¿Necesita la Junta un cinturón de castidad?

| 8/18/2000 12:00:00 AM

¿Necesita la Junta un cinturón de castidad?

Si se imponen restricciones innecesarias a la solución del problema de la deuda pública no quedarán más opciones que estrangular tributariamente al país, o poner conejo.

por Javier Fernández Riva

La discusión sobre la posibilidad de emitir para el fisco está que arde. Hay despistados que califican la cosa de inconcebible, ignorando que todos los bancos centrales del mundo emiten para sus Gobiernos aunque casi siempre en forma indirecta, comprando bonos del Tesoro en el mercado, como lo ha venido haciendo el Emisor. Pero tampoco faltan quienes creen haber encontrado la receta para financiar más "inversión social".

Creo que los keynesianos locales tienen razón cuando afirman que el manejo económico debe ser diferente en medio de una recesión que en una bonanza, pero no voy a entrar en esa polémica porque quiero explicar una propuesta de emisión que lancé hace unas semanas, con un propósito más estructural, y que prendió el debate.



Todos sabemos que Colombia tiene un serio problema fiscal. Lo que muchos ignoran es que la mayor parte del déficit se explica por los intereses. Este año el Gobierno Central proyecta un déficit de $8,3 billones, de los cuales $7,2 billones son pagos de intereses. La carga de intereses es alta porque la deuda pública creció mucho en los últimos años pero también porque está contratada a tasas de interés absurdas. Aún hay bonos de deuda pública interna colocados al 30% anual, y la tasa promedio es más de 12 puntos superior a la inflación proyectada para los años siguientes.



La deuda pública creció mucho en los noventa por una explosión de la "inversión social", el gran invento local para justificar muchos gastos que en todos los países se clasifican como funcionamiento. Pero hoy, después de cortar la inversión a casi nada, esa deuda sigue creciendo porque el Gobierno se endeuda para pagar intereses.



A su vez, las tasas de interés de los bonos oficiales son altas porque, como la deuda crece tan rápido, los inversionistas temen que mañana les pongan conejo, por ejemplo entregándoles en pago acciones de las empresas oficiales, o algo peor. La bola de nieve financiera crece hacia la avalancha: suben las tasas de interés, aumentan los pagos financieros, sigue el déficit fiscal a pesar de los recortes, se eleva la deuda para financiarlo y arrancamos para la siguiente vuelta.



Pero la cosa es todavía peor. Hay venas rotas por las cuales se está desangrando el fisco sin que eso se refleje en las estadísticas oficiales porque lleva a un crecimiento desaforado de pasivos no registrados y, todavía, no exigibles. El ISS y los bancos oficiales son dos casos importantes. El Gobierno sabe que lo mejor sería cerrarlos, pero se muere de susto, y lo comprendo, ante la perspectiva de que una cirugía drástica eleve el déficit fiscal visible, y obligue a colocar todavía más bonos, disparando las tasas de interés. Por eso no hace nada y sigue debilitándose, como una empresa que sabe que le sobra la tercera parte de su nómina pero no puede financiar su liquidación.



Lo que he propuesto para evitar esa cadena que nos está llevando al desastre, es una consolidación de la deuda pública usando un crédito del Banco de la República. No para gastar más sino para ordenar la casa y evitar que el fisco siga desangrándose por altos pagos de intereses y por las venas rotas de las pensiones y el sector público financiero.



Antes de salir con que la operación dispararía la inflación le invito a pensar con calma en lo que ocurriría. El Banco de la República le daría un crédito al Gobierno, al 1% de interés anual, exclusivamente para que pague su deuda pública interna. Los actuales tenedores de bonos públicos (fondos de pensiones, aseguradoras, bancos, etc.) son inversionistas institucionales que tienen que invertir esos fondos, y que no van a comérselos en papas fritas. Una vez reciban el pago solo tendrían dos opciones:



1. Comprar dólares. Pero el dólar ya está caro. Si la cotización sube, digamos, $200, cosa que ocurriría antes de poder invertir en dólares muchos de tales fondos, la perspectiva sería lenta devaluación futura o incluso caída del dólar, lo que haría muy peligrosa una inversión adicional. La Superbancaria tendría que calificar de insegura esa inversión.



2. Invertir en el mercado local. Como no hay papeles locales para invertir, si las cosas quedaran libradas a sí mismas las tasas de interés se irían al suelo.



Para evitar el desplome de las tasas, que sería indeseable, el Gobierno podría salir con una gran emisión de bonos públicos a 10 años a una tasa predeterminada, digamos UVR más 6%. En la práctica, estaría sustentando la tasa de interés, para beneficiar a los fondos de pensiones. Pero el Gobierno no tendría una meta predeterminada de colocaciones que pudiera volver a ponerlo contra la pared. Parte de los fondos captados en el mercado se destinarían a cauterizar las venas rotas de las pensiones y los bancos oficiales y el sobrante a cancelar deuda con el Banco de la República, que en su mayor parte habría cumplido un papel de puente.



La operación reduciría el déficit fiscal actual y futuro y evitaría tener que seguir elevando los impuestos --la nueva insensatez en curso-- para pagar intereses onerosos. También daría seguridad a los inversionistas institucionales y crearía un entorno favorable para la emisión de bonos del sector privado a largo plazo, que hoy no tienen ninguna posibilidad.



He oído a quienes dicen que en materia de emisión para el fisco uno sabe dónde comienza pero no dónde termina. Pero, aunque a veces no lo parezca, tengo mejor opinión de la Junta del Banco de la República que muchos de mis críticos, que solo confían en ella mientras lleve un cinturón de castidad. Una medida como la que he propuesto, como parte de un paquete para el ordenamiento de las finanzas estatales, no tendría que dar lugar en el futuro a emisiones a troche y moche.



Pero reconozco que mi propuesta supone unas autoridades con el suficiente criterio para saber cuándo se justifica usar su enorme poder para contribuir al ordenamiento económico, y con el carácter requerido para rechazar las propuestas que estén orientadas a financiar más gasto. Si esas condiciones no se dan mis críticos tienen razón y lo indicado será mantenerle a la Junta su cinturón de castidad.



El "conejo" a los tenedores de la deuda pública o la madre de todas las reformas tributarias, para pagar los absurdos intereses, estarán entonces a la vuelta de la esquina.
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