Opinión

  • | 2003/10/31 00:00

    Más sobre la dolarización ecuatoriana

    El abandono de la dolarización ecuatoriana sería una desgracia, pero puede ocurrir si el país es incapaz de retener suficientes dólares a un costo aceptable.

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Hace unos números traté aquí la posibilidad de que Ecuador tuviera que abandonar la dolarización y amenacé volver sobre el tema. Voy a hacerlo ahora, aunque me muero de ganas de comentar el fracaso del Referendo, porque creo que sobre el último tema será más útil hablar una vez se conozca el Plan B del gobierno.

Muchos ecuatorianos que en los últimos tres años disfrutaron la dolarización se asombran de que alguien pueda considerar, siquiera, el fin de ese sistema. "¿Está usted loco? Claro que Ecuador tiene terribles problemas de deuda externa y que, como todos los países emergentes, sufre de corrupción e incompetencia estatal. Pero dígame ¿cuál de esos problemas se resolvería abandonando la dolarización?".

Esa reacción me recuerda la de la esposa del alto ejecutivo bancario que hace poco se arruinó en la bolsa y ahora acaba de perder su trabajo, cuando el tipo le menciona la necesidad de vender su lujoso apartamento en Rosales y pasarse a uno mucho más modesto. "Por amor de Dios, Pacho, ¿cómo puedes considerar esa barbaridad? ¿Es que acaso mudarnos a un apartamento barato va a curar tu úlcera, enderezar a Alvarito o volver más inteligente a Marujita?

La condición más general para la permanencia de la dolarización es que el país, que no puede emitir dólares, pueda mantener un monto de divisas suficiente sin tener que "defender" ese monto pagando tasas de interés de usura. En la práctica, cuando el país tiene un déficit corriente en su balanza de pagos, se requiere que ese déficit sea financiado con un superávit de capitales que fluya en condiciones normales, no en respuesta a tasas de usura. Si el país tuviera que pagar por esa financiación tasas de interés muy altas acabaría desangrándose.

En los últimos 12 meses Ecuador tuvo un déficit en su cuenta corriente de US$803 millones. Eso es casi la mitad del déficit corriente colombiano, pero ocurre que Colombia tiene cuatro veces el tamaño económico de Ecuador y disfruta de acceso al mercado internacional de capitales. La principal causa del déficit corriente ecuatoriano es un enorme pago neto de "rentas" al resto del mundo (intereses y dividendos) por US$1.452 millones, una suma que, guardadas proporciones, sería aplastante para Colombia.

En el pasado, Ecuador pudo financiar su déficit sin tener que pagar tasas de interés de usura ("solo" 13%-14% en dólares, para los créditos corporativos) gracias a un enorme flujo de inversión extranjera, precisamente para la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados. Y en los próximos años espera poder seguir obteniendo grandes flujos de inversión directa para los desarrollos petroleros. Para ello hace poco el presidente Gutiérrez modificó las normas relacionadas con las regalías en contratos de explotación de hidrocarburos, tratando de obviar su lenta y complicada discusión en el Congreso.

Teniendo en cuenta la gran salida de divisas por pagos de rentas al extranjero, si la respuesta de los inversionistas a las nuevas condiciones queda por debajo de las expectativas oficiales Ecuador se verá abocado, para evitar un drenaje de sus reservas y una contracción de pesadilla en sus medios de pago, a volver a negociar su deuda externa, que ya ha caído dos veces en default en las últimas dos décadas. Si no lo hace, o tarda en hacerlo hasta haber perdido demasiados recursos, al final de cuentas Ecuador tendrá que abandonar el lujo de la dolarización y "mudarse" a una moneda más manejable, así ello haga empeorar la úlcera del pobre Pacho.
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