Opinión

  • | 2006/04/27 00:00

    Modelo de crecimiento colombiano

    El debate sobre los resultados económicos entregados por el gobierno quedó a mitad de camino. ¿Cuáles son las consecuencias del modelo?

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Justo antes de Semana Santa, el Director Nacional de Planeación agitaba a los ojos de todos los críticos del gobierno los resultados del crecimiento del año inmediatamente anterior, restregándonos que eran los mejores de los últimos diez años. Los escándalos denunciados por la prensa borraron todos los otros temas de interés público y por eso el debate al respecto se quedó a medias.

Apenas se alcanzó a anotar que la misma fuente reconocía que los dos últimos trimestres mostraban una tendencia contraria, y que ese mayor crecimiento se debía casi exclusivamente a factores externos (la versión oficial atribuía a la 'seguridad democrática' la llegada de capital del extranjero, pero los analistas veían más evidente los altos precios del petróleo; la cantidad de exiliados que enviaban remesas a sus familias; los préstamos y donaciones, tanto para la guerra por parte de los estadounidenses como para morigerar sus efectos por parte de otros países; las altas tasas de retorno de las inversiones legales al adquirir empresas semimonopólicas a menos precio (ver cuadro adelante); y los inmensos ingresos de dineros del narcotráfico, tanto por el desarrollo del negocio como por la casi amnistía que comenzaba a prometerse para los capitales a los cuales le aumentaban allá la persecución mientras aquí se negociaban con la 'desmovilización').

Hay, sin embargo, otros aspectos interesantes por considerar Por un lado, no parece que sea tanto el mérito: los últimos diez años son los dos de salida de Samper -una de las peores crisis del Estado colombiano con el proceso 8.000-, los cuatro de Pastrana -el gobierno de peores resultados del que tenga registro la historia-, y los del mismo gobierno Uribe -que por no ser propiamente buenos, no daría motivo para vanagloriarse-.

Otro aspecto es que siendo el PIB de $283 billones su crecimiento fue de $1,3 billones que sumado al del año anterior apenas supera los $2 billones. Si tenemos en cuenta que, según Forbes, entre las fortunas de Santo Domingo y Sarmiento aumentaron en los últimos dos años US$6.100 millones -$1,4 billones-, se debe concluir que mucho aumentó el patrimonio de sus empresas, pero poco el del conjunto del resto de los colombianos (menos del 2,5% en los dos años). Y si se considera el crecimiento demográfico de 1,6% anual (3,2% para los dos años), la conclusión es que, exceptuando esas fortunas, el PIB per cápita del resto de los colombianos disminuyó.

Como se debe reconocer que la fuente de Forbes no es necesariamente conciliable con el DNP, podemos hacer una exclusión de las dos empresas más grandes de Colombia (Ecopetrol y Empresas Públicas de Medellín) y tomar las siguientes diez empresas con mayores utilidades (el dato corresponde a 2004):

Empresa $ millones Carbones del Cerrejón 385.517 BP Exploration 370.580 Tepma 337.992 Cerrejón Zona Norte 305.586 Avianca 304.830 Oxyandina 283.618 Oxycol 274.650 Cerromatoso 271.209 Emgesa 243.538 Codensa 232.656 Total 3.010.176

Como todas son extranjeras (¡!), su contribución al Producto Interno Bruto no forma parte del Producto Nacional Bruto sino del capital trasnacional, que no invierte para ayudar a los colombianos sino para obtener sus réditos en el exterior. Vemos que la utilidad de estas compañías extranjeras también es superior dos veces y media al crecimiento del PIB, lo que implica que aquel del cual participan los colombianos no creció sino disminuyó. Así las cosas, la situación de Colombia y de los colombianos debería ser más un motivo de preocupación que de orgullo para el gobierno.

Pero al igual que no debe el gobierno enorgullecerse de los resultados, tampoco es justo cuestionarlos atribuyendo la responsabilidad de estos a la perversidad de los funcionarios. La verdad es que son simplemente la consecuencia de la implementación de un modelo.

Un modelo que ha venido acompañado de otros crecimientos: los de la pobreza, la indigencia y sobre todo la desigualdad y la marginación (tanto el gobierno anterior como el actual han acudido a los 'cambios de metodología de medición', para negar esto y mostrar cifras menos dramáticas; pero, para efectos de comparar la situación inicial con la actual, cualquier metodología que se tome consistentemente muestra esta tendencia y estos resultados).

Como es lógico esto se refleja en otro crecimiento, el de las tensiones sociales y el del rebusque para sobrevivir, con su secuela de crecimiento de la violencia, de la delincuencia, del narcotráfico en el caso nuestro, y de las expresiones de protesta, contestatarias y subversivas.

Se hace necesario entonces el complemento de un modelo político de mayor control social, es decir, mayor acción represiva. Aumentan o crecen la Fuerza Pública en más de 130.000 efectivos, y las fuerzas privadas (adscritas a la Superintendencia de Seguridad y Vigilancia) en 180.000 hombres. (Hasta los paramilitares que eran 14.000 al inicio del cuatrienio van superando los 30.000, incluso sin terminar de 'desmovilizarse').

Crecen así las guerras en los diferentes frentes y sus consecuencias: corrupción en los campos social, económico y sobre todo político por el narcotráfico; y los ataques guerrilleros, los actos terroristas, el número de desplazados y de diferentes víctimas de la guerra -secuestrados, lisiados, exiliados, etc.- por el conflicto armado.

Esto exige aumentos en los gastos del Estado, o sea, el crecimiento de los impuestos directos, indirectos y excepcionales (bajo Uribe se ha triplicado lo que la ciudadanía paga bajo estos conceptos) pero nada es suficiente y lo otro que crece es el déficit del gobierno central.

Consecuencia también de este modelo conjunto de neoliberalismo y de guerra total es el crecimiento de la crisis del sistema de salud, el crecimiento de la construcción en los estratos altos y el de la crisis en los programas de vivienda de interés social, el déficit en las siembras para garantizar nuestra seguridad alimentaria, etc.

Pero lo más grave de todo es que también hay otro crecimiento con este modelo de desarrollo (si así se quiere llamar) en los aspectos que se suponían reducir: se ha acompañado del crecimiento de los cultivos ilícitos (de 105.000 a 140.000 hectáreas); del aumento de los frentes guerrilleros; de la intensificación de la pequeña violencia y delincuencia social (maltrato infantil, atraco y burundanga); de la dependencia del extranjero (precios de materias primas, remesas de exiliados, donaciones de países amigos); y como si fuera poco crece la polarización del país y lo que hasta la iglesia (el catolicismo) ve y denomina como 'la bomba social' que nos amenaza.
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