Opinión

  • | 2006/06/08 00:00

    No soy feliz porque tengo marido

    Las mujeres están desencantadas de la relación de pareja. Quieren estar solas, tranquilas y sin presiones.

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Adiferencia del título del monólogo que se está presentando en teatro —que no he visto— "No seré feliz, pero tengo marido", el motivo de consulta de la mayoría de las parejas que he recibido en los últimos tiempos ha sido que las mujeres no están felices ¡porque tienen marido! Estas mujeres parecen haber llegado al límite de su paciencia y de su esfuerzo por mantener y desarrollar una relación y ya no están dispuestas a continuar haciéndolo.

Todas ellas, entre los 32 y 45 años, a pesar de ver en sus compañeros personas dedicadas y generosas, se quejan de no recibir la atención ni las expresiones de cariño que les han pedido a lo largo de los años.

El desencanto no proviene de la ilusión con otra relación. "No me volvería a casar", dicen todas: quieren estar solas, "tranquilas", sin presiones de ninguna especie por parte de su pareja y sin la dolorosa expectativa de ver satisfechas sus necesidades.

Obviamente, hay todas las diferencias individuales entre un caso y otro. Una de las mujeres, después de un matrimonio de 25 años y tres hijos, resolvió irse un tiempo de la casa porque se dio cuenta con gran dolor de que ella como persona desapareció. Su marido no ha hecho sino darle gusto a lo largo de su vida de pareja y cumplir lo que ha considerado su papel: ser un caballero, en todo el sentido de la palabra. Para esta mujer, como para otra diez años menor y sin hijos, esos caballeros no las tratan como iguales sino como princesas. Pero ambas quieren ser tratadas como iguales: conocer los problemas económicos y participar en su solución, contribuir en las decisiones, es decir, ser verdaderos colegas frente a los diversos aspectos que se enfrentan en la vida familiar.

En otros casos, la principal dificultad es que ellas consideran que se han hecho cargo de todo lo relacionado con la crianza de los hijos e incluso con la atención a una parte de las necesidades económicas del hogar y su pareja no lo reconoce. Los maridos son personas responsables a su manera pero las han dejado solas afectivamente y el vacío que sienten les genera una profunda tristeza que les impide darles una segunda oportunidad.

Todos estos casos, por su frecuencia y por su particularidad, revelan lo que está cambiando el papel de hombres y mujeres en la sociedad y en la relación de pareja. Como dice Constanza Tobío en su libro sobre las mujeres españolas "Madres que trabajan", hoy el hombre ya no es el destino de la mujer, ni el matrimonio una vocación. Y esto los tiene descolocados a los dos. Tener un marido o conservar una relación matrimonial ya no es el "premio mayor" para todas las mujeres, ni la fuente de su felicidad. Necesitan ser comprendidas y atendidas como personas adultas, complejas, con necesidades afectivas y deseos de satisfacción sexual.

Ya no estamos hablando de la mujer "delicada" y el caballero andante. Hoy las mujeres pueden manifestar sus fortalezas en todos los campos y los hombres a su vez tendrían que poder expresar su vulnerabilidad. Y en la relación de pareja poder compartir en situación de igualdad. La separación hogar - trabajo como la vivieron nuestros padres, con la división tan radical que esto conllevaba, ya es bastante excepcional. Las mujeres tendríamos que abocarnos a perder el papel de "ama" de casa y dejar que nuestra pareja asuma responsabilidades y no solo cumpla tareas. Y también asumir nuestra autonomía e independencia en toda su extensión, con la consecuente responsabilidad de ser felices y no esperar a que nos hagan felices.

Y los hombres a su vez tendrán que revisar esa convicción subyacente de que el trabajo es lo fundamental y que su principal contribución es proveer lo necesario para la satisfacción de las necesidades materiales con el respectivo abandono —que en ocasiones llega hasta a la negación— de sus propias necesidades afectivas. Y dejar de lado la incapacidad, que la dedicación al trabajo va generando, para disfrutar de lo sencillo, de lo elemental: estar ahí, con su familia, con su pareja, disfrutando por ese solo hecho. ¡Y todo ello con alegría!

conniedesantamaria68@hotmail.com

conniedesantamaria68@hotmail.com
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