Juan Manuel López Caballero

| 3/7/2003 12:00:00 AM

Nuestra enfermedad holandesa

Los recursos de la bonanza petrolera equilibraron el enorme déficit que se habría producido en la balanza comercial, pero ocultaron la recesión del sector real.

Se habla de 'enfermedad holandesa' cuando una bonanza desestabiliza una economía al adicionar al funcionamiento ordinario del aparato productivo la riqueza generada por la lotería de unos altos ingresos no previstos.

Una variante de ello le sucedió a Colombia en años anteriores y está camino de repetirse o agravarse este año: vivimos una aparente estabilización de la economía que oculta un descalabro total de la misma.

Me refiero a la lotería de altos precios del petróleo y a cómo esos ingresos inesperados han disimulado la catástrofe de los otros sectores, permitiendo evadir responsabilidades y ocultar la realidad de los resultados. Nuestra enfermedad holandesa ha consistido en que las alzas del crudo han encubierto la situación más que crítica de la empresa estatal más grande y estratégicamente más importante del país; del sector petrolero; del conjunto del sector exportador; y de la totalidad de la economía.

Conocida es la situación de Ecopetrol con la desaparición de la actividad de sísmica y de exploración, el agotamiento de las reservas existentes, la ineficiencia en los procesos de refinería, y en general lo que no puede calificarse sino como su liquidación como empresa petrolera. Hoy es simplemente el ente recaudador que depende de la actividad de las empresas extranjeras.

Colombia compra hoy crudo colombiano a las compañías asociadas y en tres años deberá adquirirlo en el extranjero; los nuevos contratos son simple reemplazo de los anteriores pero en condiciones más desfavorables a Colombia (entre 1998 y 2002 se firmaron 87 nuevos contratos pero se devolvieron 80); la capacidad de refinación alcanzaría hasta el año 2010 pero no así el abastecimiento de la materia prima; la sísmica total en los cuatro últimos años apenas sumó el mínimo de 5.500 kilómetros que se requeriría cada año; las reservas probadas del país disminuyeron de 3.300 millones de barriles a menos de 1.700 millones, a pesar de que la extracción bajó de 870.000 barriles diarios a 570.000.

Todo esto quedó oculto por el alza de precios que produjo los altos ingresos de las ventas de Ecopetrol y las regalías que administra. En el nivel macro esto se refleja en que las divisas que entraron al país por cuenta de ese sector en el 2001 totalizaron US$3.285 millones (casi el 35% de las exportaciones), 50% más de lo presupuestado, pero equivalente al desfase en las proyecciones del resto de la actividad exportadora (el precio proyectado fue de US$18,4 por barril y el real fue de US$25,9), disimulando el fracaso de la segunda etapa de la apertura, y de la proyectada multiplicación por tres de las exportaciones.

Los recursos de la bonanza equilibraron el gigantesco déficit que se habría producido en la balanza comercial, pero no subsanaron la recesión del sector real. La dramática crisis se reflejó en 4 años de estancamiento de diferentes sectores productivos, y el escandaloso crecimiento del desempleo, pero no percibimos la verdadera dimensión de la destrucción de nuestro aparato productivo porque los ingresos por el sobreprecio del crudo compensaron parcialmente la disminución de la generación real de riqueza.

Pero no se trata de hablar del pasado. Solo se intenta recordar que 'los pueblos que no conocen su historia están sentenciados a repetirla'.

Hoy, antes de cumplir el segundo mes del año, se corrigen todas las proyecciones oficiales: la devaluación esperada para todo el 2003 fue ya alcanzada (se preveía $3.000 por dólar a diciembre); según Fedesarrollo, la demanda de los hogares disminuyó 4,5% en el último mes (¡el Plan de Desarrollo está montado sobre un aumento promedio del 4%!); la meta fijada de inflación se estima en un 30% más de lo previsto (de 5,5% a entre 7% y 7,5%); el crecimiento del PIB se rectifica bajando de un pobre 2% a 1,5%; los recaudos de los bonos de guerra se destinaron a subsanar faltantes anteriores; en fin?

En cuanto a exportaciones, con la recesión estadounidense y los problemas de Venezuela y Ecuador, las ventas a nuestros tres principales clientes se derrumbaron.

Pero lo más grave es el abandono del sector de hidrocarburos donde el contrato recién firmado con la ChevronTexaco implica renunciar al futuro empresarial de Ecopetrol, y a la soberanía sobre nuestros recursos y nuestra política en materia de fuentes fósiles de energía. La práctica quiebra de la empresa estatal bajo las administraciones anteriores vino a ser completada con la entrega de las reservas gasíferas que representan hoy el activo cierto más importante de la Nación.

Como lo han señalado todos los escritos al respecto, a simple vista parece una barbaridad como negocio el haber aceptado la prórroga de la asociación; existe el agravante de haberlo hecho adaptándolo a la nueva ley que sustituye el 50% y 50% anterior por un 70% para la Chevron y 30% para Ecopetrol, y también el cuestionamiento sobre su legalidad puesto que la norma dice que es aplicable a los nuevos descubrimientos y este no lo es; teniendo en cuenta la situación petrolera, la dependencia del gas y la importancia estratégica de las políticas al respecto, el tema es trascendental y sería aún más cuestionable la medida. Pero lo más grave es la falta de elementos de juicio para saber cuál es la razón de ella, ya que se ha evitado un debate público alrededor del tema.

No hay duda de que el balance de Ecopetrol mostrará 'excelentes resultados'. El precio estimado para este año sería de US$23,7 por barril y el precio actual supera los US$35. Por eso es bueno que recordemos que nuestra variante de enfermedad holandesa consiste en perder la capacidad de análisis cuando con el producto de una bonanza nos disimulan la catástrofe que se produce paralelamente a ella.
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