¿Para qué sirve la misión?

| 11/10/2000 12:00:00 AM

¿Para qué sirve la misión?

La misión puede ser un instrumento clave de orientación estratégica.

por Enrique Ogliastri

"A nosotros nos escribieron una misión hace un par de años; por ahí está colgada en la pared, pero todo eso tan bonito que dice es mentira: nosotros lo que queremos hacer es dinero", me dijo el presidente de una empresa el año pasado. ¿Para qué sirven esos afiches encabezados con "Nuestra misión" que ponen en el vestíbulo de las empresas, en los que dice que son buenas con todo el mundo y más virtuosas que la madre Teresa de Calcuta?



Durante esta década se popularizó la declaración de Visión y Misión de las empresas como punto de partida en los procesos de planeación estratégica, estimulada por el innegable éxito de algunas empresas que tenían ideas y valores muy claros respecto a su propósito esencial a largo plazo. El concepto de misión sobrepasó el ámbito empresarial y se volvió también indispensable en los procesos de evaluación institucional de entidades estatales, cooperativas, organizaciones no gubernamentales, asociaciones voluntarias, escuelas y universidades. Es apenas lógico que para evaluar a una institución nos preguntemos en primer lugar qué pretende hacer en el medio en que opera. Pero, ¿es esto todo lo que realmente involucra el concepto de misión?



Una misión responde a cuatro preguntas básicas: ¿Qué hace su empresa que es único y no lo hace nadie más en su campo de acción? ¿Cómo trabaja su institución: hay algo diferente en su método, en el medio o la forma de llegar a sus objetivos? ¿Para quién trabaja su institución? ¿Por qué hace lo que hace, qué es eso que nunca podría dejar de hacer, cuál es la justificación social de su existencia? Estas preguntas implican la identidad institucional, la capacidad que la distingue de otras, sus valores y responsabilidades sociales.



Claro que todo el mundo quiere ser socialmente responsable y constructivo. Por ello se han popularizado las declaraciones de misión que se establecen como un credo corporativo, o como declaraciones de relaciones públicas, de esas que dicen tanto que no dicen nada. Eso puede ser un intento de crear la realidad, de que la gente en la empresa se adhiera a ese código. La única manera de hacerlo es con el ejemplo vivo de esos valores por parte de los líderes de la organización. Primero, está la realidad y después, los valores; de otra manera, a la larga, solo tendremos ideologías falsificadoras de la realidad.



Si su empresa desapareciera como por arte de magia, ¿cuál sería el hueco que dejaría, lo que nadie más hace? pregunté en un ejercicio de planeación estratégica a la misma empresa cuyo presidente había declarado el interés central de hacer utilidades. El vicepresidente comercial me respondió sin titubeo: "Nosotros somos los reguladores del mercado: tenemos seca a la competencia, nadie más puede ofrecer la buena calidad del producto a nuestros bajos precios". Esa era exactamente la misión de su empresa, la orientación eje de las decisiones de compras, producción, calidad, ventas... Si la misión no está clara en la cabeza de la gente, las empresas no la tienen clara ni definida. Esto es frecuente; no pocas veces me han respondido lo mismo: "¿La misión? Sí, por ahí está escrita, pero no me acuerdo bien".



¿Puede cambiar la misión de una empresa? Por supuesto que sí, pero no cada vez que cambia de presidente o de asesores. Cuando cambia fundamentalmente la naturaleza del negocio, el campo de acción de la empresa, o la tecnología básica, es posible que el propósito esencial de la empresa deba cambiar, así se mantengan algunos valores organizacionales. ¿Se puede crear una misión? Para ello es necesario preguntarse primero por qué fundaron la empresa y cuáles son los valores que verdaderamente le dan significado al trabajo de su gente. Este es un fenómeno tan subyacente y silencioso como suele ser la reputación personal. Se falla en la creación de una misión cuando no tiene asidero en la realidad cotidiana, cuando es poco auténtica. También los seres humanos a veces dejamos de ser auténticos, perdemos la identidad de lo que somos y queremos ser. Formular una misión es hacer emerger la realidad, la esencia y justificación social de la empresa.



La misión puede ser un instrumento de orientación estratégica para evaluar cada decisión que involucre recursos importantes de la organización. Para no perder el Norte, la misión es como una brújula estratégica, instrumento particularmente útil en tiempos borrascosos.



Si su misión es ser la empresa que ofrece buena calidad a los mejores precios tiene que desarrollar y mantener habilidades para no perder el Norte durante las borrascas y embates que desorientan a más de un capitán de barco.
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