Opinión

  • | 1998/03/30 00:00

    ¡No se queden ahí sentados!

    La tasa de interés ha alcanzado niveles pre-recesión. Varias cosas deberían hacerse para evitarle un daño innecesario a la economía.

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Puesto que desde hacía rato venía señalando que las tasas de interés iban a subir y que existía un riesgo de que se dispararan por razones cambiarias, y había recomendado a mis lectores deshacerse de las inversiones de largo plazo y mantenerse líquidos para aprovechar las oportunidades, no tengo el menor empacho en decir que la rapidez y la magnitud del alza de las últimas semanas me sorprendió y ahora sí estoy preocupado.



¡Qué cuentos de escandola! Durante el último mes la tasa DTF subió 3 puntos largos y ahora está en 28,3% efectivo anual. La tasa real para depósitos ­la nominal ajustada por la inflación excluyendo alimentos­ ya va en 9,3%. Históricamente, ése es un nivel sólo visto poco antes de una recesión. Si las tasas siguen subiendo y si encima de eso el crédito crece más lentamente ­debido a la iliquidez­ caeremos en otra recesión, punto. Pero incluso si las tasas se quedan donde están, el golpe será difícil de asimilar para una economía que apenas estaba recobrándose del mazazo de intereses recibido entre 1994 y 1996.



Todos sabemos que la causa inmediata del reciente salto de las tasas de interés fue la creciente desconfianza en la banda cambiaria, que implica la necesidad de mantener el mercado financiero seco para reducir el riesgo de que todas las empresas se larguen a comprar dólares, prepaguen deuda externa y agoten reservas. Si la presión sobre la banda no desaparece, la autoridad monetaria seguirá maniatada para aliviar la iliquidez e impedir nuevos aumentos de tasas de interés, incluso si las metas monetarias se cumplen con exceso.



Vale la pena preguntarse sobre el costo y el beneficio ­sobre quiénes pagan el costo y quiénes reciben el beneficio­ de estrangular a toda la economía para impedir que el precio del dólar alcance un nivel de equilibrio más natural.



Pero el Banco de la República nos dice que los pronósticos de pérdida masiva de reservas son una exageración, que durante las últimas semanas no ha necesitado vender dólares y que el hecho de que el dólar siga casi pegado al techo de la banda no debería preocupar, porque la cotización tiene una tendencia a pegarse al piso o al techo de la banda y ahora estamos, simplemente, en una fase en la que le dio por pegarse al techo.



Si de verdad no estamos en una situación en la que deba sacrificarse la economía para pulir la banda, no parece irrazonable pedir que se tomen medidas que reduzcan la presión alcista sobre las tasas de interés sin sacrificio de las metas monetarias. Subrayo el punto porque, aunque no estoy de acuerdo con las actuales metas ­ni siquiera estoy de acuerdo con que existan "metas monetarias"­, creo que la situación es demasiado grave para insistir en peleas perdidas.



Más allá de la solicitud ritual de que se reduzca el déficit fiscal ­un área en la cual el actual gobierno le ha dado al próximo una gran oportunidad de lucirse­, creo que habría que actuar de inmediato en cuatro frentes.



* Primero, eliminar de una buena vez el depósito para los desembolsos de crédito externo de largo plazo. Es una terquedad inaceptable de la Junta que, cuando estamos saltando matones para financiar el déficit corriente de la balanza de pagos, insista en mantener un encaje al endeudamiento de largo plazo, con el flojo argumento de que el sobrecosto no es demasiado grande.



* Segundo, el gobierno debe modificar el absurdo esquema de financiamiento que ha venido aplicando y que lo ha llevado a pagar sobre sus papeles de cero riesgo tasas casi de captador pirata. Es difícil creerlo, pero en la subasta de Títulos de la Tesorería del 11 de marzo se colocaron TES a un año de plazo a 28,9% (1,87 puntos por arriba de la DTF) y TES a dos años de plazo a 30,9% anual (3,87 puntos por encima de la DTF). El gobierno no es un captador marginal, por lo que no tiene sentido que salga a pagar "lo que toque". Debe definir un rendimiento razonable para sus títulos ­jamás por encima de la DTF­ y si los "creadores de mercado" no pueden o no quieren absorber sus títulos, debe buscar otros que lo hagan, comenzando por las entidades públicas.



* En tercer lugar, debería ponerse en marcha sin más demoras el esquema de operaciones de mercado abierto con Títulos de la Tesorería, que se ha venido posponiendo de manera inexplicable. Ese esquema, que consiste en que el banco central compre en el mercado secundario títulos oficiales, es la forma como en todos los países desarrollados se irriga liquidez de manera ordenada a la economía, con el beneficio adicional de una gran capacidad del banco central para orientar las tasas de interés. Salvo que el Banco de la República se equivoque y sigamos de infarto en infarto cambiario, las condiciones de 1998 son ideales para introducir las nuevas operaciones de mercado abierto.



* Por último, las actuales circunstancias monetarias ­en las que no hay fuentes de emisión y por el contrario habrá que diseñar mecanismos para ampliar la cantidad de dinero a fin de no caerse del piso del corredor monetario­ son excepcionalmente favorables para eliminar el absurdo "encaje-impuesto" de 7% marginal sobre los CDT que continúa gravando la intermediación financiera. Estamos en mora de sustituir los requisitos del encaje sobre los CDT ­un sobrecosto que se traslada a los créditos­ por la exigencia razonable de que las entidades de crédito mantengan un pequeño porcentaje de esas captaciones en inversiones líquidas y totalmente seguras (TES).



Por supuesto, si el Banco de la República se equivoca y se siguen perdiendo reservas internacionales, ninguna de las medidas señaladas podría evitar que las tasas de interés siguieran para arriba y la economía para abajo. Pero si el Banco tiene razón y la situación cambiaria tiende a normalizarse, las propuestas señaladas, que no entran en conflicto con el control monetario, evitarían que el país tenga que pagar el costo absurdo de una nueva recesión mientras adopta las medidas de fondo para resolver su problema fiscal.
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