Opinión

  • | 2010/05/28 00:00

    Mockus y Santos: Similitudes y diferencias

    En suma, tenemos dos buenos candidatos. Ambos dan garantía en materia de seguridad nacional y prudencia macroeconómica.

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Cuando se publique este artículo estaremos a horas de la primera vuelta electoral. A no ser que haya una sorpresa de última hora, la segunda vuelta será entre Mockus y Santos y las encuestas indican que cualquiera de los dos podría ganar. Hay grandes diferencias en el estilo político y en los programas de los dos candidatos. Pero también hay similitudes importantes.

En lo económico, ambos candidatos ofrecen una política macroeconómica prudente. En particular, ambos se comprometen a establecer una regla fiscal que permita ahorrar parte de la posible bonanza minero-energética que se avecina, para evitar una apreciación excesiva del peso que ponga en peligro a la agricultura y la industria nacional, así como para estar en capacidad de aplicar políticas contracíclicas cuando haya periodos recesivos (que algún día volverán, porque en economía, como en la vida, siempre hay buenos y malos momentos). En este punto coincidieron los seis candidatos y hay un amplio consenso en la opinión, incluyendo la del gobierno saliente, de modo que debería ser posible un acuerdo político para ejecutarlo, gane quien gane.

Asimismo, ambos plantean una reforma tributaria estructural que permita elevar los recaudos en 1,5% del PIB o más, para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas, simplifique nuestro enrevesado sistema tributario y lo haga más favorable al empleo formal y al crecimiento económico. Mockus y Santos proponen reducir la tasa de tributación a las empresas (uno al 28%, otro al 25%), así como las exenciones y deducciones especiales que generan hoy tanta inequidad e ineficiencias. Plantean también reducir el número de tarifas del IVA y la amplitud de las excepciones y exenciones. Coinciden, también, en reducir gradualmente, en la medida que el equilibrio fiscal lo permita, el impuesto a las transacciones financieras y al patrimonio de las empresas. Los otros candidatos también coincidían con estos propósitos. Sin embargo, hay también diferencias importantes en la propuesta tributaria. La principal de ellas se refiere a los gravámenes al empleo formal. Mientras estos resultan intocables para Santos, como lo eran para Uribe, Mockus está más consciente de que generan desempleo e informalidad y se propone reducirlos, siempre y cuando pueda sustituir su recaudo para no crear dificultades al financiamiento del ICBF y el Sena. La propuesta tributaria de Mockus es bastante más ambiciosa en varios otros aspectos.

Esto sucede también con otras políticas orientadas al crecimiento y a la equidad. Por ejemplo, si bien ambos candidatos se proponen ampliar las posibilidades educativas y mejorar su calidad, así como promover la innovación tecnológica, las propuestas del dúo Mockus-Fajardo son sustancialmente más ambiciosas. En la mayoría de los temas Santos aparece como más conservador y continuista con las políticas de Uribe y Mockus está más cerca de lo que ambicionamos la mayoría de los técnicos. El hecho de que Santos se mida más en sus propuestas puede tener diversas explicaciones. Una es que sea más conservador. Otra es que sea más consciente de las dificultades políticas. Una tercera es que tiene las manos mas atadas por el apoyo de Uribe, de grandes intereses económicos particulares (la campaña de Mockus ha declinado sus ofrecimientos de financiación por razones de principio) y de los políticos tradicionales que lo rodean. Cualquiera sea la razón, Mockus aparece como más reformista. La pregunta de fondo es si podrá pasar sus reformas por el Congreso, al no estar dispuesto a "engrasar las ruedas" con nombramientos, partidas presupuestales y contratos. Si bien Mockus logró modernizar Bogotá, cambiar las costumbres políticas locales y pasar sus reformas por el Concejo, es posible que un intento similar resulte más difícil con el actual Congreso. Santos intentará menos, pero es más seguro que pueda lograr lo que se propone.

Estas diferencias son, en realidad, bien profundas. Si Mockus tiene éxito con lo que se propone en materia de costumbres políticas, legalidad y "cero tolerancia" con la corrupción, habrá contribuido a transformar nuestra sociedad y nuestra democracia y a volverlas más maduras y más justas. Además, habrá sentado las bases para un crecimiento económico más alto a largo plazo, pues está demostrado que los países con imperio de la ley, instituciones sólidas y baja corrupción crecen más rápido y se vuelven más prósperos. Por eso es el candidato de la esperanza. Pero hay que reconocer que es muy incierto qué tanto pueda lograr. De Santos se espera tan solo que sea un buen gerente y seguramente lo será. En términos de inversión de portafolio, Santos representa una inversión de bajo riesgo, pero de baja rentabilidad potencial. Mockus representa una inversión de mucha más alta rentabilidad potencial, pero también de mayor riesgo.

Es importante aclarar que no me refiero a riesgos en la seguridad nacional o con los vecinos. Mockus ha demostrado un apoyo irrestricto a la Fuerza Pública, siempre y cuando opere bajo el imperio de la ley. Ese apoyo y su política de desarme ciudadano lograron maravillas en Bogotá: la tasa de homicidios cayó verticalmente, mucho antes de que comenzara a descender en el resto del país. Los testimonios de los altos mandos, y del propio Uribe cuando lo condecoró por estos logros, son muy elocuentes. Más aún, Mockus ha tenido siempre una posición de "cero tolerancia" con los crímenes de las Farc. Y lo mismo quien sería su ministro de Defensa, Enrique Peñalosa, que es además un gran ejecutor y director de orquesta. No habría ningún riesgo de seguridad nacional con Mockus y Peñalosa. Algunos amigos de Santos, incluido Uribe, han tratado de confundir a la opinión en este tema.

Por su parte, ¿será cierto lo que dicen esos amigos de que Santos sabrá manejar mejor a Chávez y a Correa? La política exterior personalizada en el Presidente y su Ministro de Defensa que caracterizó al gobierno de Uribe, tuvo algunos éxitos pero terminó en un gran fracaso. Hoy Chávez tiene suspendido nuestro comercio y continúa albergando guerrilleros y atacando al gobierno colombiano y al mismo Santos, y hace todo eso con absoluta impunidad. ¿No será mejor, como proponen Mockus y el excelente Informe de la Misión de Política Exterior que contratara el propio Gobierno, volver a los canales regulares de la diplomacia (de la Cancillería y las instancias internacionales) y abandonar la política del micrófono abierto en Palacio y en el CAN? Cuando se hizo esto con Ecuador, comenzaron a mejorar rápidamente las relaciones, se restableció el comercio y ha habido cooperación en la lucha contra la subversión. Los amigos de Santos también han tratado de confundir a la opinión en este tema crucial.

En suma, tenemos dos buenos candidatos. Ambos dan garantía en materia de seguridad nacional y prudencia macroeconómica. Uno, Santos, sería sin duda un buen gerente. Mantendría los aciertos de Uribe pero, desafortunadamente, por una razón u otra, no parece dispuesto a ir muy lejos en arreglar las cosas que ha manejado mal Uribe y que no son pocas. Mockus, en cambio, intentaría una profunda transformación en la política colombiana y en la forma de manejar el Estado y sería más audaz en tratar de corregir el rumbo de lo que anda mal en materia de política económica, social y de relaciones internacionales. Pero es cierto que puede tener más dificultades en pasar sus ambiciosas reformas por el Congreso. Quienes consideramos que vale la pena intentar convertirnos en una sociedad madura, más democrática y más justa, votaremos por Mockus. Pero respetaremos, como lo ha pedido el mismo Mockus, la posición de quienes prefieran el continuismo y voten por Santos.

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