Opinión

  • | 1994/08/01 00:00

    NO TODO MAL PARA SAMPER

    Con la economía a su favor y con el respaldo electoral que recibió Samper no tendrá problemas al inicio de su gobierno. Mientras tanto Pastrana quede por ahora en un limbo.

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¿Qué consecuencias puede tener para el próximo gobierno la circunstancia de que Ernesto Samper haya ganado la Presidencia en una segunda vuelta -y no en la primera y lo haya logrado con apenas un 0.3% de ventaja sobre su adversario? Y ¿qué implicaciones tiene el hecho de que Andrés Pastrana haya estado a punto de ganarle al candidato oficial de un partido no sólo mayoritario sino unido? Vale la pena reflexionar sobre ello.

Primero: No cabe menospreciar la votación de Samper en la primera vuelta, la cual estuvo cerca (con un 45.3%) de ganarle la Presidencia por mayoría absoluta, teniendo como adversarios no sólo a Andrés Pastrana sino, además, a dos adversarios también liberales y a la alianza liderada por Antonio Navarro.

Segundo: Si se compara el número de votos alcanzado por Samper en la segunda vuelta en cada uno de los departamentos (excluidos los antiguos Territorios Nacionales) y en el Distrito Capital, con la votación que cabría esperar a la luz del desempeño de los candidatos liberales a la Presidencia entre 1976 y 1990, ajustando estas últimas cifras según el crecimiento numérico (vegetativo) de la población en edad de votar registrado desde cada una de esas elecciones hasta la fecha, la votación por Samper es, en general, inferior al promedio esperado de votos liberales.

Más exactamente, el volumen de votos por Samper, en la perspectiva histórica 1978-1990, no constituye un éxito rotundo, ni tampoco un fracaso. Significa un desempeño intermedio, más bien bajo, entre estos dos extremos. Pero conviene recordar que todas las elecciones celebradas después de la Constituyente de 1991, ha mostrado niveles excepcionalmente bajos de votación, quizás por debilitamiento de las maquinarias tradicionales.

Tercero: A juzgar por lo que mostraron las encuestas preelectorales, Samper -lo mismo que Pastrana- ha tenido una acogida entre la población mucho mayor que la expresada por los votos a su favor. Acogida que, por motivos que no es del caso considerar en este momento, en las fechas establecidas de votación no materializó a cabalidad. Pero que era, y cabe pensar que sigue siendo, real.

Estos tres hechos implican, a mi juicio, que el nuevo presidente va a empezar su gobierno con un grado sustancial de apoyo por parte de la opinión pública. Creo, por otro lado, que tanto la forma como él ha enfrentado el problema de los narcocasetes, como los nombramientos de ministros ya anunciados, han sido bien recibidos por buena parte de esa misma opinión.

De otra parte, Samper comienza su gobierno con la intención de aliviar las quejas de varios sectores golpeados por las políticas del gobierno que termina. Esto le favorece, por lo menos en los primeros meses, en la medida en que estos sectores le otorguen un compás de espera.

Ese grado sustancial de apoyo a su favor le permite a Samper un buen margen de maniobra frente a los congresistas, para impulsar sus iniciativas legislativas y, si es del caso, sus eventuales concesiones a favor de la guerrilla.

Este margen es tanto más importante cuanto que Samper va a contar con un Congreso en el cual su partido, el liberal, predomine, pero está atomizado. En particular, no es claro hasta dónde los congresistas, liberales (aun los mismos samperistas) van a respaldar los proyectos de ley del presidente electo. Como todos los presidentes anteriores con respecto a los congresistas de su respectivo partido, Samper no tiene instrumento alguno eficaz para imponerles disciplina. El apoyo de cada congresista se recibe o se gana proyecto por proyecto. Samper, sin embargo, cuenta con suficiente experiencia en el manejo del Congreso, y como presidente va a disponer de generosos recursos para halagar o castigar, en función de sus objetivos de gobierno. Además, se apoyará en dos congresistas veteranos, Horacio Serpa, desde el Ministerio de Gobierno, y Fernando Botero, desde el Ministerio de Defensa. De otra parte, es probable que los cristianos y algunos conservadores estén bastante dispuestos a respaldar las iniciativas del nuevo gobierno en el Congreso. Esta situación sugiere que Samper tiene una probabilidad más que mediana de sacar adelante sus intereses ante el Congreso Nacional, al menos en el primer año de gobierno.

Conviene ahora mirar los resultados electorales para Andrés Pastrana. La cuantía de votos que alcanzó en la segunda vuelta supera la de Alvaro Gómez en 1986, y la votación conjunta de Rodrigo Lloreda y Alvaro Gómez en 1990, aun ajustando dichas cifras para tener en cuenta el crecimiento de la población en edad de votar; pero es un poco inferior tanto al récord de Belisario Betancur en 1982, como la del mismo Betancur en 1978.

Sin embargo, en la medida en que la campaña de Pastrana se distanció deliberadamente del partido conservador y que Gómez y Betancur apenas le acompañaron desde lejos, el triunfo de Pastrana le consagra como un gran pero solitario ganador. Se trata de un triunfo muy notable porque se apoya ante todo en el carácter y trayectoria de una persona," pero que frente al gobierno de Samper le deja en un limbo: Pastrana no es el jefe del partido conservador, ni tiene curul en el Congreso, y cuenta con muy escasos representantes suyos en esta corporación. Por tanto, así lo quisiera -lo cual no es claro- no tendría Pastrana los medios para liderar un sólido grupo de oposición al nuevo gobierno. Esto, por supuesto, favorece a Samper.

Y fuera del partido conservador, las otras fuerzas políticas son tan débiles que no constituyen fuerza significativa de oposición o de apoyo, salvo ante situaciones de empate en el trámite de algún proyecto de ley en el cual uno o varios de esos grupos pueden jugar un papel decisorio.

Saliéndonos del campo de la política interna, cumple destacar que la mayoría de los indicadores sobre el estado de la economía son favorables: un alivio para el gobierno que comienza. La gran nube negra es el estado de nuestras relaciones con Estados Unidos, que va a requerir una gran dosis de cabeza fría y mucha imaginación.
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