Opinión

  • | 2006/05/26 00:00

    Otro mercado en riesgo

    Las represalias económicas de Estados Unidos contra Ecuador tendrán consecuencias para la economía colombiana.

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Este no es un buen momento para el viejo sueño de un mercado continental de Alaska a la Patagonia. El Congreso de Estados Unidos acaba de aprobar, con amplio apoyo de la opinión de ese país, la construcción de un muro de 5 metros de alto y 600 kilómetros de largo en la frontera con México, como barrera a la entrada de trabajadores ilegales. Venezuela, tras su retiro de la CAN, ratificó que también se retira del G3, el acuerdo de liberación comercial entre Colombia, México y Venezuela, en el cual aportaba mercado. Uruguay, molesto por la oposición de Argentina a la construcción de unas plantas papeleras contaminantes del Río Uruguay, anunció que orientará sus esfuerzos hacia un TLC con Estados Unidos, así ello carezca de sindéresis económica.

El golpe más reciente fue recibido muy cerca de Colombia. Estados Unidos anunció que suspende de manera indefinida las negociaciones de TLC con Ecuador en represalia por la declaración por ese país de caducidad del contrato con la petrolera estadounidense Occidental. El verdadero instrumento de presión de Estados Unidos contra Ecuador no es el futuro TLC, un esquema cuyos beneficios netos para la economía ecuatoriana son inciertos, en el mejor de los casos, sino la amenaza de no prorrogar las preferencias arancelarias concedidas dentro del ATPDEA, en contraprestación —es importante recordarlo— al aporte de Ecuador en la lucha contra las drogas.

Una visión miope de las consecuencias de esa novedad para nosotros podría llevar a pensar que, casi por un golpe de suerte, Colombia evitará que un TLC de Ecuador con Estados Unidos erosione el margen de preferencia de que disfrutamos en las exportaciones al vecino. Pero eso supone que Ecuador puede quedarse súbitamente sin ATPDEA sin caer en recesión, que Estados Unidos no escalará sus presiones y que Ecuador no reaccionará a un TLC de Colombia con Estados Unidos del que estará excluido. Todos esos supuestos son discutibles.

Puesto que en casi tres lustros de historia del esquema de preferencias unilaterales ATPA-ATDEA Ecuador ha cosechado apenas beneficios muy modestos, a primera vista no parece muy grave un cese súbito del ATPDEA el cual, por lo demás, sería interpretado por Ecuador como una liberación parcial de sus obligaciones en la lucha contra la droga. Faltaba más. Pero la cosa es más complicada pues la dolarización de Ecuador suprimió el instrumento natural para que un país se ajuste a un deterioro súbito en las condiciones del comercio externo, como sería la terminación repentina de las preferencias del ATPDEA, que amenazaría barrer con las exportaciones ecuatorianas de flores y otros productos y sería muy similar al efecto de una caída del precio del petróleo. Como Ecuador carece de moneda propia y adoptó la moneda del país que hoy le aplica represalias, su única vía para ajustar su balanza de pagos será una recesión sectorial y, eventualmente, una recesión general hasta que el salario ecuatoriano se deprima lo suficiente. La experiencia mundial sugiere que esa vía clásica de ajuste bajo esquemas tipo "patrón oro" es lenta, ineficiente y dolorosa. Parte del costo será pagado por Colombia, vía menor dinamismo de sus exportaciones.

Por otro lado, debe preverse que, si la suspensión de negociaciones del TLC y la terminación del ATPDEA no son suficientes para que Ecuador pase por el aro y eche atrás las medidas contra la Occidental, Estados Unidos escalará sus represalias. Hace un siglo habría enviado una fragata a las costas de Ecuador con la amenaza de bombardear Guayaquil, así al final se limitara a bombardearla con los célebres cañonazos de un millón de dólares que, según el viejo Teddy, son imposibles de resistir para cualquier general sudamericano. Eso ya no se estila, pero solo porque con la globalización se dispone de mecanismos de presión más sutiles, que incluyen cosas como el manejo general del comercio, los resortes de la inversión extranjera y los créditos de las entidades "multilaterales".

Un tercer riesgo para Colombia es que Ecuador decida, como Venezuela, no seguir participando en la CAN si Colombia hace parte de un TLC con Estados Unidos que excluye a Ecuador. No se requiere, para ello, la nefasta influencia de Chávez. Tampoco es preciso que las tensiones entre Ecuador y Estados Unidos empeoren mucho, aunque es de imaginar que empeorarán una vez las represalias iniciales hayan causado el daño que se proponen causar. Basta imaginarse lo que se diría aquí, en Colombia, si Ecuador o Venezuela entraran en un TLC con Estados Unidos que, por una u otra razón, excluyera a Colombia.

No considero exagerado decir que debido a los desarrollos en Ecuador y Venezuela, y pese a seguir tan alto el precio del petróleo, el entorno previsible para las exportaciones no tradicionales de Colombia se deterioró en forma difícil de imaginar hace pocas semanas. Por fortuna, a diferencia de lo que ocurre en Ecuador, dolarizado, en Colombia un ajuste cambiario oportuno puede limitar los daños.
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