Opinión

  • | 1998/09/28 00:00

    Pastrana, el comunicador

    Las relaciones que existen entre un candidato y los medios cambian de manera dramática cuando llega a la Presidencia.

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Semana afirma que Pastrana tiene un lío de comunicaciones, lo cual resulta inexplicable. Y digo que es inexplicable porque Andrés Pastrana es un gran comunicador y cuenta con un equipo de expertos en el tema, entre quienes se cuentan Darío Vargas, Gustavo Pombo y los publicistas de Polar, Sokoloff y Mora.



Semejante lío ocurre siempre, pero usualmente los Presidentes no saben tanto del tema como el presidente Pastrana. Es inevitable que las relaciones que existen entre un candidato y los medios, cuando el candidato muestra toda la paciencia del mundo en un ambiente competitivo en el cual sus palabras no constituyen la verdad revelada, cambien de manera dramática cuando llega a la Presidencia.



A Clinton, por ejemplo, los medios lo molieron a palos al comienzo y lo único que cambió fue su propia expectativa. Al principio suponía que tenían que ayudarlo. No lo hicieron, sobre todo porque ésa no es su función. Sólo cuando Clinton entendió cuál es la función de los medios ­informar, fiscalizar, preguntar hasta el cansancio­ pudo aprender a soportar sus críticas y a trabajar con ellos para comunicar sus programas o puntos de vista. Y para lograrlo se vio obligado a recuperar la disciplina que ejercía en la campaña, cuando la estrategia política, el mensaje y las distintas tácticas que se debían emplear estaban todas alineadas hacia un objetivo común.



En Colombia pasa algo similar a lo que ocurre en Estados Unidos: la opinión de su capital a menudo es radicalmente distinta a la del resto del país y mucho más pesimista. Y los generadores de opinión están, sobre todo, en la capital y hacen eco del ambiente que se respira en ella.



Quizás por eso no se siente hoy en los medios capitalinos lo que sí se siente en la calle y es que, a pesar de las enormes dificultades, los colombianos del común, sobre todo en la provincia, quieren al Presidente, esperan que las cosas salgan bien para su Gobierno porque si eso sucede le va bien a todo el mundo, quieren saber qué va a pasar en los temas que afectan directamente su vida cotidiana y se aburren a muerte con la aridez del debate político en el que nombres como Mónica de Greiff, Alvaro Leyva Durán o Luis Fernando Jaramillo son tan frecuentes.



Creo que ése es el tipo de diálogo que los colombianos comunes y corrientes quisieran tener con el Presidente. Y quizás dé una idea de aquellas cosas sobre las cuales preferirían no oír una sola palabra porque, en su enorme sabiduría, esos temas los tienen sin cuidado.
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