Opinión

  • | 1997/07/01 00:00

    Mucho gasto público

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El Banco de la República entregó un informe sobre las finanzas públicas del período 1987-1995. De acuerdo con los datos, los gastos totales del Sector Público No financiero (SPNF) pasaron de representar el 39,2% del PIB en 1987 a representar el 39,6% en 1990 y el 41% en 1995. Estas cifras se pueden descomponer de diversas maneras, quizá la más relevante desde un punto de vista macroeconómico es entre los gobiernos centrales y las otras instancias del Estado. El cuadro muestra esta descomposición.



Se observa que el resultado final es la suma de tres fuerzas fundamentales. Primero, un aumento importante en el gasto de los gobiernos centrales (del nivel nacional, departamental y municipal). Segundo, un aumento en los gastos por concepto de seguridad social y, tercero, una caída muy importante en los gastos de las empresas públicas no financieras.



Los primeros dos factores son los más comentados entre los analistas del devenir económico del país. En el primer caso, el crecimiento del gasto público a nivel central refleja diverso tipo de decisiones ampliamente discutidas. En el segundo, el dato refleja las consecuencias iniciales de la conocida legislación sobre el tema, aspecto de nuestra historia reciente también ampliamente discutido. Lo que resulta novedoso es el tercer dato (la caída de 5,3 puntos del PIB en los gastos de las empresas públicas) y los efectos de éste sobre las cuentas agregadas.



Antes de pasar a la fase de las conclusiones sobre lo que las cifras implican o dejan de implicar, es útil entender qué fue lo que pasó. El tema es tan sencillo que solamente amerita unas breves precisiones en virtud de las conclusiones sobre la política fiscal de los últimos años a las que ha dado pie entre algunos analistas. El cuadro a continuación muestra la descomposición del gasto de estas empresas públicas nacionales.



Se ve que entre 1990 y 1995 el gasto total cae de 11,6% del PIB a 7,2% del PIB, explicando el grueso (más del 83%) de la caída total que veíamos en el cuadro anterior. Hay dos factores relativamente obvios de gran importancia. El primero, el hecho de que durante el período muestral se privatizan o liquidan 24 empresas, de 105 iniciales, cuyo efecto sobre el gasto es de 1,9% del PIB y afecta tanto el pago de mano de obra como la compra de bienes y servicios. El segundo factor es la revaluación real ocurrida, en particular desde 1990, que abarata dos flujos de manera continua: la compra de bienes y servicios importados y el servicio de la deuda externa.



En conclusión, el panorama fiscal que develan los nuevos datos es el siguiente: primero, el Estado es bastante más grande de lo que se pensaba. Hay fuertes razones para pensar que la cifra según la cual el gasto público representa del orden de 32% del PIB, estimada por el DNP, parece fuertemente subestimada. Segundo, entre 1987 y 1995 hay una expansión de 52% en la participación de los gastos de los gobiernos centrales en el PIB (2,2 en el caso de la nación, 2,3% en el caso de los municipios). Cabe subrayar que estos gastos no han crecido más, en virtud de la ganancia de capital que ha traído la revaluación real del peso que ha abaratado el servicio de la deuda externa. Tercero, hay una importancia creciente del gasto en seguridad social, particularmente a partir de 1992. Cuarto, se presenta una disminución sustancial en la participación de los gastos de las empresas públicas en el PIB, especialmente marcada a partir de 1991. La explicación de esta caída radica en la combinación de dos importantes fuerzas: la apreciación real del peso y la liquidación y privatización de un 23% de las empresas iniciales.



¿Difiere esta información respecto de lo que diversos analistas han venido diciendo desde comienzos de la década? ¿Implican los nuevos datos que el problema fiscal no es tan grave como se pensaba? Aunque parezca curioso, Sergio Clavijo, antiguo asesor de la Comisión de Gasto Público y, como tal, buen conocedor de las cifras fiscales colombianas, así concluye en una columna publicada en El Tiempo el domingo 1o. de junio. Para Clavijo, las nuevas cifras, que asocia con la "arqueología" fiscal, parecen sugerir que el vínculo entre, por ejemplo, gasto público y revaluación o entre impuestos y ahorro privado, temas que ha discutido el gerente del emisor en sus Notas Editoriales, y que se han planteado incluso en estas mismas páginas, se desboronan. Desplegando un humor socrático, pregunta si la revaluación y la caída del ahorro privado "tampoco existen".



Por supuesto, esto es totalmente infundado. Ninguno de los ya múltiples trabajos que discuten el efecto del gasto público en la revaluación consideran adecuado considerar el gasto de una empresa industrial y comercial del Estado, cuyos ingresos y egresos se asocian con la venta de bienes y servicios que producen, como generador del mismo tipo de efectos que el gasto que hace el gobierno central. Esta última variable es la que se debe incluir, y la que se ha incluido, en los trabajos que analizan el tema. De la misma manera, ningún estudio ha planteado que el gasto de dichas empresas tiene el tipo de efectos sobre el ahorro privado que sí tienen, por ejemplo, la expansión de la seguridad social financiada sin capitalización, o el aumento del gasto financiado con impuestos.



En el lanzamiento de este estudio, el subgerente de Estudios del Banco de la República invitó a la comunidad técnica del país a discutir con seriedad los resultados que se daban a conocer. Son 14 tomos que incluyen información totalmente nueva a un nivel de desagregación sin precedentes en el país. Aunque es una lástima que el comienzo de lo que debería ser un debate a fondo haya generado confusión, ello no debe ser obstáculo para que los técnicos retomen la invitación y procedan no sólo a utilizarlas en estudios que antes no se podían hacer, sino también que señalen las posibles debilidades del trabajo con el fin de que se puedan subsanar.
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