Opinión

  • | 1995/07/01 00:00

    Mucho ruido acerca de nada

    El contrato de explotación de gas con la Texas es producto del consenso entre las partes y le conviene tanto a la compañía como a ECOPETROL y al país.

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A juzgar por el estruendo, parecido al de una emanación de gas natural a alta presión, la plataforma para extraer hidrocarburos en el contrato de asociación Guajira "A" no ha debido dejar en pie ni ministro de Minas, ni funcionarios de ECOPETROL. Sólo que, después de la conmoción, los hechos descarnados no dan para tanto ruido y, por el contrario, justificarían aplausos para servidores públicos que no le han temido al reto de obtener provechosos resultados prácticos, sin desmedro de los intereses nacionales.

El contrato de asociación Guajira "A" se firmó con Texas Petroleum Company en enero de 1974 y tiene vigencia hasta diciembre del 2004 (seis años de exploración y 25 de explotación). Si bien los pozos descubridores, Ballena-1 y Chuchupa-1, antedataron en algunos meses su vigencia efectiva, el Guajira "A" fue uno de los primeros ejemplos exitosos de la política de asociación, que en los años setenta sustituyó al gastado esquema de las concesiones. Al definirse su comercialidad (1974), las reservas se tasaron en 2.820 gigapies cúbicos de gas (GPC), pero sucesivas reestimaciones, en la medida que los yacimientos se fueron conociendo mejor, las revaluaron a 4.690 GPC. Se trata, por lo tanto, de un gran campo gasífero.

El área inicial del contrato abarcaba un millón 370 mil hectáreas, la mayoría costa afuera, que se han reducido a 77.765 hectáreas alrededor de los yacimientos descubiertos (Chuchupa, Ballena y el pequeño Riohacha). Antes de las devoluciones de áreas previstas en el contrato, la Texas cumplió la totalidad de sus obligaciones exploratorias, y fue inclusive más allá. En efecto, durante 1982-83 perforó más de media docena de costosos pozos en el mar que, infortunadamente, resultaron secos.

Esos fracasos, sumados a otros costa afuera cerca de Barranquilla y Cartagena y en el litoral de Urabá, han desestimulado mucho la búsqueda de hidrocarburos en aguas del Caribe colombiano.

La iniciación de la producción en el Guajira "A" hubo de esperar hasta agosto de 1977, por falta de un ducto que transportase el gas a los mercados de la Costa Atlántica. El tubo de Promigas desde Pájaro, en la Guajira, hasta Barranquilla y Cartagena cumple hoy cabalmente esa

función. En 1985 se bombeaban algo más de 200 millones de pies cúbicos diarios (PCD), que evitaron la importación, en esa época de déficit petroleros, de cantidades equivalentes de crudo. La cifra actual es de 300 millones, importante pero muy por debajo de las posibilidades de los yacimientos. Como consecuencia, los campos han sido subexplotados de manera que las reservas remanentes son de 3.350 GPC. Para el año 2004 se estima que, aun con la entrada de la nueva plataforma, todavía quedarán aproximadamente 200 GPC de reservas.

Se trata evidentemente de un caso muy especial entre los contratos de asociación. Es rara su reversión con todavía el 40% de las reservas. Se impone una primera conclusión: para no entregar tanto gas, la compañía asociada tendría, como el que más, mucho interés en la construcción cuanto antes de la plataforma Chuchupa "B". Se diría que durante esa partida de póker, que antecedió a los acuerdos y que se jugó hasta nivel presidencial, no se sabrá nunca quién estaba "blofiando" a quién. Lo que sí se sabe es que dada la exprimida de los recursos de ECOPETROL entre ' las tenazas de las necesidades financieras del desarrollo de Cusiana y Cupiagua y las exigencias del señor ministro de Hacienda, la empresa no ha tenido con qué contribuir a su mitad de las inversiones para aumentar la capacidad de producción del contrato Guajira "A".

