Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    Medio ambiente 2013

    Si continúan los desaciertos de la cartera ambiental, habrá una pérdida irreparable de oportunidades para proteger valores ambientales críticos para el desarrollo.

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En el año 2013, cuando evaluemos el estado del ambiente nos lamentaremos, una vez más, del incremento del deterioro del patrimonio ecológico del país, así como de las pésimas condiciones de calidad ambiental en que estará viviendo un amplio número de colombianos. Será un lamento triste, compartido con todos los países de Latinoamérica que sufrirán fenómenos similares en sus territorios. Justamente, en el próximo decenio no estaremos en capacidad de detener las tendencias ambientales de Colombia de las últimas cinco décadas, caracterizadas por la desaparición y degradación de valiosos ecosistemas, el aumento de la erosión y contaminación de los suelos, y el incremento de la contaminación de las aguas y la atmósfera. Además, en el período, el ambiente de las ciudades estará marcado por la presencia de las urbanizaciones subnormales, uno de los problemas ambientales y sociales más agudos del país.

La anterior enumeración podría evocar la clásica retahíla fatalista de un verde despistado. Pero las causas de la situación que se augura, en esencia las mismas que generaron los procesos de deterioro en las décadas anteriores, no tienen posibilidad de ser eliminadas en los años que se avecinan. Entre ellas, sobresalen la existencia de algunos patrones de producción y consumo ambientalmente insostenibles, la guerra y los cultivos ilícitos, y la persistencia de la pobreza. Tomemos el último caso: si las políticas de reactivación de la economía y de erradicación de la pobreza llegaren a funcionar, eventualmente la proporción del número de pobres e indigentes sobre el total de la población podría disminuir, pero el escenario más optimista indica que su número absoluto declinaría muy poco en diez años. Traducido en términos ecológicos, implica la permanencia de fenómenos como el establecimiento de asentamientos humanos en lugares ambientalmente vulnerables, así como de procesos de colonización desordenada por parte de los pobres rurales en su lucha por la supervivencia, con la consecuente pérdida de valiosos ecosistemas boscosos.

Aunque parezca paradójico, en medio del anterior escenario de deterioro, en el año 2013 podríamos ver positivos logros puntuales en materia ambiental como resultado de las acciones realizadas por el Estado y las organizaciones de la sociedad civil. Entre ellos se destacan: la conservación de algunos ecosistemas estratégicos por su valor biológico y los servicios que prestan a la sociedad, por ejemplo, los incorporados como unidades del Sistema de Parques Nacionales, o ubicados en los resguardos indígenas; la reforestación de muchas de las cuencas hidrográficas abastecedoras de los acueductos municipales; la provisión de agua potable y saneamiento básico a sectores hoy carentes de estos servicios; el mejoramiento del desempeño ambiental de la industria y otros sectores de la economía; y el dinámico desarrollo de los denominados mercados verdes, como ecoturismo, agricultura orgánica y productos manufacturados con sello ecológico. Sin embargo, su posible alcance y profundidad estarían siendo limitados en materia grave por la actual administración del presidente Alvaro Uribe. En efecto, con sus políticas se están debilitando tanto las instituciones ambientales creadas en 1993 como los programas puestos en marcha por los últimos tres gobiernos, que han merecido un amplio reconocimiento internacional. Quizá la gran popularidad del Presidente y sus ocupaciones en materia de seguridad democrática estarían impidiendo al gobierno ver los desaciertos que se están cometiendo en la cartera ambiental que, de continuar, se traducirán en una pérdida irreparable de oportunidades para proteger valores ambientales críticos para el desarrollo de Colombia.
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