Opinión

  • | 2011/06/22 18:00

    Otra cara oculta de la Constitución del 91

    Es importante tener claridad respecto a esta deformación mediática-histórica que encubrió lo que fue un Golpe de Estado.

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Ahora que se hace tanto bombo con la celebración de la Constitución de 1991 y los homenajes a Gaviria, el ameno y documentado libro de Oscar Alarcón La cara oculta de la Constitución de 1991 invita a conocer algo de la historia… y a aportar algunos comentarios o precisiones.

El libro trae el certificado expedido a ALM por la Registraduría según el cual la séptima papeleta nunca existió. La realidad histórica es aún más clara. Jurídicamente, para ese despacho no había forma de regularla al no estar contemplada en la Ley, por eso ni se emitió físicamente la 'papeleta', ni hubo renglón en el formulario de los jurados para registrarla; el Registrador aceptó que, solo en caso de acuerdo de todos los jurados de la respectiva mesa, dejaran constancia de los 'votos' encontrados. Los jóvenes universitarios hicieron la propuesta pero en lo que se convirtió fue en campaña de los periódicos que la concretaron con una impresión de esa 'papeleta' durante tres días; esa circulación no superaba el millón y sobra decir que la inmensa mayoría de compradores-lectores no la recortó. La distribución la hicieron los 'jóvenes universitarios promotores' con presencia posible apenas en las grandes ciudades, y el conteo no llegó a 200.000 'votos', razón por la cual -y por no ser un escrutinio oficial- nunca se divulgó el resultado. De ahí que sea un fraude mediático el supuesto respaldo masivo que después serviría de fundamento a la Constituyente.

El verdadero padre de esa Carta fue el presidente Barco, quien, tras haber intentado dos y hasta tres veces reformas por vía del Congreso, mediante un decreto de Estado de Sitio decidió subsanar esto ordenando que en las elecciones presidenciales se incluyera un voto que permitiera llamar a una Asamblea Constitucional enmarcada en unos objetivos y limitaciones expresas.

Con estos antecedentes y de ahí en adelante, corren paralelas las distorsiones de la historia de la elección de Gaviria y de su derivada, la Constituyente.

La presentación del triunfo del galanismo como una corriente arrasadora que impuso a Gaviria no coincide con que fue la elección con menos participación de la historia, y dentro de esa baja participación fue el elegido con el menor porcentaje también de la historia. Sacó apenas más de la mitad de votos que Barco cuatro años antes (¡!); a diferencia de todos los presidentes Liberales, fue elegido solo con mayoría relativa y no con mayoría absoluta; y mientras todos habían tenido por encima de 30% del censo electoral, Gaviria apenas superó el 17%. En esta misma elección se aprobó la convocatoria a la Asamblea Constitucional.

A la Corte Suprema le correspondía determinar si el decreto que creó ese voto era exequible en la medida en que tuviera conexidad con las causas de la declaratoria del Estado de Sitio. Evidentemente, ni los temas a tratar por la Asamblea eran los causantes de la perturbación del orden público, ni una Reforma Constitucional el camino para controlarlo. Sin embargo, la Corte produjo un fallo aclarando que el contenido y el medio eran contrarios a la Constitución, pero, aceptando el argumento de que era la forma de buscar la paz, adujo que por razones de interés público le daba vía libre a ese absurdo (de ahí el remoquete de 'la Constitución para la Paz' al presentarla). Es decir, declaró constitucional lo que no podía serlo, y exequible un decreto sobre una base que nunca existió. La posible explicación para esto es que la Corte misma estaba tachada de 'espuria' por haber nacido también de un decreto de emergencia bajo Belisario, cuando se rompió la continuidad constitucional con la muerte de las mayorías en el holocausto del Palacio de Justicia, y no tenía la entidad ni sentía la legitimidad para oponerse a lo que los medios proclamaban como un 'clamor popular'. Posiblemente por eso el cambio de los votos de quienes elaboraron la ponencia negativa en la Sala Constitucional y la votaron en forma contraria en la plenaria.

Es importante tener claridad respecto a esta deformación mediática-histórica que encubrió lo que fue un Golpe de Estado.

Gaviria ni tenía un proyecto de Constitución, ni posición o idea alguna de qué proponer, pero por la debilidad electoral sí necesitaba implementar inmediatamente lo que el voto popular había decidido, y aprovechar para conseguir 'gobernabilidad' alrededor de ese propósito común.

Ni Gaviria ni la Corte tenían los arrestos o la legitimidad para defender la institucionalidad del embate mediático.

La fecha para las elecciones a la Asamblea fue acordada y en el citatorio quedaron otra vez explícitas la limitación del temario y la restricción de no poder revocar el mandato de los congresistas. La votación dio menos de la mitad con la cual estos fueron elegidos.

Tal era la falta de propuesta del Gobierno que la intención inicial fue la de instalar mesas en todos los municipios para que toda la población presentara propuestas sobre lo que a cualquiera se le ocurriera y después tabularlas para escoger las que más aparecieran (¡!). De esa versión de populismo nació la idea de mesas de trabajo territoriales de las que poco o nada salió.

El Partido Liberal con una Constitución vigente que había sido elaborada y concertada por sus dos vertientes -MRL y el oficialismo bajo Lleras Restrepo- y con esa vocería en el gobierno no tenía mucho que proponer. Álvaro Gómez tenía un proyecto completo al cual había dedicado su vida y el M-19 también. Ambos tenían interés en imponer sus puntos vista, en tumbar la Carta vigente y, sobre todo, en cambiar la composición del Congreso. Así la primera decisión de declararse 'omnipotente' y destituir a los congresistas recién elegidos.

La división en comisiones no fue para buscar eficiencia sino para repartir el poder decisorio bajo la consigna de 'yo te dejo y tú me dejas'. No hubo concertación o diálogo entre las comisiones, ni debate para dar un sentido general en las plenarias, produciendo la 'colcha de retazos' de unos instrumentos aceptados como buenos -Corte Constitucional y Tutela- otros fracasados -Comisión de Televisión, Consejo de la Judicatura, Revocatoria de Mandatos, Moción de Censura- otros diferidos que aún no han nacido -Régimen Territorial, Estatuto del Trabajo-.

La firma de una hoja en blanco con la solemnidad de una 'Constitución', y las sucesivas 'fe de erratas' donde aparecían y desaparecían artículos son la muestra de cómo se manejó y de lo que produjo.

En todo caso ese buen o mal resultado del proceso fue acompañado de las dos peores circunstancias impuestas al país: una, la implantación del neoliberalismo que, según la versión de Rudolph Hommes, fue posible gracias a que se distrajo al país y a los políticos con ese proceso como quien distrae a un perro con un hueso; otra, que el mismo día de la votación para elegir los miembros de esa que iba a ser la Constituyente de la Paz, se bombardeó a Casa Verde para coger al Secretariado por sorpresa, logrando solo que las Farc de ahí en adelante no tuvieran opción ni propósito diferente que el de seguir la guerra por la guerra.

Todavía se vende la versión distorsionada de Gaviria y la Constituyente, pero las encuestas muestran que el pueblo no come tan fácil el cuento, ya que Gaviria siempre es el Presidente con mayor negativo, peor que Andrés Pastrana -a pesar del frívolo cuatrienio y del Caguán- o Samper -a pesar del 8.000-.

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