Opinión

  • | 1999/06/18 00:00

    Pedagogía productiva

    La productividad es lo único que garantiza el bienestar social tan anhelado.

COMPARTIR

Cada tres meses, la sociedad estadounidense conoce la variación simultánea de dos variables:



* cuánto ganan las personas asalariadas vinculadas con la producción material y el comercio;



* cómo evolucionan los precios unitarios.



Acaba de anunciarse que el ingreso por hora de trabajo creció en US$0,06; al mismo tiempo los costos unitarios se redujeron en un 1,0%. Se tiene así una ilustración tangible, comprensible para todos, de lo que es un avance en productividad.



No importa tanto que el aumento de productividad sea por inversión en capital, nuevas tecnologías, educación, métodos de trabajo, voluntad de eficiencia, disciplina. Lo clave es que se visualiza una evolución de los ingresos que no se ata a las ilusiones de una redistribución siempre aplazada. La sociedad toda ve así posible un crecimiento indefinido de los salarios, siempre y cuando el conjunto de la sociedad (incluidas sus instituciones investigativas y educativas) sea capaz de asegurar un crecimiento sostenible y permanente de la productividad.



La productividad es también asunto de buena comunicación, puntualidad y ritmos. De adecuada distribución de esfuerzos entre tareas de preparación, proyección, planeación y tareas de ejecución. Depende además de la división del trabajo: en algunos casos puede ser bueno dividir drásticamente el trabajo; en otros casos, resulta más productivo trabajar en equipo. Lo importante es que la opción pueda evaluarse desde objetivos de productividad compartidos.



Una apertura en la cual la sociedad, toda o casi toda, no ha hecho suya la lucha por la productividad, es una apertura ciega, a los totazos, donde cada cual simplemente se tropieza con los frutos de la productividad de otros (por ejemplo, un producto manufacturado en otro país mucho más barato que el manufacturado en Colombia), sin contar con las claves para desentrañar ese misterio.



Si todo el mundo comprendiera en qué consiste la productividad y viera la opción de invertir sus ahorros en la mejora de su productividad, otro sería el cantar económico de nuestra sociedad. Hasta el ahorro casero se podría orientar centralmente al ahorro de tiempo y esfuerzo. No porque sí, sino para dignificar la labor y la vida humana.



La productividad es condición para mejoras en muchos otros campos. Calcular los ingresos del trabajador por hora de trabajo, no por mes o por quincena o por jornal, implica ya una mirada distinta sobre el trabajo humano. Facilita su buen aprovechamiento para bien de todos.



¿Continuará nuestro desprecio señorial por los centavos y los segundos?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?