Javier Fernández Riva

| 2/22/2002 12:00:00 AM

Más sobre la economía de la paz

Un avance efectivo hacia la paz durante el próximo gobierno probablemente exigirá una gran inversión pública, que no sería razonable financiar exclusivamente con impuestos.

por Javier Fernández Riva

La exasperación ciudadana con el aumento de la pobreza, la miseria y la inseguridad se palpa en el ambiente pero eso, por sí solo no nos aproxima a la solución. Si durante el próximo cuatrienio Colombia no logra armar una estrategia eficaz para recuperar el crecimiento, el empleo y la seguridad del ciudadano común, seguirá retrocediendo en la escala mundial hacia el grupo de países considerados "no viables" por la incompetencia de sus dirigentes.



No soy de los que creen que la paz pueda lograrse con avances limitados al frente social, sin hacer el esfuerzo requerido para confrontar a la subversión en el terreno militar hasta demostrarle que no puede aspirar al poder y que, como todo el mundo, tendrá que respetar las reglas de la democracia, abandonando las armas y conquistando, si puede, los votos. Pero tampoco creo que un esfuerzo militar pueda tener éxito si la economía sigue como hasta ahora, con un ingreso per cápita en franco retroceso, un desempleo espantoso y una población empobrecida y desilusionada.



Hay muchas cosas que deben y pueden hacerse en el campo civil, como complemento indispensable del esfuerzo militar. Lo que Peñalosa hizo en Bogotá, con obras públicas para mejorar el nivel de vida y recuperar la dignidad de las mayorías y su confianza en, al menos, una parte de la clase dirigente, es un buen ejemplo. Pero el requisito no militar más general para la paz es la recuperación del crecimiento, del empleo y, sobre todo, de la confianza de los jóvenes en poder alcanzar un nivel de vida decoroso mediante el trabajo honrado, dentro de las reglas de juego del sistema.



Es iluso pretender que en los próximos años, mientras se hace el esfuerzo para aumentar la capacidad militar hasta poder dominar a todos los grupos armados ilegales, y al mismo tiempo se eleva la inversión social como componente indispensable del esfuerzo de paz, será posible reducir el gasto público. Una parte del aumento del gasto tendrá que financiarse con más impuestos, pero esa vía tiene obvias limitaciones. Un intento de financiar la totalidad de la inversión para la paz exclusivamente con impuestos inmediatos, sin diferir parte del costo en el futuro complicaría la situación fiscal vía las transferencias obligatorias, propiciaría más evasión y fugas de capitales, y acabaría fracasando al deprimir la demanda efectiva, como ocurrió en los últimos años.



Insisto: no sería buena economía intentar financiar la totalidad de la inversión para la paz con ingresos tributarios corrientes. Si alguna vez hubo una justificación para elevar la deuda pública es ahora, con la condición de que ello se haga, en seguimiento del mandato que parecen próximos a otorgar los votantes, exclusivamente para lograr la paz, y que se tenga éxito en ese empeño.



Coincido con varios de mis colegas sobre lo absurdo que sería insistir en la contracción del gasto público en la actual coyuntura recesiva, y más ahora cuando el país se juega su supervivencia frente a todos los grupos subversivos. Pero no creo que se justifique proponer el uso de más crédito externo. Aparte de algún equipo militar sofisticado, que no se produce en el país, y para cuya adquisición ya se cuenta con los recursos del Plan Colombia, la mayoría de los recursos necesarios para aumentar la capacidad militar y la inversión social son locales, comenzando por el trabajo de los nacionales. Para canalizar esos recursos, muchos de los cuales hoy están desempleados, es innecesario usar la vía retorcida de contratar costosos préstamos externos y seguir aumentando la deuda externa del país, pues tales créditos no se usarían para financiar importaciones, que es para lo único que son indispensables los dólares, sino que serían monetizados para obtener pesos.



