Opinión

  • | 2005/07/08 00:00

    Para confrontar la geografía tropical

    Recientes iniciativas para combatir las enfermedades tropicales permiten hacer ciencia y ayudar a los países en desarrollo.

COMPARTIR

La pobreza y el subdesarrollo se concentran en las regiones tropicales. La productividad de las tierras es menor en los trópicos, muchas enfermedades tropicales carecen de tratamiento y la calidad de los gobiernos es deficiente en la mayoría de los países situados en las zonas cálidas del planeta.

Hay un intenso debate académico sobre si esas condiciones adversas que hoy padecen los países en desarrollo son causa o efecto de gobiernos corruptos e incapaces que desalientan la creatividad, el esfuerzo y la inversión. Jeffrey Sachs es el más conocido de los investigadores que sostienen que ciertos factores del subdesarrollo, como la prevalencia de la malaria o la baja productividad de las tierras agrícolas tropicales son causas últimas, que ayudan a explicar el subdesarrollo y las limitaciones que tienen los gobiernos de los países afectados. En la otra esquina del debate, Daron Acemoglou, quien acaba de recibir la prestigiosa medalla Clark como el mejor economista investigador joven en Estados Unidos, asigna toda la responsabilidad a la calidad de las instituciones que se desarrollaron históricamente en los países tropicales. Sistemas coloniales rapaces y corruptos dieron origen a gobiernos carentes de legitimidad y propensos a la ineficiencia. El mal gobierno sería, en últimas, el gran obstáculo al desarrollo.

Cualquiera que sea el lado que se tome en este debate, superar el legado de siglos de atraso tecnológico está más allá de las posibilidades de casi cualquier país en desarrollo. Con el paso del tiempo, los esfuerzos de investigación y desarrollo han tendido a concentrarse en los problemas de salud y de productividad agrícola de los países desarrollados, donde está el mercado para la adopción de las nuevas tecnologías. Es el famoso síndrome 90-10, que consiste en que 90% del esfuerzo de investigación está destinado a mejorar el nivel de vida del 10% de la población mundial.

Varias iniciativas de ayuda externa están tratando de cambiar esta situación. El Fondo Global para la Lucha contra la Malaria, la Tuberculosis y el Sida, creado en 2000, ha otorgado US$3.000 millones para estas causas. La Fundación de Bill y Melinda Gates acaba de asignar US$450 millones al desarrollo de ideas innovadoras para resolver problemas específicos de salud que afectan especialmente a los países tropicales. Los proyectos buscan desarrollar vacunas para la malaria, la tuberculosis y el sida; inventar métodos para prevenir el contagio de enfermedades transmitidas por insectos; desarrollar especies agrícolas nutritivas adecuadas a los trópicos; y crear métodos sencillos y portátiles de diagnóstico rápido de enfermedades tropicales. (Para no quedarse atrás, Bush anunció unos días después que Estados Unidos otorgará US$1.200 millones a la lucha contra la malaria y otros problemas de los países africanos, pero solo parte de esa promesa corresponde a recursos nuevos).

Estas iniciativas son nuevas formas de hacer ciencia y de apoyar el desarrollo. En lugar del avance incremental, orientado a expandir el conocimiento que caracteriza la investigación científica, se trata de superar retos concretos de gran envergadura científica, pero de inmediata utilidad práctica. Y en vez de dar el dinero directamente a los países afectados por los problemas, se busca crear los incentivos para que científicos y empresas de alta tecnología se ocupen de los problemas de los países tropicales y transfieran los resultados gratuitamente o a un precio mínimo a los usuarios en estos países.

Aunque menos que África, varios países latinoamericanos también padecen enfermedades tropicales por carencia de remedios y tratamientos adecuados, y tienen serias deficiencias de productividad agrícola por falta de especies adaptadas a sus condiciones ecológicas. Algunas de las soluciones a estos problemas, como la malaria, servirán tanto a África como a América Latina. Pero otros son problemas más específicos, que requerirían proyectos diseñados para algunas zonas geográficas o grupos de países. Por desgracia, la región no está en la mira de estas nuevas organizaciones filantrópicas, ni hay organismo internacional alguno que esté pensando en estos problemas en América Latina.



Nota: El autor está vinculado al BID, pero sus opiniones no comprometen a esta institución.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?