutamente todas- falladas en contra de nuestro Estado (Mapiripán, Chengue, La U.P., etc.), y fundamentalmente por causa de la misma filosofía política que culminó en la 'refundación de la Patria'; o sea, en los dos Pactos de Ralito, donde en el primero se gestó la alianza política que subiría a Uribe al poder, y en el segundo prácticamente se amnistió todo lo que le antecedió.

Más peligroso que Chávez es la propaganda antichavista; y no solo porque nos acerca a la guerra, sino porque es el camino por el que se busca la reelección.

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