Opinión

  • | 2004/10/29 00:00

    No tocar

    No es cierto que las tasas de interés locales deban seguir el alza de las tasas externas. Hay que permitir que el ajuste del mercado se efectúe vía tipo de cambio.

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Contra todos los pronósticos la tasa media de los depósitos a 90 días, a la que están ligadas la mayoría de las tasas comerciales, sigue en el suelo. La actual DTF nominal es igual que hace dos años y la tasa real también ha sido muy estable. La reciente estabilidad y los bajos niveles de las tasas de interés lucen como de país desarrollado o dragón asiático.

Hoy, con más de tres años de tasas por el suelo ha desaparecido toda duda razonable sobre una respuesta negativa del ahorro a la reducción en las tasas de interés. No hay cifras oficiales actualizadas sobre el ahorro doméstico pero sí fuertes indicios de que creció. Al fin y al cabo la inversión aumentó y tuvo que financiarse en buena parte con ahorro interno, pues el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, esto es, el ahorro externo, disminuyó. Por otra parte, el llamado "ahorro transferible", la parte de su riqueza que la comunidad mantiene en papeles financieros, está creciendo más de 10 puntos por encima de la inflación.

En esas condiciones no tendría sentido hablar de un costo de haber tenido tasas de interés moderadas. En cambio, los beneficios de haber contado con tasas bajas están a la vista. Aumentó la inversión en inmuebles, acciones y empresas. La calidad de la cartera bancaria es excelente. Las tasas bajas mejoraron la competitividad de la producción local frente a la externa y se detuvo la regresiva redistribución del ingreso a favor de los rentistas.

Lo malo es que, a pesar de ser la tasa de interés el precio más importante de la economía, con grandes efectos sobre la inversión, el crecimiento, la competitividad externa, la salud del sistema financiero y la distribución del ingreso, es muy manipulable en el corto plazo. La historia colombiana y la de muchos otros países no deja dudas al respecto.

Parte de la paradoja se explica porque el ahorro y la inversión son muy poco sensibles a los cambios en las tasas, mientras no se traspase cierto umbral. Ello ha llevado a muchos a pensar que las tasas son poco menos que irrelevantes, y confieso que yo mismo llegué a considerarlas así, hasta que el desastre macroeconómico de finales de los 90 me llevó a repensar el asunto. Hoy creo que tasas altas de interés son el instrumento más eficaz para arruinar una economía. Y también que no hay cosa como bajas tasas de interés, sostenidas durante años, para impulsar la inversión y el crecimiento.

Pero la inestabilidad de las tasas no se explica solamente por la escasa capacidad de la economía para corregir pequeñas desviaciones de ese precio, porque el ahorro y la inversión responden a tales desviaciones con parsimonia. La verdad es que la mayor parte de los cambios en las tasas de interés tienen origen en decisiones de los bancos centrales. A la autoridad monetaria le encanta demostrar su poder modificando cada cierto tiempo las tasas de interés. Incluso cuando se abstiene de modificarlas, como ocurre hace meses con el Banco de la República, tiene buen cuidado de advertir cada vez que, ojo, esta ha sido una concesión graciosa del Olimpo, y nadie debe dar por descontado que las cosas seguirán así.

Para lo que sirva -y sé de sobra para qué sirve- quiero señalar que la idea de que el Banco de la República está poco menos que obligado a elevar sus tasas de interés porque muchos otros países las están elevando carece de sentido bajo un sistema de tipo de cambio flotante. Que la verdadera razón por la que el Banco de la República subirá más pronto que tarde las tasas locales "en respuesta a los aumentos en las tasas externas" será para frenar un alza del dólar. Y que ello será un error garrafal. Aunque hoy la situación sea menos extrema que hace seis años, lo que la economía está necesitando es, como en 1998, que se mantengan las menores tasas posibles y se permita que la respuesta económica a mayores tasas externas sea la corrección de la sobrevaluación del peso.
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