Opinión

  • | 2010/09/03 00:00

    Monedas fuertes, el precio del éxito

    Solo pueden lograrse dos de las siguientes tres cosas: autonomía monetaria, libre movilidad de capitales internacionales y estabilidad de la tasa de cambio.

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Las monedas de Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay están nuevamente tan apreciadas como hace dos años, antes de la quiebra de Lehman Brothers. A menos que haya rebrotes de crisis financiera internacional o que se descarrile el crecimiento de la China, persistirá la fortaleza de las monedas de los países exportadores de productos básicos que mantengan en orden su situación macroeconómica.

Un fuerte aumento de las tasas de interés internacionales podría alterar esa tendencia, pero es improbable que los bancos centrales de las grandes economías desarrolladas se muevan rápidamente en esa dirección, pues la recuperación del primer mundo seguirá siendo anémica. Los títulos de deuda de Estados Unidos, Japón y Alemania mantendrán rendimientos muy bajos, pues continuarán operando como refugio para los excedentes de ahorro ante la incertidumbre que reina en los mercados de capitales.

La fortaleza de las monedas latinoamericanas debe verse como el inevitable precio del éxito macroeconómico. A menos que cambien sus prioridades, las políticas macro tienen poco que hacer para revertir esa situación. Un principio bien conocido en teoría macro es que solamente pueden lograrse dos de las siguientes tres cosas: autonomía monetaria, libre movilidad de capitales internacionales y estabilidad de la tasa de cambio.

La autonomía monetaria es la posibilidad de usar la política monetaria para estabilizar la economía. Si la actividad económica está deprimida, conviene aumentar la cantidad de dinero en circulación y bajar la tasa de interés, pues ello estimula el gasto, Y, al revés, si la economía está recalentada y, por consiguiente, la inflación está aumentando, conviene que haya tasas de interés más altas y menor cantidad de dinero en circulación para que se reduzca el gasto y baje la inflación.

La libre movilidad de capitales es deseable porque amplía las opciones de financiamiento de las empresas y del gobierno y el menú de opciones de inversión para quienes tienen recursos excedentes. Con libre movilidad de capitales es más fácil atraer inversión extranjera y tecnología y talento de otras partes del mundo.

La estabilidad del tipo de cambio es deseable porque un tipo de cambio volátil dificulta las decisiones de ahorro e inversión y puede entorpecer el desarrollo de un sector exportador diversificado.

No hay ningún régimen monetario que permita lograr las tres cosas, excepto de manera muy temporal. Esto se conoce como la "trinidad imposible" o el "trilema" de la macroeconomía.

Los países mencionados han escogido los dos primeros objetivos y es improbable que cambien de posición, principalmente porque es muy difícil impedir la movilidad de capitales y porque se necesita la política monetaria para que haya estabilidad de precios y para que puedan moderarse los ciclos de auge y recesión. Pero, como correctamente lo advierten muchos observadores, cuando hay abundancia de divisas y las monedas son demasiado fuertes, se perjudica a los sectores exportadores y, por consiguiente, se reducen las posibilidades de generar empleo y crecer.

Las soluciones que suelen ofrecerse para enfrentar esta situación incluyen subsidios a los sectores exportadores y diversas políticas para elevar su competitividad. Pero, en realidad, estas no son soluciones porque, si son efectivas, llevarían a aumentar las exportaciones y, por consiguiente, a elevar la oferta de divisas y a generar otra dosis de apreciación de las monedas.

Puede haber algo más de sentido en las recomendaciones de reducir el déficit fiscal, porque así disminuyen las entradas de recursos de financiamiento externo. Pero esta política puede ser inefectiva e, incluso, contraproducente, porque un país bien disciplinado fiscalmente es más atractivo para los capitales internacionales.

Hay que aceptarlo: la apreciación es el precio del éxito. Esto no significa renunciar a otras políticas para acelerar el crecimiento. Dada la abundancia de divisas, es crucial concentrarse en la productividad de los sectores de servicios y otros sectores que producen bienes no comercializables internacionalmente. Algunos países, como Colombia, que no logran reducir su desempleo a pesar de tener una macro relativamente ordenada, deben además dar prioridad a mejorar el funcionamiento del mercado laboral. No se le puede pedir todo a las políticas macroeconómicas: las políticas de productividad y las laborales tienen mucho por hacer.

 

* Economistas jefe del departamento de investigación del BID.

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