Javier Fernández Riva

| 7/12/2002 12:00:00 AM

Metas de mentirijillas

Para que valga la pena seguir teniendo metas de crecimiento hay que hacer que las fije quien pueda defenderlas y a quien sea posible pedirle cuentas.

por Javier Fernandez Riva

Una de las mejores sugerencias que recibimos los colombianos para ese lastimoso Mundial que por fin terminó fue de Roberto Pombo, "ir por el que gane", aplaudir al vencedor sin amargarnos porque quedaran tendidos en el campo, sin llegar siquiera a los octavos de final, Argentina y Francia. Pienso si no sería mejor para mi úlcera adoptar la misma actitud respecto a la economía colombiana y no hacerme mala sangre con los fracasos. ¿Que íbamos a reducir la pobreza y retrocedimos tres lustros? Lástima, pero notemos que en China sí se redujo y que en compensación aquí tenemos uno de los Presidentes mejor vestidos del mundo. ¿Que íbamos a duplicar las exportaciones y cada vez exportamos menos? Sí, claro, pero notemos lo bien que van las coreanas.



Lo he intentado pero no funciona. Sigo deprimiéndome cada vez que Colombia pierde un partido económico y me fastidio cuando, encima, mete autogoles, como ese de congelar la inversión pública en medio de la recesión para "blindar" la economía. Me recuerda la genialidad de hace cuatro años, cuando la autoridad monetaria decidió "blindar" la economía con una denodada defensa de la banda cambiaria, que a la vuelta de un año quebró a todo el mundo.



En medio de mi "depre" por el país que queremos recibo la noticia de que el gobierno acaba de reducir diligentemente su "meta" de crecimiento, de 2,5%-3,0% a 1,5% para el 2002. Sé de sobra que ese 1,5% es tan chimbo como el 3% original, pero esa no es la razón para pensar que ya es hora de decir que Colombia debería exigir un poco más de respeto de sus funcionarios, que no sigan tomándole el pelo, sacándole la lengua y mostrándole el trasero a cada rato.



¿Qué es ese cuento de "metas" de crecimiento que cambian varias veces cada año, siempre para abajo? Una meta es algo a lo que se intenta llegar, y una medida del fracaso cuando no se logra. Pero este gobierno --y no es el primero-- dio en la flor de que, así no haga nada que valga, siempre logra quedar no demasiado lejos de su "meta", gracias al ingenioso artificio de irla recortando y encogiendo en la medida de su incompetencia.



La única meta económica seria que existe en Colombia es la que cada año fija el Banco de la República para la inflación máxima. Para este año es 6 y vale la pena preguntarse qué pasaría si mañana los precios dieran una gran sorpresa y la tasa subiera a 7%. ¿Alguien se imagina a la Junta del Banco de la República saliendo con que, qué pena, se ve forzada a elevar su meta de inflación? Claro que no. Cada comunicado del Banco subraya que, si no ahorca la economía subiendo las tasas de interés, es solo porque la Junta está segura de que la meta fijada se cumplirá. El Banco tiene instrumentos de sobra para garantizar que las desviaciones respecto a la meta sean mínimas. No es extraño, por tanto, que la meta de inflación sea la única que se cumple.



Pero no hay ninguna razón para que el crecimiento económico y el empleo, que afectan a la población en forma más directa que la inflación, sigan siendo metas de mentirijillas, anunciadas y revisadas periódicamente por payasos. El Banco de la República tiene en Colombia más instrumentos que los que están a la disposición de sus pares en otros países, pero solo tiene una meta real, la inflación, aunque "mire" (¡faltaba más!) el crecimiento y el empleo.



La teoría de la política económica establece que debe haber al menos tantos instrumentos como metas u objetivos, pero en Colombia el Banco de la República acapara los instrumentos y tiene la inflación como única meta real. O bien el Ejecutivo toma algunos de los instrumentos cedidos al Banco de la República o se cambia la cartilla del Banco para que incluya, al mismo nivel que la meta de la inflación y no a uno subordinado, metas de crecimiento y empleo, y que responda por ellas ante el país y el Congreso.
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