Ni "de todos" ni gratis

| 3/2/2001 12:00:00 AM

Ni "de todos" ni gratis

Para reducir el desempleo es necesario que la política económica le asigne verdadera prioridad a ese objetivo y que esté dispuesta a pagar algún costo para alcanzarlo.

por Javier Fernández Rivas

Como economista se me cae la cara de vergüenza con las últimas revelaciones del Dane. Un desempleo de 20,5% y un ingreso per cápita que acaba de recuperar su misérrimo nivel de 1994 son las pruebas reinas del fracaso en la conducción económica del país.



Ya es hora de que alguien lo diga en voz alta. No es cierto que "si el problema del desempleo es de todos, la solución también", como insiste abusivamente la propaganda de la televisión para disculpar a los responsables de la política económica.



No, señores, la solución no es "de todos", y el problema no se resuelve con exhortaciones a hacer remodelaciones caseras, a crear negocitos ni a abstenerse de ajustar las nóminas de las empresas. Lo que debe hacer cada quien es cumplir de la mejor manera posible sus responsabilidades. Las amas de casa, además de otras mil cosas, cuidando celosamente el presupuesto familiar en tiempos de crisis, en lugar de meterse en gastos inoportunos. Los trabajadores, siendo lo más productivos posible, aunque ello implique que, gracias a su productividad, se requiera cada vez un menor número de personas para producir un monto dado de bienes y servicios. Y los empresarios conduciendo bien sus empresas, sin eludir la triste obligación de recortar la nómina si la falta de demanda o las presiones de la competencia los obligan a escoger entre eso o avanzar hacia la quiebra y la pérdida de muchos más puestos de trabajo.



El desempleo solo puede reducirse a niveles tolerables creando condiciones para que las empresas decidan que es prudente y atractivo volver a ampliar la nómina. Así funcionan las cosas en una economía de mercado. Y los únicos que pueden influir esa condiciones son quienes manejan la política económica.



Sugerir que el problema tiene una solución simple y carente de costos sería un irrespeto a los millones de colombianos que padecen el drama personal de la desocupación. Pero, precisamente porque la solución no es fácil y porque tendrá un costo en términos de la velocidad con que se avanza hacia otros objetivos, como la reducción de la inflación, hay que dejarse de retórica y darle verdadera prioridad.



Parafraseando la conocida frase, cuando el desempleo está en 20,5% y la inflación está en 8,5% enfocar la política económica a la baja de la inflación y no a la del desempleo es peor que un crimen, una estupidez. No hay comparación entre la miseria, la corrosión social y los riesgos para la estabilidad política asociados con ese atroz desempleo, con esa bofetada diaria a millones de colombianos, y los beneficios de una reducción adicional de la inflación.



Incluso desde el punto de vista de la presentación internacional, que tanto influye las actitudes de los responsables de la política económica, no se ganaría nada bajando más la inflación a costa de dejar el desempleo en 20% o seguirlo aumentando así sea solo "en el corto plazo", ese espantoso corto plazo nuestro que ya va para una década. Los inversionistas y prestamistas internacionales tendrían que ser tarados para no darse cuenta de que un país con un desempleo de más de 20% es una bomba que podría estallar en cualquier momento, incluso si no existiera una feroz guerrilla que dispara desde todos los rincones.



Pero, además de darle prioridad efectiva a la reducción del desempleo sin dejarlo como un subproducto de la corrección de todos los desequilibrios económicos, el único enfoque económico responsable es el que acepta que hay que pagar un costo. Las autoridades saben de sobra que no se hace una tortilla sin cascar un huevo pero, hasta ahora, su prioridad ha sido lograr la tortilla de reducción de la inflación cascando los huevos de millones de colombianos.



¿Qué hacer? Algunas obras públicas, o "programas de choque" para construir andenes y cosas por el estilo, como se planteaba en el programa "Manos a la Obra" del que se habló hace un tiempo --y del que nadie sabe que se hiciera algo más que hablar--, podrían ayudar. Pero confieso mi escepticismo sobre iniciativas que suelen gastar millonadas y no crean muchos más empleos que los de los burócratas y asesores que las diseñan y manejan. Y no comparto la idea de que una mayor flexibilidad laboral pueda ayudar en el corto plazo a reducir el desempleo, así resulte conveniente en el largo plazo. Por el contrario, temo que podría agravarlo si los empresarios, desesperados por reducir costos, aprovechan una mayor flexibilidad para despedir trabajadores. O si, una vez se anuncie que las nuevas normas solo se aplicarán a los trabajadores nuevos, las empresas se quedan esperando a que se modifique la legislación y se abstienen de enganchar trabajadores incluso si aumenta la demanda.



Algo podría hacerse en materia de edificación, pasando de los permanentes anuncios, que ya nos tienen mamados, a los hechos. Pero la única política eficaz cuando se trata de crear muchos empleos de todo tipo, y no solo de albañiles, es elevar la demanda agregada. Fue lo que hicieron todos los países desarrollados en la segunda etapa de la Gran Depresión de los 30. Y lo que, sin duda, volverían a hacer si enfrentaran un desempleo como el colombiano.



Pero también debería actuarse sobre los factores que hicieron explotar la fuerza de trabajo. En los últimos doce meses la población económicamente activa de las mayores 13 ciudades (la suma de las personas ocupadas y de las que están buscando trabajo) aumentó 8,4%. No es que la gente piense que tiene muy buenos chances de conseguir empleo, sino que más y más microempresarios están tirando la toalla, que continúa la deserción masiva de los jóvenes de los colegios y universidades y que la insuficiencia de ingresos de los hogares obliga a muchas amas de casa a tratar de emplearse.



Pero ya veremos que el Banco de la República produce dentro de poco otro "paper" --ya lleva como diez-- para demostrar, indirectamente, que el supuesto estrés económico es un invento de comentaristas fastidiosos. Que la baja de la inflación acelera el crecimiento, de manera que la reducción de la inflación a la tercera parte durante la última década debió elevar en forma extraordinaria el ingreso nacional y que no se limitó a hinchar el ego de los señores de la Junta.



Lo malo para la credibilidad del Banco de la República es que el número de desempleados, poco permeables a sus ingeniosas demostraciones de que estamos mejor que nunca, aumentó 25% en los últimos doce meses y ya va casi en 3,3 millones. Y que, si la Junta se limita a la retórica, esa cifra seguirá en alza.
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