Opinión

  • | 2009/10/30 12:00

    Nadie teme al calentamiento global

    ¿Qué se requiere para que la humanidad tome decisiones valientes? ¿Será que necesitamos más huracanes que con su destrucción nos ayuden a actuar?

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Nunca antes la humanidad había identificado una amenaza mayor para su supervivencia que la que ahora nos trae el calentamiento global y sus posibles consecuencias sobre el planeta.

En alguna medida, la carrera nuclear vivida entre las décadas de los 40´s y 60´s es el único hecho comparable dentro de la larga historia de nuestra especie. En las dos ocasiones, la causa de la alarma ha sido producida por el hombre. Durante esos años, la posibilidad de que una situación de tensión desatara una guerra nuclear de grandes proporciones dominó el escenario de las fobias sociales.

Por una u otra razón los pueblos y gobernantes entendieron la gravedad de la situación y se hicieron grandes esfuerzos para llegar a acuerdos que redujeran el arsenal nuclear, para que se vigilara la producción de materiales radiactivos y sobre todo para que la destrucción del planeta no dependiera de la histeria o neurosis de dos señores sentados en Moscú y Washington.

Sin embargo, las dos amenazas tienen una gran diferencia. La amenaza del calentamiento global puede destruir a la humanidad, pero lo hace más o menos lentamente. Es posible que algunos de nosotros, si las cosas siguen mal, pudiéramos ser testigos del deterioro del planeta y de algunas muy graves consecuencias, pero es prácticamente imposible que viéramos la desaparición de la especie humana. Por el contrario, la amenaza nuclear siempre se ha percibido como inmediata y con efectos directos sobre la generación que la está produciendo. En otras palabras, las personas que produjeron y administraron las bombas atómicas podían ser víctimas directas de una eventual guerra nuclear, mientras que quienes producimos el actual daño al planeta seguramente no tendremos más que algunas incomodidades menores sobre nuestra forma de vida en el peor de los casos.

Siempre he tenido la hipótesis de que la crisis de amenaza nuclear se solucionó por el temor de los individuos a morir en cualquier momento. El temor era más que evidente y definitivamente generalizado. Desde las ciudades hasta los hogares contaban con refugios antinucleares, se construían depósitos con alimentos para los primeros días después de un ataque nuclear y, en general, se entendía que cualquier día de cualquier semana se podía ser víctima de un ataque como el que sufrieron Hiroshima y Nagasaki.

Si la anterior hipótesis es cierta, la gran desgracia para el planeta y la humanidad es que nadie tiene temor real del calentamiento global. A nadie le parece que es posible que mañana sea la última vez que pueda ver a su familia o a sus amigos. Más aun, muy pocas personas de las que tendrían a su cargo propiciar soluciones o tomar decisiones drásticas siquiera creen que puedan estar vivas en el año 2050 cuando se podrían presentar los primeros síntomas graves de la crisis que estamos creando. Lo cierto es que cualquier solución deberá entonces nacer de la responsabilidad que en realidad podamos tener con las futuras generaciones.

Si a lo anterior se suma el hecho de que detrás de la causa de la crisis de calentamiento están una buena cantidad de intereses económicos, el panorama es verdaderamente desolador.

Parecería ser que el temor es mucho mejor consejero para la humanidad que la responsabilidad. Al menos le ayuda a tomar decisiones más radicales y valientes, mientras que la responsabilidad, al menos desde el punto de vista colectivo, no es suficiente motivo para tomarlas.

No todo es tan desolador, el 21 de octubre pasado se produjo un hecho trascendental cuando 27 países de la Unión Europea por primera vez se comprometieron formalmente a reducir los gases causantes del calentamiento global en un 10% en las emisiones de aviones y 20% en las emisiones de barcos para el año 2020. También por primera vez resaltaron la importancia de reducir las emisiones de automóviles, lo que incluso podría significar que se requiere un pacto distinto al protocolo de Kioto que incluya esta decisión. Por último, acordaron también reducir entre un 85% y un 95% la totalidad de los gases causantes de efecto invernadero de hoy al año 2050.

Son importantes pasos, pero lejanos de ser suficientes. Por ejemplo, la Unión Europea produce solo el 40% de las emisiones. ¿El resto de países serán capaces de hacer lo mismo? ¿La misma Unión será capaz de acelerar el proceso y no esperar 31 años?

La amenaza esta allí, pero desafortunadamente no nos asusta. El huracán Katrina ha sido el evento que más ha concientizado a la sociedad americana. ¿Será que entonces requerimos de un poco de temor que nos ayude a ser más valientes como los grandes guerreros?

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