Opinión

  • | 2003/08/22 00:00

    Otro vecino en apuros

    Menos de cuatro años después de implantada, las posibilidades de la dolarización ecuatoriana van quedando en su plata, que no parece muy "dura".

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A veces conviene dejar que las cosas se decanten. Voy a abstenerme durante varios números de comentar el sainete del presupuesto y otras escenas de la comedia económica nacional. En cambio, ha pasado tiempo suficiente para volver sobre el tema de la dolarización ecuatoriana, que traté hace unos años. Quiero tocarlo ahora, cuando todavía hay dolarización y el desenlace no es obvio.

Las cosas en Ecuador no van bien. Ya pasó la euforia de quienes tenían dinero y, tras la dolarización, descubrieron que podían comprar lo importado cada vez más barato frente a la humilde producción local. También pasó la inundación de capitales externos, atraídos por las elevadas tasas de interés en dólares y la certeza de que la dolarización duraría al menos cuatro años. En la práctica, Ecuador dolarizado disfrutó durante años de efectos muy similares a los de una gran emisión monetaria, solo que la plata adicional con que contó era prestada, y cara.

El "índice de actividad económica", a junio, muestra una caída cada vez mayor a lo largo de 2003 y las exportaciones van mal desde hace mucho rato. Este año los altos precios del petróleo permitieron "alargar el chico", pero el famoso Oleoducto de Crudos Pesados, OCP, que prometía duplicar las exportaciones de crudo, va camino de convertirse en un fiasco, porque no hay más petróleo para exportar. Para que los dueños del OCP no pierdan demasiado el gobierno dispuso que, cuando el OCP se inaugure, dentro de dos meses, parte de la exportación petrolera que se estaba canalizando por el viejo tubo SOTE se transporte por el flamante OCP. Un negocio brillante, como se imaginarán.

La gente ha comenzado a hablar de cómo evitar la recesión permanente y la crisis de las exportaciones y eso lleva, inevitablemente, a considerar opciones a la dolarización. Pero el gobierno piensa que, si se logra evitar que se mencione el tema, ocurrirá algún milagro. Hace poco, el presidente coronel Lucio Gutiérrez dijo que "ningún funcionario podrá hacer comentarios en contra de la dolarización" y ordenó "presentar en toda publicación o presentación que se realice, una carátula en la que se indique que (la dolarización) es parte del programa del gobierno del Presidente".

La amenaza más directa para la dolarización ecuatoriana proviene del nuevo "default" de la deuda externa, que se ve venir. Durante los locos 90 Ecuador, como casi todos los demás países de América Latina, se endeudó unos tres metros por encima de su coronilla, cuando descubrió que podía ampliar sus posibilidades de déficit fiscal acudiendo al crédito externo, y encima con la complacencia del FMI. Hoy, a pesar de innumerables rebajonas y condonaciones de su deuda externa, vive para pagarles a sus acreedores. Su "superávit fiscal primario" de más de 4% del PIB, obtenido mediante crecientes impuestos y recortes del gasto, seca el crecimiento. Creo que la primera medida que tomará Ecuador, una vez el FMI deje de bombearle fondos debido a la acumulación de incumplimientos de su convenio, es un nuevo "default". Me extrañaría que la cosa se demorara más allá del primer trimestre de 2004.

Hay una posibilidad de que la dolarización sobreviva a un nuevo "default", si hay un número suficiente de depositantes e inversionistas que crean en cuentos de hadas y se abstengan de sacar su dinero antes del establecimiento de controles de capitales, que serían la segunda etapa del ajuste, tras el "default". Pero no suele haber tantos. De todas maneras, aun si se presentan fugas de capitales es difícil prever cuánto más durará la dolarización pues, como ocurrió con la convertibilidad argentina, solo se abandonará cuando sea imposible mantenerla.

Creo que el examen de las alternativas para la "desdolarización" de Ecuador y sus consecuencias para Colombia aguantará otra columna, antes de que los lectores juzguen que me volví cansón con el asunto.
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