Nigeria: ¿deuda o democracia?

| 3/24/2000 12:00:00 AM

Nigeria: ¿deuda o democracia?

Los países desarrollados están a punto de impedir que Nigeria haga el tránsito definitivo hacia la democracia. Estarían condenando al país a repetir su pasado de corrupción, enfermedad y miseria.

por Jeffrey Sachs

Cuando los países pobres y altamente endeudados luchan por hacer el tránsito de la dictadura a la democracia, las acciones de los países ricos pueden ser decisivas. Si estos últimos insisten en repagos puntuales de la deuda y en medidas de austeridad, corren el riesgo de destruir la estabilidad social necesaria para que la nueva democracia eche raíces.



La codicia, el cortoplacismo y la indiferencia de los países ricos, sin embargo, no deben ser subestimados nunca. Recientemente, los países europeos y, al parecer, el Fondo Monetario Internacional rechazaron la petición de la nueva democracia de Nigeria sobre una reducción de deuda. En lugar de ello, dicen, Nigeria debería incrementar su servicio de deuda en este año y debería olvidarse de la reducción.



El gobierno francés, como organizador del comité de países acreedores (el llamado Club de París), lleva la mayor parte de la responsabilidad por esta política egregia, pero muchos otros gobiernos y agencias internacionales comparten la culpa. Uno esperaría que Francia, Estados Unidos, el Reino Unido y el FMI tuvieran una mayor conciencia de la historia reciente. Hace 7 años, Nigeria había emprendido el peligroso y traicionero camino hacia la democratización. Un gobierno de transición fue encargado de adelantar las elecciones nacionales de 1994. Sin embargo, a finales de 1993, el FMI y el Banco Mundial presionaron a Nigeria para eliminar los subsidios a los productos del petróleo, como una medida austera promovida por los acreedores.



La oportunidad no habría podido ser peor. La eliminación de los subsidios a los combustibles provocó numerosos motines y paros contra el gobierno de transición, lo que otorgó a los militares una excusa para reasumir el control. Hubo que esperar otros 6 años de rapaz dictadura militar antes de que Nigeria tuviera otra oportunidad de llegar a la democracia.



El año pasado, Nigeria logró un notable escape hacia la democracia. Después del brutal e hipercorrupto gobierno del general Sani Abacha, quien murió repentinamente, los militares aceptaron a regañadientes la realización de elecciones nacionales. La elección llevó al poder a Olusegun Obasanjo, figura de unificación nacional con impecables credenciales democráticas y un nigeriano respetado mundialmente. Fue el presidente Obasanjo quien, como jefe del Ejército a finales de los 70, lideró una transición anterior a la democracia.



Pero los retos del nuevo Estado son enormes. El país sigue en la pobreza y la división étnica. El sistema de servicios sociales permanece en colapso, tras años de corrupción militar y robo del erario. Una epidemia de sida crece en espiral y podría barrer con la sociedad entera. La expectativa de vida ya ha declinado de 58 a 54 años como consecuencia del sida.



Los países de Occidente afirman cínicamente que Nigeria es un país rico y, por tanto, debe exigírsele que responda por sus deudas. Si realmente creen esto, no son más que unos tontos. Aunque Nigeria es un considerable productor de petróleo (cerca de 2 millones de barriles diarios), debido a su vasta población de 120 millones de personas el ingreso per cápita generado por este petróleo apenas es de US$100 a US$150 al año. Y puesto que el petróleo constituye cerca del 90% de las exportaciones del país, el ingreso petrolero es todo lo que los nigerianos tienen para sobrevivir en la economía mundial.



El resultado es un ingreso promedio por persona (incluyendo la economía petrolera y la no petrolera) de casi US$300 al año, que hace de Nigeria uno de los países más pobres del mundo. Las condiciones sociales son abismales, acordes con esos niveles de pobreza. Hay enfermedades masivas, alta desnutrición y deserción escolar.



La historia podría repetirse. Al parecer, Nigeria está siendo presionada para que aumente sus pagos de servicios de la deuda. Hasta ahora, los acreedores han rechazado las solicitudes de Nigeria por una reducción de deuda y en su lugar han ofrecido una solución vacía, consistente en una "reestructuración de deuda". Esto significa que Nigeria podría posponer algunos pagos, pero se le cobrarían intereses de mercado plenos sobre la deuda reestructurada y finalmente tendría que amortizar todo el capital. Nigeria tendría que acceder a estos términos para ganar un pequeño nuevo préstamo del FMI, que en sí mismo deberá hacerse en términos de mercado.



Con un comportamiento como este, es difícil creer las palabras que salen de Washington, Londres, París y Berlín sobre el nuevo compromiso con la reducción de la pobreza en los países más pobres. O bien existe una desconexión total entre los líderes políticos que hablan en esos términos y los responsables en los ministerios de Hacienda, o todo esto no es más que un cínico juego que permite a los países ricos disfrutar su riqueza mientras no hacen más que lo mínimo posible por el resto del mundo. Creo que los conservadores ministros de Hacienda de los países ricos y también los funcionarios del FMI son ciegos a las implicaciones políticas de sus actos.



Los anuncios del "compromiso con la reducción de la pobreza" no parecen ser más que un cínico juego, que permite a los países ricos disfrutar su riqueza mientras hacen lo menos posible por el resto del mundo.
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