Opinión

  • | 1999/07/16 00:00

    Matemáticas = la clave

    En la sociedad del conocimiento y la informática, los números son fundamentales.

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Pobres matemáticas! Nadie se ocupa de ellas. Los candidatos presidenciales discutieron sobre bilingüismo, prometieron computadores en cada escuela y aseguraron que en cuatro años lograrían la cobertura total en educación básica. Nuestro Nobel, que al ofrecer su voto por el presidente Pastrana se comprometió a dedicar buena parte de sus energías a trabajar por la educación, jamás las ha mencionado. La sociedad civil no se moviliza en su favor y ningún Ministro de Educación las ha escogido como tarea prioritaria para el cuatrienio. Pobres. No debe ser así.



En 1996 aparecieron los resultados del "Third International Mathematics and Sciences Study", TIMSS, la mayor evaluación mundial de la historia, para medir el desempeño en matemáticas y ciencias de estudiantes de 13 años. Quedamos de 40 entre 41 países, y con puntajes muy distantes de los promedios, sólo superamos a Sudáfrica. Los asiáticos se llevaron todos los honores. Entonces hubo voces de preocupación, que no pasaron a mayores.



Estados Unidos tuvo un resultado mediocre y, consciente de sus deficiencias en áreas cruciales para su desarrollo, hizo del mejoramiento de la formación matemática de sus ciudadanos una prioridad nacional. Para lograrlo diseñó una estrategia integral, con objetivos de mediano y largo plazo, claros y medibles.



El hecho es que las matemáticas son esenciales para la vida de hoy. La sociedad de la información y el conocimiento tiene implícito un conocimiento básico de matemáticas. Para la gran mayoría de disciplinas, las matemáticas son parte indispensable de su lenguaje y para otras tantas, son herramientas imprescindibles para su desarrollo. Las matemáticas son la entrada para la construcción del espíritu científico y es difícil encontrar un científico o ingeniero a quien no le gusten las matemáticas desde niño.



El problema es precisamente ése: a diferencia de la economía, la administración, el derecho, la sicología o la ciencia política, con las matemáticas hay que empezar rápido, a temprana edad. Y para complicar las cosas, como todos sabemos, si no se arranca bien, las dificultades aumentan exponencialmente. Las vocaciones tardías son muy escasas.



Hace poco las notas editoriales de la revista del Banco de la República retomaban el estudio del TIMSS y planteaban la preocupación por la baja calidad de nuestro sistema educativo y, en particular, de la precaria situación de nuestras matemáticas. La inquietud es válida, pero los economistas no pueden hacer mucho más, o tal vez sí: convencer a algunos colegas influyentes de la necesidad de un programa nacional de matemáticas. El resto del problema nos corresponde a los matemáticos. En la próxima columna, les presentaré una propuesta.



El resto del problema nos corresponde a los matemáticos. La idea consiste entonces en construir un programa que movilice a la sociedad colombiana alrededor de las matemáticas, sin discriminar entre educación privada de élite y pública para los más pobres, con evaluaciones, formación de docentes, participación de jóvenes universitarios, apoyo internacional, etc. ¿La demostración? Esperen el próximo artículo...
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