Opinión

  • | 2004/12/10 00:00

    ¿Otra arandela cambiaria?

    Una hipótesis sobre una de las principales causas del reciente debilitamiento de la actividad económica, que tomó por sorpresa al país.

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Como a todos, me sorprendieron las cifras del crecimiento del tercer trimestre, precisamente porque no hubo crecimiento alguno: la producción cayó entre junio y septiembre. Para colmo, los datos de empleo de octubre confirmaron que el número de personas ocupadas se redujo durante el último año.

Muchos que habían previsto que el crecimiento de este año estaría cerca del 4,5% trataron de restarles importancia a las últimas cifras, o de atribuirlas a accidentes como el paro camionero de septiembre. Otros reaccionaron de manera diferente. Rudy Hommes pidió cortar cabezas. Suponiendo que no fuera la del director del Dane, ¿quiénes podrían ser los responsables?

Estoy entre quienes prevén desaceleración de la actividad económica más adelante, cuando pase el auge de la edificación, Venezuela disminuya su orgía de importaciones, muerda un nuevo "IVA social" sobre los productos básicos y muchos productores sean arrinconados por un dólar barato. Pero no esperaba un comportamiento tan pobre en el tercer trimestre, cuando la mayoría de esos desarrollos eran apenas previsiones razonables, no cosas observadas. Es cierto que las importaciones ya están creciendo mucho más que la demanda interna pero, hasta ahora, los efectos negativos de esa sustitución han sido más que compensados con el aumento de las exportaciones.

Al examinar otras cifras aumenta el asombro por el estancamiento de la producción. Es claro que el problema tuvo qué ver con falta de demanda interna pues, gracias a las ventas a Venezuela, las exportaciones tuvieron un trimestre brillante. Pero también es claro que ni la política monetaria, ni la fiscal explican lo ocurrido. La liquidez abunda y el crédito de consumo va disparado. En cuanto al gasto público, sigue creciendo vigorosamente. La famosa austeridad no existe más que en el papel.

Algunos colegas han subrayado que el auge del consumo y la inversión en bienes como automóviles y edificaciones de lujo no refleja mejoría del poder de compra de la mayoría de la población sino en el ingreso de quienes participan en las utilidades de las grandes empresas, más un "efecto riqueza" (algunas personas perciben que se enriquecieron, y consumen mucho más) debido al disparo de las acciones y la propiedad raíz de "estratos 6 y superiores". Creo que tienen razón, y que la distribución del ingreso sigue empeorando, pero no veo cómo ello pueda explicar un debilitamiento de la demanda en los últimos meses, pues las utilidades de las grandes empresas siguen creciendo y los "efectos riqueza" se mantienen.

Me parece que la explicación de lo ocurrido tiene mucho qué ver con que un grupo amplio de personas, de escaso ingreso, que lo destinan a consumo básico, sufrió en los dos últimos años una terrible pérdida debido a la fuerte caída del dólar. Me refiero a las familias que viven de las remesas que les envían sus familiares desde el exterior. Según el Banco de la República, esas remesas exceden US$3.000 millones por año, más de tres y media veces lo que representan las exportaciones de café, para no hablar de los ingresos netos de costos de las familias cafeteras, equivalentes apenas a una fracción de las exportaciones del grano.

Aun suponiendo que quienes reciben las remesas obtienen el dólar bancario, en los dos últimos años sufrieron una contracción de su ingreso real por ese concepto de más de 20%, por la combinación de caída del dólar e inflación. Suele ocurrir que, cuando la pérdida de ingreso se considera transitoria, las familias sostengan por un tiempo su consumo a punta de crédito. Pero cuando la situación se prolonga el consumo debe contraerse. Por supuesto, una vez disminuye el consumo de las familias directamente afectadas, también cae el ingreso de quienes les vendían, y así sucesivamente, con un efecto total multiplicado.

No creo que la política cambiaria deba manejarse para defender el poder de compra de quienes reciben remesas de familiares en el exterior. Pero me parece que el reconocimiento de esa nueva sensibilidad del consumo agregado al dólar, que hace unos años no tenía esta economía, podría mejorar las previsiones y, quizás, la política económica, para que las famosas metas de crecimiento no se queden, nuevamente, en el papel.
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