Negociación en casa

| 7/21/2000 12:00:00 AM

Negociación en casa

La mejor forma de generar armonía es mediante unas reglas de juego preestablecidas.

por Enrique Ogliastri

Muchos lectores me escribieron sobre una columna pasada, "La negociación cotidiana", expresando interés sobre la manera de enseñar a los hijos una sana cultura de negociación ante los conflictos. Es claro que las actitudes sobre la manera de enfrentar un conflicto o diferencia con otros se aprenden tempranamente en las relaciones con los padres. Pienso que se podrían distinguir tres maneras de resolver problemas en la familia: que los padres impongan su voluntad y autoridad sobre los hijos; que los dejen hacer todo lo que quieran a su libre albedrío; o que establezcan en conjunto reglas de juego que se cumplirán después.

El asunto es que al educar a los hijos implícitamente se les están enseñando negociación. La manera tradicional de educar es establecer disciplina y control externo, bien sea de manera agresiva y centrada en la autoridad, o de manera indirecta buscando información antes de manipular con suavidad. Esta es la escuela del poder, que los hijos aprenderán a manejar tan efectivamente como sus padres y que será su manera de negociar. Adicionalmente, los padres que apelan al poder y la autoridad cuando tienen un conflicto con sus hijos, vivirán una paulatina pérdida de las bases de su relación a lo largo de los años, ya que los hijos al entrar en la adolescencia tendrán cada vez más poder frente a ellos.

Otra manera de resolver diferencias con los hijos es cediendo a todas sus demandas. Ello incidirá en la manera como posteriormente negocien: aprenderán que la actuación agresiva es la solución más efectiva, y serán minusválidos consentidos toda su vida. Las anteriores escuelas son dos caras de la misma moneda. Se aprende que ante las diferencias se puede ganar o perder (y concluirán que es mejor ganar, que es mejor ser vivo, manipular, convencer o imponer).



Se puede traumatizar más a un hijo con la complacencia que con la disciplina.



La educación democrática es más difícil, por supuesto. Se ha dicho muchas veces que establecer marcos razonables de común acuerdo, cuyo cumplimiento es cuestión de compromiso mutuo, lleva a que cuando tienen que resolver un problema o diferencia los hijos buscarán desarrollar acuerdos con criterios compartidos.



Sus contrapartes en esa negociación de diferencias (los padres) no serán considerados adversarios ni se tratará de ganarles, sino de encontrar una solución de común acuerdo que los satisfaga a todos.



Así no aprenderán a decir mentiras ni necesitarán hacerlo para defenderse de los padres. Suplantar la relación de autoridad y recurrir al poder, dejar de manipular y de actuar unilateralmente, no solo les enseña a negociar, sino también a ejercer la libertad, a respetar las reglas y los derechos ajenos.



Paradójicamente, las familias que menos "negocian" son las que tienen acuerdos y reglas de juego conjuntas que todos respetan: tienen menos conflictos abiertos, tienen menor necesidad de confrontar las diferencias cada vez que se presentan.



Desde hace tiempo creo que la función de los abuelos es maleducar a los nietos. Debo agregar que en esto de educar a los hijos es fácil opinar, especialmente cuando los hijos son ajenos.
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