Opinión

  • | 2009/03/06 00:00

    Oportunidades y riesgos de la crisis

    Desde un punto de vista ambiental, la crisis económica global le permitirá dar un respiro al planeta. Pero ¿por cuánto tiempo? Esto es algo que no está claro.

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Europa está en crisis. España, como otros países de la zona euro, también se declaró en recesión. La pérdida de empleos, especialmente en el área de la construcción, uno de los principales motores de la economía ibérica, así lo evidencia.

En Inglaterra las cosas no marchan mejor, su primer ministro Gordon Brown está otra vez contra las cuerdas. La crisis bancaria, a pesar de los paquetes de estímulo financiero, empeora en vez de mejorar. En Japón se ha empezado a destapar un sistema de pirámides y muchos pensionados y ahorradores ven cómo su futuro se esfuma. La industria automotriz en general continúa reduciendo puestos de trabajo y dejando en la calle a miles de obreros. Algo similar empieza a suceder con la industria aeronáutica europea y norteamericana. Ni siquiera el sector tecnológico se salva de la recesión y ya varias empresas como Microsoft y Sony recortan también empleos al ver caer sus ventas.

En Estados Unidos, el presidente Obama logró la aprobación de su paquete de estímulos económicos en el Congreso, con los que busca crear cuatro millones de empleos para enfrentar el desastre dejado por su antecesor. Todavía está por verse si esto va a funcionar.

La crisis generalizada ha mostrado las deficiencias de la política de libre mercado, hoy en la picota pública. Las manifestaciones obreras en muchos países empiezan a cuestionar la presencia de trabajadores foráneos. Inglaterra, donde se inició la revolución industrial en el siglo XIX, es un buen ejemplo de lo que está sucediendo y un buen síntoma de lo que está por venir. En la medida en que el desempleo continúe en aumento, los sistemas de libre mercado laboral se verán mayormente cuestionados, situación que predice futuras tensiones raciales y el aumento de la xenofobia.

De otro lado, la crisis generalizada ofrece oportunidades. Es el caso de la China que, a pesar de ver un descenso en su crecimiento económico y tener igualmente que cerrar fábricas y dejar sin empleo a muchos nacionales, acaba de comprar parte de Rio Tinto, una de las más grandes compañías mineras del mundo. Rio Tinto se ha visto afectada por la caída de los precios de los minerales. Los chinos, sin embargo, continuarán siendo los jalonadores del crecimiento económico mundial y los minerales son estratégicos para este propósito.

Desde un punto de vista ambiental, la crisis económica global le permitirá dar un respiro al planeta. Pero ¿por cuánto tiempo? Esto es algo que no está claro. La mala noticia es que los chinos han puesto el crecimiento económico por encima de cualquier consideración ambiental. Quince de las principales ciudades más contaminadas del mundo están en China y sus ríos están prácticamente muertos. China también es hoy uno de los países que más contribuye al cambio climático global por el volumen de emisiones a la atmósfera. Son pocas las esperanzas para la humanidad si en el futuro esta tendencia prevalece.

Además, países como Colombia, Perú, Chile y muchos africanos continúan privilegiando la inversión extranjera para actividades extractivas -minería e hidrocarburos-. Uno de los principales inversores en estos países empieza a ser la China. En África, los chinos han hecho acuerdos non sanctos de gobierno a gobierno. Compran concesiones para la extracción de los recursos naturales y llevan su maquinaria y empleados generando ghettos productivos donde las autoridades tienen acceso restringido. Claro está que en África la corrupción está al orden del día.

En Perú la actividad minera ha sido desastrosa y muchas de las comunidades vecinas a las zonas mineras se han visto severamente afectadas en su salud.

Esperamos que este no sea el caso en Colombia. Sin embargo, la laxitud con que se han venido enfrentando algunos procesos mineros de licenciamiento ambiental deja mucho que desear.

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