Javier Fernández Riva

| 8/23/2002 12:00:00 AM

Meditaciones sobre la vejez

El sistema pensional debe buscar garantizar una vejez decorosa y aumentar la confianza de los trabajadores en el futuro. No estoy seguro de que la propuesta oficial cumpla con eso.

por Javier Fernández Riva

Si, como nos está acostumbrando , el gobierno Uribe sigue cumpliendo lo prometido, cuando este número de la revista entre en circulación ya habrá presentado un proyecto de reforma pensional que hará tabla rasa con el que, a última hora, empujó en el Congreso el gobierno de Pastrana, que era un desastre.



Me gusta la decisión del gobierno de enfrentar los intereses creados en torno a la defensa de los regímenes especiales que obligan a la mayoría de los trabajadores colombianos a subsidiar las pensiones de unos pocos, desproporcionadas con lo que durante su vida laboral contribuyeron al fondo común sus beneficiarios y que, por esa razón son un abuso, así entre quienes las disfrutan estén muchos ex magistrados y padres de la patria que, con la ley de su lado, lograron encaramarse sobre los hombros de los nietos de los demás.



Pero en lo que se ha anunciado como anticipo del proyecto hay algo que me preocupa porque creo que, con las nuevas reglas de juego propuestas, dentro de dos o tres décadas este no será un país con una cobertura pensional civilizada, y donde los trabajadores reconozcan los beneficios del ahorro para la vejez, sino uno lleno de ancianos frustrados y en la miseria y donde el trabajador promedio considerará tan remota la perspectiva de disfrutar una pensión que hará todo lo que esté a su alcance para evadir la contribución.



Estoy pensando en las normas sobre la edad mínima para jubilarse, que se propone elevar a 60 años para las mujeres y 65 para los hombres, y sobre el número de semanas cotizadas, para el cual se menciona la cifra de 1.300 semanas, 25 años.



Sobre lo primero, es cierto que la "expectativa de vida" de los colombianos ha aumentado durante las últimas décadas, pero hasta donde sé la principal causa principal del aumento no fue que la gente se muera ahora mucho más vieja sino que disminuyó la mortalidad infantil. Me gustaría ver pruebas de que la expectativa de vida del adulto aumentó mucho en las últimas dos décadas. Si esa evidencia no existe se estarían usando las estadísticas para apoyar una falacia. Y sería muy tonto hacerlo puesto que, al fin y al cabo, lo que Colombia debe hacer es montar un sistema pensional justo y que mejore la seguridad real del colombiano promedio, no simplemente uno que genere superávit fiscal durante un tiempo y que pueda presentarse como justo hasta que llegue la hora de la verdad.



Pero aún más que el aumento de la edad mínima para la jubilación me preocupa la posibilidad de que se fije una exigencia de tiempo de cotización que no guarde relación con las posibilidades reales del trabajador promedio. Yo, que ya tengo mis años, no conozco muchos colombianos de mi generación, o anteriores, que hayan cotizado 25 años para pensiones. Y ojo que no estoy hablando de años trabajados sino de los años de cotización. Y tengo razones para creer que la mayoría de la población trabajadora colombiana dispone de menos información y tiene menos mecanismos de protección que las personas que conozco directamente.



El gobierno está actuando con responsabilidad al hacer una propuesta de reforma del sistema pensional que busca mejorar las condiciones de largo plazo para el acceso a las pensiones, y al aceptar incurrir en un costo político para desmontar privilegios inaceptables. No me gusta aparecer como poniéndole obstáculos a su propuesta. Pero, por complicado que ello sea, si deseamos mejorar de verdad la seguridad social de los colombianos y no, simplemente, cosechar un dividendo fiscal, tendremos que examinar, de nuevo, las opciones de reducir los beneficios pensionales garantizados, de elevar la cotización y de reorientar ciertos impuestos sobre la nómina para las pensiones, para evitar un aumento exagerado de la edad de jubilación o del mínimo tiempo de cotización.
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