Opinión

  • | 1995/07/01 00:00

    Paradojas de la economía

    Los gobiernos populistas toman medidas contrarias a las fuerzas del mercado que acaban por arruinar a los "beneficiados".

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Desde tiempos inmemoriales reza el refranero popular que el camino al infierno está adoquinado por buenas intenciones. Este sabio refrán es la base para comprender el desconcierto de gran parte de los gobernantes y de los burócratas, al darse cuenta del rotundo fracaso de las medidas económicas que adoptaron de buena fe e incomparable buena intención, porque en economía el camino a la pobreza está adoquinado con buenas intenciones. Con extraordinaria frecuencia encontramos medidas tomadas por los gobiernos ingenuos y populistas -con la mejor de las intenciones que a la postre resultan un rotundo fracaso. Entre estas medidas están las siguientes:

Hay que establecer vigilancia sobre los precios ya que los controles de precio acaban con la inflación.

La realidad es que los controles de precio sólo tienen beneficios

artificiales a corto plazo. En el transcurrir del tiempo los controles distorsionan el sistema tácito de comunicación que utiliza el consumidor, que son los precios libremente establecidos, para enviarle señales al productor de cuánto está dispuesto a pagar por sus bienes y servicios. El resultado final es la ineficiente asignación de la burocracia a mantener, controlar y perseguir a los infractores de los controles de precios.

Subsidiar la agricultura para mantener al campesino atado a la tierra.

La prosperidad de una nación en términos generales es inversamente proporcional al número de personas ocupado en el sector agrícola. A principios del presente siglo, la tercera parte de la población de Estados Unidos laboraba en los campos y con dificultad lograban alimentarse. Hoy en día, sólo un tres por ciento se dedica a las actividades agrícolas y logran alimentar a media humanidad. No es difícil imaginar la relativa pobreza de los americanos si hubieran forzado a ese porcentaje de la población a mantenerse atados a la tierra con la supuesta finalidad de mantener puestos de trabajo en el sector rural.

Hay que ser autosuficiente ya que la sustitución de importaciones conlleva a la riqueza.

Todo lo contrario ya que la autosuficiencia es el camino seguro a la pobreza. Desde Adam Smith y David Ricardo se ha establecido inequívocamente que la especialización cuando existen ventajas comparativas y competitivas es el único camino a la riqueza ¿No es obvio que aquel que trate de hacer sus propios zapatos y camisas y cultivar su propia comida estará condenado a una vida de extrema pobreza? A nivel macroeconómico, el símil es idéntico; no todas las industrias pueden crecer en forma simultánea ya que ni existe la mano de obra, ni el capital, ni los recursos materiales para hacerlo. El resultado de la autosuficiencia económica es el raquitismo y eventual anquilosamiento del sector productivo y seguro camino a la pobreza.

El proteccionismo defiende la mano de obra y a las empresas nacionales y debe aplicarse con libertad.

Se dice, y con sobrada razón, que el proteccionismo y el nacionalismo son aquellas políticas que en tiempos de paz las naciones se aplican a sí mismas, iguales a las que sus enemigos les imponen en tiempos de guerra. Desde los fenicios, el bloqueo económico era la forma de arruinar a los enemigos. Pensar que siguen existiendo personas en las altas esferas del gobierno que insisten en que el país se arruine a sí mismo, estableciendo talanqueras al libre comercio y a la inversión extranjera, nos deja perplejos. Por otra parte, los estatutos "antidumping" se han convertido en armas de doble filo que los proteccionistas aplican en forma desleal para defender sus industrias ineficientes de la competencia extranjera. El caso de los Estados Unidos con las flores colombianas no puede ser más diciente. Los colombianos queremos ahora utilizar ese mismo estatuto en contra de los venezolanos. Grave error. Si los venezolanos se quieren arruinar vendiéndonos a bajo costo, que lo hagan.

Hay que proteger a la industria nacional ya que los sectores protegidos nunca serán vencidos. A la inversa; los sectores protegidos son los primeros en ser vencidos. En el caso colombiano y en el inicio de la apertura, no hubo un sector que diera mayores alaridos que el automotor anunciando a viva voz su inminente desaparición. El hecho es que cinco años después de la apertura, el sector se ha triplicado en volumen y ventas y se encuentra más fuerte que nunca. Es casi una certeza que los sectores protegidos se hunden a mediano plazo por sus ineficiencias.

El país derrotará la pobreza con base en una Red Internacional de Solidaridad.

Dice el economista chileno Hernan Büchi: "La solución a los males endémicos de una sociedad no depende de terceros países, ni de la ayuda externa, ni mucho menos de la supuesta solidaridad internacional, depende sólo del esfuerzo que haga cada país por sí mismo para corregir sus desequilibrios y superar las adversidades". El pensar en algo diferente no pasa de ser una ficción. Solos los colombianos, con base en el trabajo, el ahorro y el esfuerzo podemos salir de la pobreza.

Existe un número importante de medidas que toman los gobiernos con las mejores intenciones para supuestamente defender los trabajadores, las industrias o ciertos sectores de la economía de los efectos de la libre competencia y de las leyes del mercado. Paradójicamente, todas ellas resultan contraproducentes. Charles Darwin en su estudio sobre el "Origen de las especies", decía que los supervivientes no serán ni los más fuertes, ni los más inteligentes, sino aquellos que se adaptan mejor al cambio.

Por lo tanto toda medida de control y protección que toma el Estado generalmente tiene el propósito de proteger al sector, a la industria y al trabajador del cambio y precisamente es aquello lo que en últimas lo condena a su eventual desaparición. Definitivamente el camino a la pobreza está adoquinado de buenas intenciones.
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