Opinión

  • | 1999/07/16 00:00

    Pasó el susto... por ahora

    El alza de tasas de interés en Estados Unidos no enfrió para nada el auge en Wall Street.

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El esperado aumento de la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, que se hizo efectivo el 29 de junio, produjo un alivio en los mercados de acciones de América Latina. El ajuste fue mínimo -de 4,75 a 5%- y se reforzó con el anuncio de que no se tienen previstos nuevos aumentos.



Los susceptibles mercados de capitales latinoamericanos aparentemente esperaban ajustes mucho más sustanciales, pues no se habían acabado de hacer estos anuncios, cuando ya estaban aumentando los precios de las acciones. En un solo día, el índice de la bolsa de Sao Paulo se elevó 2,2% y en México y Santiago las acciones aumentaron 3,3%. Las presiones sobre los tipos de cambio también cedieron en varios países.



Pasó así el temor de un aumento abrupto de las tasas de interés en Estados Unidos, que se habría traducido en alzas varias veces mayores de los costos financieros en América Latina y en un nuevo golpe para el crecimiento de la región.



Sin embargo, es posible que se trate de un alivio temporal. Al fin y al cabo, todo el propósito de la medida era bajarle la temperatura a la bolsa de Nueva York con el objetivo de evitar el posible recalentamiento que puede empezar a mostrar la economía de Estados Unidos en cualquier momento, ya que ha venido creciendo a tasas superiores al 4,0%, que nadie considera sostenibles indefinidamente. Pero resulta que la bolsa no se enfrió en absoluto, antes por el contrario, tomó la medida como señal de que podía seguir su curso, como en el efecto lo hizo, con un aumento de los precios de las acciones de 4,7% en los cuatro días siguientes.



Para las economías latinoamericanas, este período de calma puede ser decisivo para remendar las velas en previsión de un nuevo temporal. Los nervios de los inversionistas están demasiado crispados en casi toda América Latina, con la posible excepción de México. Aun los países que tienen reservas internacionales en abundancia, que no tienen mayores problemas fiscales y que han logrado un buen crecimiento, como Chile y Perú, están pasando por un período de desaliento de la inversión real, que parece atribuirse a la percepción de que ha habido un aumento significativo en los niveles de riesgo e incertidumbre.



En este clima, la acción de política más importante debe consistir en proveer los mecanismos de seguro para cubrir los mayores riesgos percibidos, sean o no reales. Si los inversionistas temen que las divisas pueden escasear, el gobierno haría una gran inversión asegurando acceso a recursos contingentes de balanza de pagos, que los convenzan de que no habrá escasez. Si su temor es que podría surgir un déficit fiscal que se chuparía el escaso financiamiento disponible, el deber del gobierno no es hacer promesas, sino adquirir un compromiso inviolable de que eso no va a ocurrir. Si hay desconfianza en la solidez del sistema financiero, la obligación del gobierno es destapar pronto las fisuras y demostrar que sabe cómo repararlas oportunamente.



El tiempo es escaso. Quizás la Reserva Federal tenga la habilidad de lograr un aterrizaje suave y la economía mundial mantenga su estabilidad. Pero eso no está asegurado y éste es el momento de prevenir los riesgos.
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