Opinión

  • | 2005/04/15 00:00

    No entrar en la carrera

    Aun si la compra de armamento por Venezuela tuviera una motivación hostil a Colombia, Chávez solo podría tener éxito si intentáramos "recuperar el equilibrio militar".

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A raíz del reciente anuncio de ventas de equipo bélico de España a Venezuela, el ex Ministro de Defensa Rafael Pardo Rueda señaló en El Tiempo que Colombia debe evitar entrar en una carrera armamentista con nuestro vecino y precisó que, si lo hiciera, el principal riesgo no sería un enfrentamiento armado sino "cambiar nuestras prioridades en defensa interna, que no pueden descuidarse". Hasta ahí, estoy de acuerdo. Pero no puedo acompañarlo en su conclusión de que "al gobierno de Colombia le corresponde buscar con diplomacia y firmeza un compromiso que preserve el equilibrio militar, sin afectar nuestras necesidades continuas y muy grandes en defensa interna".

Para Colombia sería un error buscar "equilibrio militar" con Venezuela, ya sea entrando en una carrera armamentista o desgastándose en la búsqueda de elusivos compromisos que implicarían que gastemos para corregir el desequilibrio que ya se avizora. La pretensión de que debe mantenerse un equilibrio militar implica aceptar conceptos que no considero válidos. Primero, que Venezuela tiene intenciones hostiles hacia Colombia, cosa muy distinta a reconocer que entre los gobiernos de ambos países hay mutua antipatía y terribles prevenciones. Segundo, que además Venezuela constituye una amenaza que puede y debe ser neutralizada por la vía de una capacidad militar disuasiva, y no de otra manera. Ambos supuestos les conceden kilómetros de ventaja a los partidarios de que se gaste más en equipo bélico.

Sospecho que la motivación del gobierno y del generalato venezolano al efectuar grandes compras de armamento, además del explicable temor a los golpes de Estado con apoyo externo, es la usual en los países emergentes: la feria de comisiones. Pero supongamos que, por esta vez, los objetivos de algunas de esas compras fueran menos tradicionales y más protervos. Digamos, que Chávez realmente quiera suministrarle armamento a la guerrilla colombiana.

¿Cómo, exactamente, podría la compra colombiana de más tanques, aviones de combate y naves de guerra impedir que Chávez apoye a las Farc? ¿Acaso intimidándolo con el mensaje de que si lo hace los atacaremos militarmente? El escenario es descabellado. Si Chávez decidiera apoyar militarmente a las Farc la respuesta adecuada colombiana no sería un demencial ataque militar a Venezuela sino acudir a las instancias internacionales. Las compras colombianas de armamento distinto al requerido para el conflicto interno le darían a las de Venezuela una legitimidad de la que hoy carecen.

Supongamos en cambio que desistimos de participar en la carrera armamentista y que se acentúa el desequilibrio militar de Venezuela sobre Colombia al máximo imaginable y aún más allá. Por ejemplo, al que existe entre Estados Unidos y México o entre Estados Unidos y Cuba. Además, para no descartar a priori el absurdo, supongamos, que Chávez fuera tan torpe para hacer lo que ni siquiera Estados Unidos ha creído prudente hacer con Cuba, pese al infinito desequilibrio militar y la hostilidad de cuatro décadas: atacar militarmente a Colombia. ¿Qué podría hacer Venezuela con su equipo pesado? ¿Acaso bombardear el Chicó? ¿Ponerle sitio a Cartagena?

Los escenarios de confrontación militar colombo venezolana son de comedia pura y solo pueden parecerle verosímiles a la inteligencia militar, que ya se sabe qué relación tiene con la inteligencia. Una agresión venezolana sería un "papayazo" a Estados Unidos, que estaría encantado de tener un pretexto para intervenir abiertamente en Venezuela, tumbar a su gobierno y reemplazarlo por un títere que les asegure el terreno a las petroleras estadounidenses, quizás bajo algo parecido al TLC. Seamos serios: la única forma como Chávez podría obtener una victoria sobre el gobierno colombiano y apoyar eficazmente a las Farc es induciendo a Colombia a desangrarse económicamente en la búsqueda de un ilusorio equilibrio militar con Venezuela.

Es lastimoso que, décadas después de que Alemania y Francia, que libraron entre sí tantas guerras y tenían una animosidad de siglos, lograron dejar atrás esa imbecilidad, en Colombia y Venezuela, que son casi el mismo país, muchos sigan considerando posible la confrontación militar, y haciéndoles el juego a los vendedores de armamento y a los buscadores de comisiones. La mejor manera de superar ese clima irracional es intensificando las relaciones comerciales, hasta que cualquier alusión a escenarios de guerra sea considerada ridícula. Mientras tanto, la gente sensata de ambos países debe hacer lo posible por dejar en evidencia lo absurdo de la idea de una confrontación militar.
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