Opinión

  • | 2006/09/01 00:00

    ¿Misión cumplida?

    ¿De verdad logró corregir el "ajuste" bajo el FMI debilidades estructurales del país o, por el contrario, facilitó convivir con ellas y agravarlas?

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Esta semana la misión del FMI se despidió de Colombia después de que el Gobierno decidió que el ajuste estructural, iniciado con esa entidad en 1999, ya no era necesario. He leído a varios comentaristas que sostienen que se cumplió la misión y que, gracias al ajuste, la economía "finalmente puede andar sola". Me siento obligado a hacer unas precisiones.

Veamos, primero el componente fiscal del ajuste estructural. La base para declarar victoria es que el Gobierno afirma que el año pasado, aunque él mismo tuvo un déficit de $13,6 billones, el sector público consolidado estuvo en equilibrio, algo que no se veía hace rato.

Las cifras fiscales se prestan a muchas interpretaciones pues difieren si se miden por caja o por "causación" y si se incluye o no esto o aquello: eso explica que, desde hace semanas, esté abierta una polémica entre el Contralor Nacional saliente y el Ministro de Hacienda sobre el tamaño del déficit de 2005. Para rodear el berenjenal me limito a hacer la pregunta más elemental posible, con la ventaja de saber que la respuesta ya está publicada en las cifras oficiales. ¿Creció o no la deuda pública el año pasado? Hasta un niño entiende que sería absurdo afirmar que las cuentas estuvieron en equilibrio pero la deuda creció, y que sería ridículo insistir en ello si la deuda se disparó.

Y vaya si se disparó. Sin intentar siquiera una corrección en las cifras por la revaluación, esto es, dándole el beneficio de la duda a un dólar barato que reduce el valor de la deuda externa cuando se expresa en pesos, vemos en el Boletín No. 17 de Deuda Pública del Emisor que en 2005 esa deuda subió de $144,10 a $155,75 billones, un salto anual de $11,65 billones.

Como estamos hablando de un programa de ajuste estructural de siete años extiendo ahora la pregunta ¿cómo se comportó la deuda pública entre 1998, antes del Acuerdo con el FMI, y 2005? La respuesta también nos la da el Emisor: en ese período aumentó $101,35 billones a precios corrientes y "apenas" $68,09 billones si se corrige por inflación.

Si alguien le dice a uno que está ajustando los gastos a sus ingresos pero está cada vez más endeudado lo natural es pensar que nos toma el pelo. Pero si, para agotar las posibilidades, preguntamos cortésmente si fue que se endeudó para adquirir un nuevo carro o un nuevo apartamento, obtenemos una respuesta desconcertante. El sector público no solo no aumentó sus activos sino que, mientras se endeudaba hasta el cuello, salió de casi todos los activos acumulados en décadas previas: hidroeléctricas, aeropuertos, minas de carbón. Si hay una paradoja en Colombia es que en los últimos años se vendieron, o liquidaron, casi todos los activos que durante décadas gobiernos supuestamente improvidentes e incompetentes construyeron ¡parece cosa de locos! casi sin recurrir a deuda interna o externa.

En suma, no hay evidencia de que el convenio con el FMI redujera el crecimiento de la deuda del sector público, y aun menos de sus pasivos netos, pues se vendieron activos. Pero no me sorprende ese resultado. Al fin y al cabo una de las razones por las que el Gobierno decidió solicitar el "aval" conceptual del FMI fue poder seguir endeudándose en una época en la que los compradores externos de nuestros bonos se mostraban ariscos. Sin el aval del FMI el Gobierno no habría podido financiar más déficit y habría tenido que apretarse el cinturón.

¿Y qué puede decirse del ajuste estructural de la balanza de pagos? Hace unas décadas uno de los primeros requisitos de los programas de ajuste con el FMI era la corrección rápida de cualquier sobrevaluación cambiaria pero ello cambió en los 80, como lo ha mostrado el Nobel Joseph E. Stiglitz. Lo que los nuevos programas buscaron no es que el país "apoyado" corrigiera su déficit estructural en cuenta corriente, esto es, que dejara de gastar por encima de sus medios, sino que lograra financiar el déficit sin incumplir el servicio de su deuda externa. El resultado práctico de ese nuevo enfoque es permitir que los déficits se prolonguen, excepto cuando se presenta una fuerte corrección cambiaria, como en Brasil en 1999, con frecuencia después de que el FMI ha hecho hasta lo imposible para que el país la posponga.

Sin el aval del FMI es improbable que las entradas de capital hubieran sido tan grandes como fueron en los últimos años y que el peso se hubiera revaluado, una clara anomalía en Colombia, que sigue teniendo déficit en su balanza en cuenta corriente en medio de una transitoria bonanza de precios de sus exportaciones tradicionales.

En suma, creo que, en ausencia del largo programa de "ajuste" con el FMI, hoy la situación estructural de Colombia sería más sólida, con probable equilibrio fiscal y un tipo de cambio más competitivo.

En mi artículo previo sobre el riesgo de no aprobación del TLC por Estados Unidos se deslizó, en mi original, un error inexplicable pues quedó que Colombia importaba de Estados Unidos "casi US$19.000 millones". No sé de dónde salió el 1 antes de 9.000. Presento disculpas a los lectores. Por fortuna, ese "error de dedo" no altera la validez de la afirmación de que es no comparable para Estados Unidos la importancia de un TLC con Colombia con el de uno con Omán.

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