Opinión

  • | 2007/01/19 00:00

    Modelo de crecimiento autosostenible

    Como el modelo no depende de nosotros, y es difícil que se repitan o mantengan las condiciones externas, no estamos ante la perspectiva halagadora que quieren ofrecernos el gobierno y sus defensores.

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Como una digresión al debate sobre el paramilitarismo, y sobre cómo él influyó en las elecciones de 2002, en la reforma constitucional para dar vía a la reelección y a la segunda elección del presidente Uribe, y cómo y hasta dónde 'coronó' con la llamada 'Ley de Justicia y Paz', nos presentan ahora, con gran despliegue, las cifras de crecimiento económico.

La propuesta que se nos hace es que el 'modelo político' de 'seguridad democrática' es además un modelo económico exitoso, tal como lo probaría el resultado de un aumento superior al 6% en el PIB.

Hoy, la evaluación de la bondad de una gestión económica no se mide por el crecimiento mismo, sino por la capacidad de crear las condiciones para que se dé lo que llamamos un crecimiento autosostenible.

Quiere decir esto que por una economía sana entendemos aquella que sin depender de causas externas u ocasionales reproduce las condiciones que permiten una estabilidad en el futuro a mediano plazo. Y que para los países en desarrollo debe buscarse un modelo que además sea acompañado de una tasa de crecimiento que permita superar la etapa del subdesarrollo.



¿En qué está Colombia en este aspecto?

Podemos enumerar algunas de las condiciones que caracterizaron ese crecimiento:

• No se sabe muy bien en qué consiste la 'seguridad democrática' —ni en qué medida se pretende atribuirle a ella efectos económicos—, pero sí es muy claro que coincide y está supeditada a la visión de Washington (o de Bush) en el sentido de girar alrededor de la 'guerra contra el terrorismo' y la 'guerra contra el narcotráfico'. Tanto en los propósitos como en la dependencia en cuanto a recursos económicos y de apoyo político, el modelo está determinado por ese factor externo. Con el cambio de poder en el Congreso de Estados Unidos y el probable cambio de partido en la presidencia estadounidense, no parece que esas 'ayudas' vayan a continuar; y en todo caso no es reconfortante pensar que además habría que reproducir cada año el aumento en decenas de miles de combatientes el pie de fuerza para obtener apenas resultados similares a los hasta hoy logrados.

• Otra parte de los recursos que han permitido las políticas económicas y la aparente disminución del déficit fiscal ha provenido de la inversión extranjera en forma de privatizaciones; pero después de Ecopetrol poco parece quedar para ofrecer a las trasnacionales, o, en otras palabras, ya no parece posible que sigamos con la política de 'vender la nevera para pagar el mercado'.

• Y otra parte se originó en las alzas enormes del carbón y del petróleo; como si solo se mantiene la misma cotización eso no incidiría en la misma proporción en el crecimiento, se requeriría que cada año volvieran a aumentar los precios en un 200% en promedio (o que para multiplicar las ventas se revirtiera en proporciones inimaginables la eficiencia de la búsqueda de nuevos yacimientos del crudo, ya que de los 1.000 millones de barriles que eran la expectativa prometida solo se encontraron 150 millones).

Por eso, en cuanto a que el modelo no depende de nosotros, y en cuanto a lo difícil que se ve que se puedan repetir o mantener las condiciones externas, no estamos ante la perspectiva halagadora que quieren ofrecernos el gobierno y sus defensores.

Otro factor de gran incidencia fue el aumento de impuestos por importaciones. Nace esto de la revaluación del peso frente al dólar, pero se acompaña de poner en entredicho nuestra capacidad exportadora en productos diferentes a aquellos que solo necesitan ser extraídos. Y si ante el crecimiento del déficit de la balanza comercial no se ha producido un caos en el manejo de divisas es gracias a las remesas de los colombianos que se han tenido que expatriar buscando horizontes que su patria no les brinda. En otras palabras, la reproducción de las condiciones que permitieron el 'crecimiento' implicaría seguir aumentando el déficit comercial y seguir compensándolo con emigración de nacionales.

Este es otro aspecto a contemplar: no solo el modelo para ser sostenible reproduciría los resultados benéficos que se buscan y las condiciones que lo permitieron, sino normalmente también se repetirán los otros fenómenos que lo acompañan.

Es decir, los 'efectos colaterales' serían también un mayor aumento de la población bajo la línea de pobreza y bajo la línea de miseria; mayor brecha entre ricos y pobres; mayor desplazamiento de poblaciones expulsadas de sus hogares; algunos años más sin acuerdos humanitarios; más enajenación de los bienes del país al capital extranjero; aislamiento y dificultades con los países vecinos; menos autosuficiencia alimentaria y mayor abandono del campo, etc.

Pensar en todo lo anterior nos debería llevar a grandes preocupaciones, sobre todo si el gobierno al asumir esa reivindicación como una realidad —y no solo como una estrategia mediática— decide que insistiendo en la receta se repetirán los resultados (o, lo que es peor, que se puede duplicar la medicina para duplicar los 'beneficios').

Es lo que en principio parece buscar cuando insiste contra viento y marea en el TLC. Se diría que no entiende que la razón por la cual Estados Unidos (igual que la Unión Europea o Japón) no acepta negociar en los tratados internacionales los subsidios a su sector agrícola es porque internamente acabaría con la ocupación rural, ya que en términos comparativos su rentabilidad es tan baja ante los otros sectores productivos (industria, servicios, etc.) que nadie dentro de la racionalidad económica se dedicaría a esa actividad. Y menos parece tener en cuenta que el subsidio a esa producción se traslada a toda la economía (ya que subsidia a su turno la alimentación para toda la mano de obra y los insumos primarios para la industria) de forma tal que cuando nosotros aceptamos renunciar a la protección equivalente encarecemos en relación con ellos toda nuestra actividad productiva, perdiendo no solo competitividad, sino sentenciando ese renglón a desaparecer en nuestro país (o sea, a multiplicar los problemas que ya tenemos de violencia, tanto por desequilibrios entre ingresos entre sectores como por desempleo).

Todo lo anterior hace necesaria además la evaluación de esos 'resultados exitosos': las circunstancias arriba mencionadas fueron favorables, pero no solo a Colombia sino a todos sus países semejantes; debe ser por tanto en términos comparativos que debe calificarse lo excepcional de ese 'crecimiento'. Es verdad que la cifra es superior a la de los años recientes… pero eso le sucedió a toda Latinoamérica; y es verdad que estaremos entre los 10 países que mejores indicadores muestran... pero exceptuando los anteriores 7 años siempre lo habíamos estado; y es verdad que según parece por fin nos ubicaremos por encima del promedio de América Latina… pero así había sido siempre y solo los dos últimos gobiernos habían roto ese récord.

En conclusión, la gestión económica del gobierno como modelo es de toda evidencia insostenible; de 'auto' o sea de autonomía tiene poco; en cuanto a crecimiento es muy discutible su resultado; el poco que pudiera tener es muy objetable por las consecuencias sociales que lo acompañan; y corremos el peligro de que por seguir esa vía creemos traumas económicos y sociales mayores.
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