Ojalá me equivoque pero, teniendo en cuenta los mecanismos de decisión de la política económica, creo que, con independencia del resultado de las próximas elecciones presidenciales, hay buenas razones para dudar que el país pueda financiar durante los próximos años la inversión requerida para ganar la paz. Y creo que las FARC cuentan con eso.





con el aumento de la pobreza, la miseria y la inseguridad se palpa en el ambiente pero eso, por sí solo no nos aproxima a la solución. Si durante el próximo cuatrienio Colombia no logra armar una estrategia eficaz para recuperar el crecimiento, el empleo y la seguridad del ciudadano común, seguirá retrocediendo en la escala mundial hacia el grupo de países considerados "no viables" por la incompetencia de sus dirigentes.



No soy de los que creen que la paz pueda lograrse con avances limitados al frente social, sin hacer el esfuerzo requerido para confrontar a la subversión en el terreno militar hasta demostrarle que no puede aspirar al poder y que, como todo el mundo, tendrá que respetar las reglas de la democracia, abandonando las armas y conquistando, si puede, los votos. Pero tampoco creo que un esfuerzo militar pueda tener éxito si la economía sigue como hasta ahora, con un ingreso per cápita en franco retroceso, un desempleo espantoso y una población empobrecida y desilusionada.



Hay muchas cosas que deben y pueden hacerse en el campo civil, como complemento indispensable del esfuerzo militar. Lo que Peñalosa hizo en Bogotá, con obras públicas para mejorar el nivel de vida y recuperar la dignidad de las mayorías y su confianza en, al menos, una parte de la clase dirigente, es un buen ejemplo. Pero el requisito no militar más general para la paz es la recuperación del crecimiento, del empleo y, sobre todo, de la confianza de los jóvenes en poder alcanzar un nivel de vida decoroso mediante el trabajo honrado, dentro de las reglas de juego del sistema.



Es iluso pretender que en los próximos años, mientras se hace el esfuerzo para aumentar la capacidad militar hasta poder dominar a todos los grupos armados ilegales, y al mismo tiempo se eleva la inversión social como componente indispensable del esfuerzo de paz, será posible reducir el gasto público. Una parte del aumento del gasto tendrá que financiarse con más impuestos, pero esa vía tiene obvias limitaciones. Un intento de financiar la totalidad de la inversión para la paz exclusivamente con impuestos inmediatos, sin diferir parte del costo en el futuro complicaría la situación fiscal vía las transferencias obligatorias, propiciaría más evasión y fugas de capitales, y acabaría fracasando al deprimir la demanda efectiva, como ocurrió en los últimos años.



Insisto: no sería buena economía intentar financiar la totalidad de la inversión para la paz con ingresos tributarios corrientes. Si alguna vez hubo una justificación para elevar la deuda pública es ahora, con la condición de que ello se haga, en seguimiento del mandato que parecen próximos a otorgar los votantes, exclusivamente para lograr la paz, y que se tenga éxito en ese empeño.



Coincido con varios de mis colegas sobre lo absurdo que sería insistir en la contracción del gasto público en la actual coyuntura recesiva, y más ahora cuando el país se juega su supervivencia frente a todos los grupos subversivos. Pero no creo que se justifique proponer el uso de más crédito externo. Aparte de algún equipo militar sofisticado, que no se produce en el país, y para cuya adquisición ya se cuenta con los recursos del Plan Colombia, la mayoría de los recursos necesarios para aumentar la capacidad militar y la inversión social son locales, comenzando por el trabajo de los nacionales. Para canalizar esos recursos, muchos de los cuales hoy están desempleados, es innecesario usar la vía retorcida de contratar costosos préstamos externos y seguir aumentando la deuda externa del país, pues tales créditos no se usarían para financiar importaciones, que es para lo único que son indispensables los dólares, sino que serían monetizados para obtener pesos.



Ojalá me equivoque pero, teniendo en cuenta los mecanismos de decisión de la política económica, creo que, con independencia del resultado de las próximas elecciones presidenciales, hay buenas razones para dudar que el país pueda financiar durante los próximos años la inversión requerida para ganar la paz. Y creo que las FARC cuentan con eso.
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