Frente a la penuria, se sopesaron muchas alternativas, entre las cuales se encontraba la de prorrogar el contrato de asociación-preferida naturalmente por la Texas- hasta cuando alguien tuvo una brillante idea: ¿Por qué no construir la plataforma por medio de un contrato BOMT? En ese sistema (la sigla significa: construir-operar-mantener y transferir) se contrata la erección de un bien durable con un ' tercero, que se compromete a operarlo y mantenerlo durante un cierto período, al final del cual el bien se transfiere a quienes lo ordenaron. Como contraprestación recibe una suma anual, pre pactada y generalmente fija. Después de muchos ires y venires, con presiones ("chantajes" dirían los exaltados envueltos en la bandera nacional) de la Texas, que ni es ni tiene por qué ser una cofradía de hermanitas de la caridad, y de firmes y razonadas posturas por parte de ECOPETROL, se llegó a una solución que concilia los intereses de las partes.

Ante todo, el contrato de asociación Guajira "A" expirará sin prórroga alguna en diciembre del 2004, tal como fue inicialmente pactado. La totalidad de las reservas remanentes y los equipos asociados a su explotación pasarán a ECOPETROL. El precio que se continuará pagando por el gas del socio hasta la reversión no se modifica. Ese precio está ligado al precio internacional del combustóleo (Fuel Oil) y se fijó hace casi 20 años, en lo que constituyó entonces -y es todavía- una exitosa fórmula para determinar valores difíciles de establecer, puesto que el gas natural -salvo excepciones que requieren inversiones gigantescas tiende a ser un bien regional no transable internacionalmente. Fue aceptada la oferta de la Texas de convertirse en "BOMTista", por intermedio de una de sus filiales. Nadie mejor que el socio operador, conocedor de las características del yacimiento de Chuchupa, para planear y ejecutar la ampliación de las facilidades de producción. Es lo que hubiese sucedido normalmente dentro del desarrollo de un contrato de asociación, si ECOPETROL hubiese tenido con qué sufragar su parte, y si no se hubiese excepcionalmente tratado de inversiones nuevas, a sólo ocho años de su vencimiento.

En virtud del otrosí No. 1 del contrato de asociación Guajira "A", la Texas se compromete a construir,

a más tardar para febrero de 1997, una plataforma (Chuchupa "B", para diferenciarla de Chuchupa "A", actualmente en operación) con capacidad de producción mínima de 300 millones de pies cúbicos y las tuberías submarinas para conectar la plataforma con la estación de bombeo Ballena (existente en tierra firme), así como a perforar los pozos productores (aproximadamente seis) con el resto de las facilidades necesarias. El valor de las inversiones se estima en US$98.5 millones. El BOMT tendrá una duración de 20 años, sin exceder el año 2016.

Hasta el año 2004, el canon debido por el BOMT será pagado por los asociados por partes iguales, de ahí en adelante, al producirse la reversión, solamente por ECOPETROL. Su valor es de US$8 millones para el primer año, con aumentos del 14.2% hasta el octavo año, a partir del cual regirá una tarifa fija de US$23.5 millones. El escalonamiento contempla el hecho de que la producción de la plataforma se incrementará paulatinamente en la medida en que crezca la demanda, y tiene en cuenta que si bien la tarifa está pactada en dólares, el "BOMTista" recibirá su parte en gas equivalente (si no hay gas no hay pago). La tasa interna de retorno (TIR) de la Texas será del 13.46%, que mal puede calificarse de onerosa. La cifra es internacionalmente defensable y hasta módica si se suman intereses, riesgo del contratista y riesgo país. Por vía de comparación es bueno recordar que para las concesiones de carreteras -cuya modalidad es muy similar a la de la plataforma Chuchupa "B"- se están pactando TIRs muy cercanos al 20%.

La operación de la plataforma corre totalmente por cuenta del "BOMTista" y sus costos directos, reconocidos por el comité ejecutivo del contrato de asociación Guajira "A", le serán reembolsados con un 10% adicional para cubrir gastos generales, hasta el 2004. De ahí en adelante, y hasta el 2016, ECOPETROL reembolsará los costos directos, más un 15%, pero el "BOMTista" se hará cargo de operar también la plataforma Chuchupa "A" y los campos de Ballena y Riohacha (esos dos últimos estarán para entonces en vías de pronunciado agotamiento). La modalidad tiene la ventaja de garantizar una deseable unidad de operación en los campos después de la reversión del contrato de asociación y, sobre todo, de asegurar que la Texas asuma "todas las obligaciones de carácter laboral" (artículo noveno del otrosí). En vista de las onerosas (esas sí) complicaciones laborales de las reversiones de contratos de concesión a ECOPETROL -yacimientos costosos de operar-, las cláusulas del otrosí van claramente en defensa del patrimonio común, que no debe confundirse con el de la USO y sus conmilitones.

