Nuevos maestros

| 5/26/2000 12:00:00 AM

Nuevos maestros

La educación colombiana no ha superado el viejo modelo de transmisión de conocimientos.

por Sergio Fajardo

El 13 de mayo aparecieron en el periódico El Tiempo los resultados de la primera aplicación del nuevo examen de estado, que el Icfes preparó para los estudiantes del último año de bachillerato. La periodista resumió su trabajo con la frase, "analizar y proponer alternativas para los problemas, novedades del examen, resultaron mal libradas en los resultados". Después de una rápida mirada a la información disponible se podría ser más contundente: resultaron muy mal libradas. Las preocupaciones que surgen son inevitables.

Analizar y resolver problemas son, sin duda, dos aspectos fundamentales en el proyecto educativo del siglo XXI, que se resume en "aprender a aprender" y, por tanto, si nuestros bachilleres no tienen esas capacidades, tenemos razones para alarmarnos, una vez más con la pobre calidad del sistema educativo nacional, en un panorama que no es alentador.



Dos interrogantes son naturales: ¿por qué no las tienen? y ¿cómo se podría corregir esta situación?



Es fácil intuir la primera respuesta. La formación que reciben nuestros jóvenes, con un número reducido de excepciones, responde a parámetros que están rezagados con respecto a las condiciones que la sociedad reclama hoy del sistema educativo. En otras palabras, no se ha dado la transición de un modelo educativo basado en la transmisión de conocimientos, en el que el docente enseña y el estudiante aprende, a un modelo en que, de acuerdo con el informe de la Comisión Internacional sobre la Educación del Siglo XXI, los docentes son "los que deben despertar la curiosidad, desarrollar la autonomía, fomentar el rigor intelectual y crear las condiciones necesarias para el éxito de la enseñanza formal y la educación permanente". Esta observación nos lleva a la segunda respuesta.



La conclusión es obvia: necesitamos, con urgencia, trabajar en una revisión profunda de la actividad docente. Como es usual, y en especial en educación, nuestra preocupación por lo inmediato, no nos permite entender que es necesario tomar decisiones hoy, cuyo efecto será tangible varios años más tarde. Debemos entonces dirigir la atención a las instituciones que tienen, en principio, la responsabilidad de formar a los nuevos maestros: las facultades de Educación y las Normales, y preguntarnos: ¿Se están formando allí las personas que necesitamos para asumir los retos de la educación en el nuevo siglo?



Hay múltiples tareas pendientes. Por ejemplo, ya es hora de empezar, en forma sistemática, a revisar la relación de la formación para docentes, con las de otras profesiones. El educador no puede seguir siendo una persona que, potencialmente, solo puede desempeñar una actividad en la sociedad.



Esto va en contravía con el desarrollo actual de la sociedad, que demanda de sus ciudadanos la capacidad de adaptarse a condiciones cambiantes. Al mismo tiempo, nos obliga a facilitar y promover la participación, con previsiones pedagógicas, de personas de otras profesiones y disciplinas, en la docencia. Abrir la puerta en las dos direcciones y trabajar por un mayor compromiso social con la educación.



El 15 de mayo se celebró el día del maestro. Y como me ocurre cada año por esta época, vuelvo a sentir la preocupación por el nivel tan deplorable en el que están hoy las relaciones entre maestros y sociedad, y la inevitable frustración al comprobar una vez más, que no estamos prestando la atención debida a este tema, con las consecuencias predecibles.
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