¿Para qué las penas?

| 8/4/2000 12:00:00 AM

¿Para qué las penas?

La convicción de que el otro puede cambiar es reconocimiento de su dignidad humana. Antes se llamó caridad cristiana.

por Antanas Mockus

Colombia se ha vuelto un curioso campo de batalla entre distintas filosofías del Derecho, básicamente las americanas y las europeas. Ante los comportamientos contra la ley, los organismos internacionales y las escuelas europeas del Derecho no hablan hoy de "política criminal" --una expresión que sería más bien estadounidense--, sino de políticas de resocialización o de construcción de ciudadanía. La objeción al Jubileo revive la clásica pregunta por la finalidad de la pena. ¿Para qué se castiga?

Algunas de las posibles respuestas son:



Para que el transgresor comprenda y acepte en su fuero más íntimo la norma.



O construya la norma mediante discusión racional con otros (volverse ciudadano).

O para hacerlo más sensible al reconocimiento y la censura social.

O darle oportunidad de reparar daños o reparar vínculos.

O de reconstruir su proyecto de vida.

O para confinarlo, con el fin de proteger a la sociedad.

Muchas de estas respuestas suponen un fuero interno autónomo y cierta buena voluntad de quien ha delinquido.



¿Qué hacer cuando la pena no cumple su objetivo? ¿Cuando tu ingenuidad o tu disposición a perdonar son usadas por el otro como premisas de un frío cálculo? ¿Habría que buscar un jubileo selectivo?, ¿solo para creyentes?, ¿solo para arrepentidos? Sospecho que la generosidad del jubileo consiste precisamente en la generalidad de la reducción de penas. Magnanimidad unilateral y universal. Caridad incondicionada.



¿Qué hacer con el que delinque "a sabiendas"?



1. Pedirle a quien delinque a sabiendas que acepte el costo: la sanción legal.



2. Invitarlo a asumir su propio desarrollo moral, invitarlo a darse reglas con libertad y a verificar si aceptaría que su comportamiento se tornara en regla universal.



3. Llevarlo a integrarse a contextos sociales distintos de aquel que aprueba su comportamiento. Acercarlo a los que piensan distinto.



4. Darle la oportunidad de participar en una construcción colectiva de reglas.



Ante el delincuente organizado y dispuesto a persistir en el delito, ¿qué hacer? Muchas veces, la sociedad da papaya y el otro la toma. ¿Debe volver la sociedad a darla con la esperanza de que el otro comprenda su juego? Lo deseado con la pena es que el transgresor haga suyo el criterio con el cual se lo mira, tanto al condenarlo como al reducir su pena. Difundir criterios, ahí está la misión de la pedagogía.



¿Cómo crear o fortalecer la convicción de que el otro puede cambiar? Buscando y compartiendo evidencias de que ello ha pasado ("asomos", pequeñas experiencias intensas donde lo vislumbrado como ideal se manifiesta como posible, como ya realizado, aunque sea puntual y transitoriamente). La utopía logra vivir apoyada en esos asombrosos asomos.



Con el jubileo, la sociedad vuelve a expresar la convicción de que el convicto puede cambiar. Pero la caridad cristiana resulta difícil de aplicar a quien la ha introducido, a sabiendas y de antemano, en sus cuentas.





damockus@gaitana.interred.net.co
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