Ahora bien: ¿para qué tanto gas? ECOPETROL da una respuesta sucinta: "Con los pronósticos de consumo de gas natural a nivel nacional y las condiciones actuales de producción se presenta un déficit en el suministro a partir de 1997, especialmente crítico en los años 1997 y 1998". Detrás de esta frase, que bastaría por sí sola para justificar la urgencia de la plataforma, se esconden algunas sutilezas.

Ante todo está el gasoducto Ballena-Barrancabermeja, con capacidad para 100 millones de PCD. Este es otro BOMT contratado con Enron, Promigas-operador-, Techint y otros socios, que estará listo para el segundo semestre de 1996. Su costo es un nada modesto US$248 millones, o sea dos veces y medio el valor de la plataforma de Chuchupa. Una vez esté en marcha, habrá que comenzar a pagarlo, haya o no haya gas. Sorprendentemente, los defensores del honor patrio poco se han ocupado de escudriñarlo a fondo. En su momento fue el eje del ansiado sistema de gasificación nacional, cuya concreción, con altibajos, está en vías de ponerse en práctica. Hoy, sin embargo, no es más que un costoso elefante blanco, que conecta, poco más o menos, ninguna parte con ninguna parte si de mercados de gas se trata. El yacimiento de Volcaneras en los Llanos y el domesticamiento técnico por Amoco de las altas presiones que caracterizan el gas del Opón, han condenado a la obsolescencia relativa el tubo de la Guajira hasta Barrancabermeja. La entrada en producción, parcial por lo menos, de ambas formaciones gasíferas es cosa de un par de años y muy pronto será suficiente para abastecer todo el interior del país. Mientras tanto Chuchupa debe llenar, sea como fuere, el gasoducto Ballena-Barranca; el taxímetro del BOMT no admite demora. Y, además, con esa capacidad retrospectiva de los colombianos, no faltará quien pregunte: ¿pero cómo se metieron en semejante obra sabiendo que se descubriría gas en el interior? ¿Fácil, no?

Otra cosa es la necesidad que tiene la Costa Atlántica del gas de Chuchupa para continuar ampliando la cobertura domiciliaria -allí existen los programas más avanzados del país- y sobre todo para impulsar el desarrollo de su infraestructura industrial. A falta de energía eléctrica confiable, el gas para la industria ha salvado a la Costa desde hace años. Ahora ya se detectan cuellos de botella. Con el gas adicional de la Guajira se despeja el horizonte para los esfuerzos de centenares de empresarios que tendrán su balance térmico asegurado.

En cuanto al balance eléctrico, en mala hora se ligó el espectro apocalíptico de un desliz ministerial con el abastecimiento de gas. En la Costa Atlántica, donde mayormente podría afectarse la generación, el gas puede ser sustituido en buena parte con carbón (Termoguajira) y fuel oil (Barranquilla y Cartagena). Si el sistema térmico del país no aguanta una sequía ello se debe no a la falta de gas sino, como ha sido señalado con justa acrimonia a los más diversos medios, a la corrupción e incuria reinantes en el sector eléctrico. Ni más faltaba que los funcionarios dolosos y los compradores de conciencias del mundo entero que se dan cita en Colombia se agazapen detrás de los pilotes de la plataforma de Chuchupa para desviar la atención de sus malos manejos.

Chuchupa "B" no tiene pero se necesita, sus costos son razonables, se negoció con buen criterio y transparencia y se evitó un conflicto con un socio de muchos años cuya permanencia en Colombia fortalece la imagen de Colombia-país serio, que bastante falta hace. La mejor demostración de la cristalinidad del proceso está contenida en esas actas de ECOPETROL, que ahora se quieren utilizar para enlodarlo, donde se expresaron con franqueza e inteligencia opiniones contrapuestas. Lo importante no es que haya habido puntos de vista divergentes, aun por parte del gobierno -mal consejero es el unanimismo-, sino que a través del análisis sesudo se haya llegado a las conclusiones más convenientes para el país. Qué bien caería por estos días una sonrisa amable, una voz de aliento, un aplauso fervoroso. Para criticar ya habrá sobrados motivos. Por ahora es preferible conservar seca la pólvora para hacer ruido cuando realmente valga la pena.
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