Opinión

  • | 1999/09/10 00:00

    Para prevenir la próxima crisis

    El FMI debería actuar para prevenir las crisis y no sólo para curarlas. Hay que cambiar la institución y crear una nueva arquitectura financiera internacional.

COMPARTIR

Entonces, ¿todo vuelve a la normalidad en 1999? La reciente y dramática volatilidad de los mercados financieros es hoy un recuerdo distante. La miseria de los rusos y los indonesios parece lejana. Pero el sistema financiero internacional todavía presenta fallas fundamentales. Si no enfrentamos los problemas y no aprendemos las lecciones, el sistema todavía podría hacer colapso.



Las euforias y las crisis son endémicas en los mercados financieros. Pero si bien las oscilaciones no pueden ser eliminadas, sí pueden ser puestas bajo control. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial fueron diseñados para un mundo donde no había flujos globales de capital en gran escala. En la reciente crisis, antes que parte de la solución, el FMI fue parte del problema. Hay que introducir cambios en la arquitectura del sistema.



La misión primordial del FMI es preservar la estabilidad del sistema financiero internacional y asegurar que los países deudores sean capaces de cumplir sus obligaciones internacionales. Las condiciones que impone sobre los países deudores incluyen tasas de interés punitivamente altas, que sirven el doble propósito de estabilizar las tasas de cambio y crear un superávit comercial, al precipitar la recesión. Ambas cosas benefician indirectamente a los prestamistas, pues facilitan el repago de las deudas.



Este método de operación ha generado lo que se conoce como riesgo moral (moral hazard), es decir, una asimetría en el tratamiento de prestamistas y prestatarios. Si hay problemas, los prestamistas pueden contar con que el FMI aparecerá para rescatarlos. Esto podría haber estimulado las prácticas laxas a la hora de entregar los préstamos.



Hay otra asimetría en la manera como opera el FMI. Unicamente puede intervenir en tiempos de crisis, pero no tiene autoridad para prevenirlas. Sin embargo, la experiencia muestra que las crisis sólo pueden ser evitadas cuando es posible moderar las fases de expansión que las preceden. En la más reciente crisis, el FMI impuso unas tasas de interés punitivas y los países afectados por ellas fueron enviados a la recesión. Pero cuando la crisis amenazó a Estados Unidos, la Reserva Federal redujo las tasas de interés y la economía de Estados Unidos escapó incólume.



El FMI es objeto de severos ataques. Algunos piden su abolición, mientras que otros desean convertirlo en un inválido al imponerle toda clase de talanqueras para su acción. Creo que esos ataques están mal concebidos. Si los mercados financieros son inherentemente inestables, necesitamos un marco regulatorio más fuerte, en lugar de desmantelar las instituciones que hoy existen. Más concretamente: necesitamos convertir al FMI en algo parecido a un banco central internacional.



No tengo en la mente algo como la Reserva Federal o el Banco Central Europeo. Se trata de darle poder al FMI para que actúe como prestamista de última instancia con respecto a un grupo de países que están ansiosos por obtener esta protección. Los países tendrían que seguir políticas macroeconómicas adecuadas, tener un sistema financiero sano y bien supervisado, proveer información tanto al FMI como a los mercados, mantener tasas de cambio flexibles con controles adecuados sobre los flujos de capital excesivos, tener leyes adecuadas sobre gobierno corporativo y bancarrota, respetar ciertos derechos humanos básicos y respetar el reino de la ley. Como contrapartida, el FMI estaría listo a actuar como prestamista de última instancia y proveer capital suficiente cuando los mercados financieros no estén dispuestos a hacerlo.



Los países que no puedan, o no quieran, cumplir estas condiciones seguirán teniendo acceso a los préstamos del FMI, en términos similares a los que están disponibles en la actualidad. Con una diferencia: en caso de crisis, el FMI impondría condiciones no solamente sobre el país afectado, sino también sobre los acreedores. Al poner a los acreedores potenciales sobre aviso, el FMI evitaría un exceso de flujos de capital hacia el país. Incluso si fuera necesario imponer una moratoria o una conversión obligatoria de deuda por capital, el funcionamiento normal del sistema financiero internacional no se vería afectado, porque se trataría de un caso aislado. La amenaza de contagio, inherente a los arreglos actuales, habría sido eliminada.



La misión y la forma de actuar del FMI cambiarían radicalmente. El desequilibrio a favor de los prestamistas desaparecería, lo mismo que la contradicción entre las tareas de prevenir y curar. El énfasis estaría en la prevención, donde debe estar. Las expansiones y las caídas no serían eliminadas, pero el FMI actuaría como banco central internacional, al regular él los flujos de capitales para reducir la necesidad de actuar como prestamista de última instancia. No quiero insinuar que sea fácil establecer las nuevas reglas de operación del FMI. Sería poco recomendable que la Reserva Federal o el Banco Central Europeo permitieran que su autonomía se viera comprometida por un organismo internacional, pero ambas instituciones estarían representadas en el gobierno del nuevo FMI y en ese contexto tendrían mayor capacidad para coordinar sus responsabilidades globales.



La mayor parte de las crisis globales han sido precipitadas por alzas en las tasas de interés. Así ocurrió en 1929, 1982 y 1992, cuando la reunificación de Alemania destruyó el sistema europeo de tasas de cambio. Este no fue el caso en 1997-98, pero ésta podría ser la razón de la próxima crisis. La capacidad para inyectar o restringir liquidez no sólo en el centro, sino también en la periferia, abriría opciones de política que hoy no están disponibles. Algo similar a un banco central internacional podría aportar los cimientos de una nueva arquitectura financiera, alrededor de la cual podría crearse un nuevo pacto de Bretton Woods.



En Estados Unidos, un equipo especial del Consejo de Relaciones Exteriores y otros más están estudiando el tema. Debería haber iniciativas similares en Europa. Pero es aún más importante que los países que se beneficiarían de la existencia de un prestamista de última instancia (en el Sudeste de Asia, América Latina y el resto del mundo) asuman la discusión como propia. Después de todo, si la nueva arquitectura va a corregir las asimetrías entre centro y periferia, los países de la periferia deberían ser una voz de peso en la discusión.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?