Opinión

  • | 1999/04/23 00:00

    Neoempresas

    La Colombia de hoy exige cambios de fondo en la forma como se entienden y enfrentan los problemas.

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Sin darnos cuenta, se nos acabaron el siglo y el país que pensamos que teníamos. En cuestión de pocos años, la película cambió: se derrumbó el paradigma de sociedad que se escondía detrás de la lapidaria frase "la economía va bien, pero el país va mal".



Estamos en otros tiempos. Ya no bastan el manejo prudente de unas cuantas variables macroeconómicas y los acuerdos entre un selecto grupo de ciudadanos.



Hoy éste es un país complejo, que no se puede explicar por la oposición entre neoliberales y neoestructuralistas, o entre los malos de años anteriores y los buenos de ahora. O por cualquier otro esquema similar.



En los términos de Hernando Gómez B. y sus colaboradores, estamos en los postrimerías de una sociedad en la que la racionalidad individual, con personas y grupos que maximizan beneficios particulares sin ninguna preocupación por el interés común, se manifiesta en una absoluta irracionalidad colectiva.



Tiene razón entonces Luis J. Garay cuando reclama un nuevo consenso nacional, por medio de un proceso público-colectivo-privado que nos permita erradicar las raíces profundas de la que denomina "cultura mafiosa".



En este contexto, resulta urgente revisar el papel que juegan los empresarios en el momento actual. A ellos, protagonistas privilegiados del desarrollo nacional, les corresponde asumir problemas, riesgos y retos que desbordan el marco de las actividades productivas tradicionales.



Las organizaciones gremiales, el mecanismo usual de representación empresarial, diseñadas para otras épocas, no parecen adecuadas para responder a las tareas que hoy enfrentan. El Consejo Gremial Nacional, que en un comienzo prometía convertirse en una iniciativa novedosa, como punto de encuentro para superar la dispersión de intereses sectoriales privados y comprometerse con el país desde otra perspectiva, se ha diluido.



En medio de la confusión actual, algunas cosas van quedando en claro. Los problemas que enfrentamos no se van a resolver con arreglos puntuales o con un crecimiento del PIB de 6% en el año 2001. Se acabó el espacio para que actores privilegiados se puedan dar el lujo de transferirles la responsabilidad a otros. En particular, les corresponde a los empresarios aportar a las soluciones en proporción directa con el poder que tienen. Samper, en tiempos de turbulencia y cuando quería transmitir tranquilidad, invitaba a 4 cacaos a Palacio; el presidente Pastrana hace pocos días reunió a 21 empresarios. La foto ya no es suficiente.
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